Costumbres, tradición, gastronomía, trabajos rurales, vida vaqueira, saber popular

las cabanas de Porciles
Antón, tizando pa las sopas
al aterdecer en la braña.

ZUREA

1. El pueblu.

Lugar y parroquia de Lena, en el valle del Güerna, al término de la carretera que se desvía en Sotiecho y termina en Vache. Dista 9,8 kms. de la capital municipal, y se sitúa a unos 630 m. de altitud. Su población es de 219 habitantes según el censo. Nunca Zureda, entre los lugareños nativos.

Zurea (nunca Zureda entre los nativos) es también uno de los pueblos mayores del concejo, que mantiene un cierto nivel de poblamiento frente al éxodo de otros. Los nombres del poblado recuerdan, una vez más, sus funciones de antaño: Fondesdevicha, El Truíbanu, Entelacasona, Entelailesia, El Fuixu, La Caleya, El Tapial, El Campanal, L'Empruno, La Vecera, Trescasa...

Pero el poblamiento remoto de Zurea ha de ser antiguo, prerromano, por supuesto. El lenguaje toponímico ofrece pocas dudas: El Curutsu, Las Corotsas, El Questru las Coronas, El Castiitsu, Cuerras, Valdelamuria... Por ejemplo, en El Castiitsu sobre Las Coronas, siempre hubo murias de cabanas circulares; y en el mismo alto de Las Coronas, cercos de piedra, muros derruidos, cimientos de corros...; todos ellos, estructuras de poblamientos prerromanos.

No por casualidad, en Valdelamuria, sobre Zurea mismo, hay arraigada tradición de vivienda, hoy cuadras: se dice que allí vivió la señora que donó El Xitu al pueblu en régimen comuñeru.

Hasta se conserva alguna leyenda, como La Mora del Castillo, con su figura tallada en piedra y todo. Resulta que una mora se había escapado de un castillo y quedó inmortalizada en piedra: una figura femenina, la cabecina de un ninu, y los brazos de la madre que lo sostienen. Estaban grabados en la roca de Piedra Garcica, lugar valles abajo del Castiitsu -cuenta la leyenda, ya un poco desdibujada en la memoria de los mayores-.

Pues en el origen de la leyenda, como en casi todas, casi siempre hay un núcleo de verdad: en este caso, remotos poblamientos establecidos en los altos, que poco a poco fueron descendiendo hasta el emplazamiento actual de Zurea, una vez que fueron cultivando los mejores rellanos a media ladera de la montaña; incluso, antes de descender al fondo de los valles sobre los ríos.

Todo ese territorio más amplio, habitado por pequeños núcleos primitivos dispersos por los altos, quedaría confirmado por varios topónimos semejantes a Zurea. La prueba está en que por encima del pueblu, en los altos más boscosos de Cibietso y El Capetsán, se llama L'Azorea (sólo una variante fónica). Y poco más al sur, sobre el valle de Las Cangas, ya limítrofe con Xomezana, están Las Zoreas.

Es decir, un par de valles contiguos con la misma referencia a los azores (aves de caza en la cetrería medieval), que llevaron un mismo nombre genérico al principio, pero que luego se limitó al núcelo de asentamiento definitivo de los pobladores: el casco urbano de Zurea como pueblo actual. (Ver también el pueblu de Vatse, con otra interesante leyenda para confirmar los supuestos).

Los mejores espacios, siempre para los cultivos: Valdesquilos, El Xitu, El Sangraal, El Breu... Los menos malos, para las casas y las cuadras: buscando siempre el sol, la luz, el agua..., pero en lugares más pedregosos, en pendiente incluso...; siempre dejando lo mejor para sembrar el pan, las fabas, las berzas, los arveyos... Una sabia inteligencia lugareña a la hora de seleccionar, posicionar, distribuir espacios para combinar casas, sembrados, cuadras de animales...

2. Un poblado organizado entre las fértiles tierras del Xitu y Valdesquilos.

EL poblado de Zurea (tal vez lat. accipiter, a través de *azoreta, 'lugar de 'azores'), está rodeado de nombres y leyendas anteriores al término actual: El Curuchu, Cuerras, Las Corochas, Valdelamuria....


El ferre, siempre al acecho
de algún pitu, ratón, culiebra despistáu...

Sobre ellos destaca El Questru las Coronas (entre el valle de Las Cangas y los altos de Cochaxinxa y Piedra Muñón): picacho saliente en la prolongada cadena de cantos y lomas que forman todo el cordal del Castiichu hacia los altos de Cuitutsobos y Piedramuñón. Se conservan varias corras semiderruidas tras el cantizal rocoso, y un muro en ruinas que rodea el picacho por su cara noroeste.

3. La costumbre solidaria del Xitu: las parcelas rotativas

En el Xitu conservan los vecinos una de las costumbres verdaderamente solidarias de tiempos remotos: el sorteo de las parcelas que se hacía en sus tiempos. El Xitu era el espacio dedicado a la escanda en la proximidad del pueblo: del latín exitum (la salida, en las afueras; el éxito, en castellano, la salida buena, prestigiosa); hay Xitu, Xitos…, por toda la toponimia asturiana; y son los mismos Ejidos castellanos (los sembrados del cereal, el pan, la alimentación diaria asegurada).

Los sembrados alternaban igualmente por acuerdo vecinal: un año, todos sembraban escanda; al siguiente, todos cambiaban a patatas; de esta forma la tierra se reponía y la calidad de los productos mejoraba también.

De la escanda dan cuenta varios molinos en Zurea y Vatse, sobre el cauce del río Ruteso: El Molín del Berrio, Molín de Alfredo: abaxo, que funciona hoy; El Molín de Rodrigo, un poco más arriba, bajo el pueblu también; ya m´ças arriba, El Molín de Salomé. Y en Vatse: El Molín del Palacio, El Molín del Pereo...

Una sabia repartición de las cosechas, prerromana ya

Con el objetivo de que las zonas mejores y peores del conjunto no recayeran siempre sobre los mismos agraciados (o menos afortunados, según la calidad del suelo), las parcelas se hacían rotatorias: cada cuatro años se cambiaban de llevador (usufructuario), de modo que unos quedaban mejorados por ese tiempo, y otros tenían que conformarse con otra parcela que fuera menos abundante en el producto.

Las parcelas que no se cultivaran se arrendaban a otras familias, y el dinero se destinaba al bien común del pueblo, por acuerdos en la esquisa vecinal. Un ejemplo de distribución de suelos y productos comunales tiempo atrás.

La solidaria costumbre pudiera remontarse a la cultura celta de los vacceos, que Juan Menéndez Pidal (1887, Asturias de Canella, 2, p. 297), hablando de las tierras lenenses, explica con palabras de Diodoro de Sicilia: “los vacceos anualmente se repartían los campos, y reuniendo los frutos de todos daban después a cada cual  la porción que les correspondía”. Y hablando de las morteras lenenses, dice también J. M. Pidal que los vecinos: “dividen en suertes la dehesa y adjudican, por aquel año, su parte a cada uno”.

Las rifas de las suertes, los sorteos programados

Fernando Inclán (2011, ver Bibliografía de la páxina) estudia también el colectivismo agrario en Asturias que relaciona con la cultura germánica (los francos) y resume así para el caso de Cordoveiru (Pravia):

En algunos pueblos sobrevive la costumbre de repartir las suertes de una llosa entre los vecinos nativos del pueblo. El sorteo se hace cada cuatro años, el primer domingo de octubre tras la misa, pero sólo pueden tener faza (parcela), los residentes en el pueblo, casados y fíos legítimos del matrimonio, con uno de los padres al menos nacidos en el pueblo. En otros pueblos, el sorteo es cada diez años.

En este régimen de comuña, el derecho de vecindad pertenece a la casa y al matrimonio, de forma que para acceder al uso de un terreno en comuña, no basta estar empadronado, sino que hay que tener un antecedente nativo en el lugar.

En definitiva, se trataba de que a todos los vecinos tocaran los frutos por igual (los buenos y los menos buenos); y a todos les correspondiera una suerte (parcela) que rotara cada cierto tiempo, para así poder disfrutar de la calidad de todas las parcelas algún año.


(foto prestada por Juaninacio el de Zurea)

4. La parroquia

La parroquia de San Miguel de Zurea comprende los pueblos de Vache y Zurea. Celebra La Fiestona la última semana de setiembre, con una larga tradición de escanda y vacas roxas, al modo de tantos otros poblados lenenses. En los últimos años algunas casas se vienen renovando para el llamado turismo rural, como ya venía haciendo el vecino pueblo de Vache y otros del conceyu Lena.

5. El contorno.

Y muchos parajes vistosos y productivos, por los altos de Zurea y Vache, con sus caserías, cabanas, cuadras y pareones en piedra, hayedos, acebales, manantiales, peñas calizas (caliares), mayaos, buenas fincas: es el caso de Tardabeyas, L'Abeneite, Porciles, Piedrafita, Cochéu l'Oro, Cochá Potrera, El Foyascusu, Porfelechoso, Furdalanos, Los Cochazos, La Pena Chago, Champaza, Piedra Muñón, El Chinariigu, El Xitu, El Breu, Cochaxinxa, El Sangraal, Cuerrias, Ranero, Las Cangas...


(foto de Juan Ignacio)

O los buenos puertos del verano, como Güeria, Tseturbio, La Sapera, Manín..,. animados hasta estos mismos días por vaqueros tan expertos y hospitalarios en aquellos altos (tantas veces entre la nublina ciega), como Juanín el de Silveria, Lisardo, Belio, Daniel, Dorín, Juaninacio...

6. Y otras costumbres etnográficas en cada tiempo

Muchos detalles recuerdan las muyeres y homes de Zurea como documento oral en cada contexto de siglo en siglo (Severina, Marina, Juaninacio, Tonín..., nos contaban estos días en tertulia vespertina tan amena...). Por ejemplo, la costumbre de hablar a voces desde una ladera a otra, desde un picu a otru, desde una tierra a otra que estuviera más o menos en frente, o en linia recta.

Y se hablaban con varios objetivos y ocasiones: darse noticias, pedir ayudas para faenas concretas por las tierras o los praos; solicitar una atención urgente (enfermedad, accidente, desgracia...); comunicar un fallecimiento, un nacimiento... Y hasta para insultarse más o menos en serio o en broma: pero hasta se insultaban -nos dicen estas muyeres con gracia-, aprovechando que estaban lejos unos de otros o de otras, y no iban a llegar a las uñas de momento... La cosa tiene su chispa también..

En una zona de montaña como Zurea, tampoco faltan anécdotas y peripecias con las nieves invernales. Destacan los vecinos algunas como en la famosa Nevaona del 1888, de la que queda una copla a modo de reumen:

"El día del señor San Marcos [25 de abril],
en La Cruz de los Horros [medio'l pueblu],
de nieve había siete palmos;
y, no contentu con eso,
seguía nevando "

7. En resumen, un primer asentamiento en la vertiente de La Pena Tsago, destruido por la valancha -que dice la leyenda- y que habría originado los dos pueblos: Zurea y Vatse, uno a cada lado del río Ruteso

En fin, como se dirá para Vatse, a juzgar por los topónimos, el nombre de Zurea habría descrito todo ese conjunto boscoso con un mismo nombre cinegético -los azores, los ferres-, mucho antes de las divisiones y subdivisiones para cada espacio reducido, utilizados por los lugareños con los siglos. Uno nombre luego reducido a un pueblo: el de Zurea hoy.

Por tanto, lo que sería destruido por la valancha de la leyenda sería un remoto y primitivo asentamiento montaraz de Zurea, en la parte más soleada de esta ladera bajo las peñas (margen izquierda del río Ruteso). Un poblamiento que daría lugar a los dos pueblos futuros: Zurea y Vatse.

Se trataría, tal vez, de la zona concreta de La Viña, sobre El Breu, hacia el este de Vatse, donde se reconstruirían otras casas, tal vez, dando lugar también a un pueblu paralelu; luego, el pueblu mayor, Zurea, se reconstruiría ya en la margen derecha del río, donde hoy. Quedan en esta zona topónimos alusivos a la vivienda, al cultivo, a la naturaleza del suelo, al ganado: El Corraón, La Caseta, El Casitu, La Perezosa, La Peregrina, Sansabornín, Cuaflor, Cualascabras, El Tsaracal... Y semejantes.

 


(foto prestada por Juaninacio el de Zurea)

Para más información, ver
Diccionario Geográfico de Asturias.
Ciudades, villas y pueblos.

Editorial Prensa Asturiana.
Colaboración de Julio Concepción Suárez

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