
El Pozu las Muyeres Muertas:
leyendas de vaqueros
y vaqueras por los puertos.
(La etimología popular)
Extracto del artículo publicado en
Diccionario toponímico de la montaña
asturiana.
Ed. KRK. Oviedo. 2001
Julio Concepción Suárez.
Entre
las muchas leyendas vaqueras, destaca en toponmia asturiana la que dio nombre
al Pozu las Muyeres Muertas: alto divisorio de Allande y Cangas de Narcea.
A pesar de la facilidad que inclina a pensar en unas "mujeres muertas"
como referencia del topónimo, ha de tratarse de un caso más
de la imaginación popular: simples piedras mutsares (‘blandas’),
transformadas por la voz oral.
El Pozu las Muyeres Muertas es la excavación antigua en el alto divisorio
de Allande y Cangas del Narcea, sobre La Braña del Candal y Fonteta.
El Pozu, situado en un alto de la Sierra de Valledor, tiene abundantes vestigios
romanos: canales para la recogida de aguas, canalones para las explotaciones
por erosión del suelo, etc., en parte destruidos por las obras de la
carretera actual.
Sobrevive parte
del pozo mayor cortado por el asfalto (izquierda subiendo desde Allande).
Quedan topónimos como Las Cárcavas: zanjas por las que se dice
llevaban el agua para el trabajo del oro.
Una arraigada leyenda da su versión inmemorial del
topónimo. Los lugareños de los pueblos altos de Allande tienen
su interpretación para las muyeres y para el pozu: cuenta la voz oral
que unas vaqueras de Luarca habían regresado por el invierno en busca
de unas mantas y otros aperos que habían olvidado en las cabañas
por el otoño.
Y varios detalles urden la trama. Una fuerte ventisca de nieve —continúa
la voz popular— sorprendió a las muyeres en los altos
del Candal, por lo que se resguardaron en el pozu. Las tormentas arreciaron
por muchos días, de modo que allí quedaron muertas hasta que
las encontraron en primavera, envueltas en sus mantas.
La creación
popular tiene también en este caso el ingenio de la trama en relación
con las costumbres vaqueras continuadas hasta hoy entre las zonas marinas
y los altos de alzada, ya en las brañas veraniegas.
La motivación imaginada tiene su razón de
ser: si, durante gran parte del año, el pozo de explotación
romana aparece entre tanta piedra blanquecina y blanda, se le denominaría,
en su conjunto, zona de ‘tierras’ mutsadas, mutsares (tradición
de minas de oro, tesoros…).
Y si además el pozo queda lleno de ‘aguas estancadas’,
se le añadió el adjetivo muertas; también son aguas en
litigio, pues no vierten con claridad por ninguna de las dos laderas. De la
combinación y de las mutsares se derivó a mutseres,
y de ahí a las supuestas muyeres muertas. Incluso en el error,
sirva el valor de la trama literaria y la creatividad popular.
El proceso de creación
toponímica fue sencillo. Una confusión fónica, por tanto,
entre muyer, mucher (‘mujer’), y mutsar (‘tipo de piedra blanda’): sabido es que son realizaciones con
orígenes distintos, fundidas por los propios lugareños.
Así
se llagaría a muyer desde Mutser, Mutseirina, Mutseiroso…,
en otros parajes. Lo de muertas puede referirse a las aguas de la
pequeña laguna en la cima, hoy semioculta bajo el asfalto.
O a su condición de aguas indecisas (muertas, en tierra
de nadie) entre las vertientes de dos conceyos vecinos: las aguas vertientes
siempre fueron motivo de disputa en las cumbres, por los pastos que decidían
al filo de la raya cimera hacia una u otra ladera.
Muchos topónimos justifican su referencia al tipo
o condiciones del suelo. La Pena las Mutseres Muertas (sobre Aciera de Quirós).
La Mutseirina (en el alto de La Pena Gradura). La Fonte las Mutseres: fuente
en Allande (tierras mutsares, ‘blandas’). La Cuendia la Mucher:
paso en roca por El Camín Real de La Mesa entre Braña la Mesa
y La Madalena.
O La Fonte las Muyeres: manantial en el camino de La Puela Allande al Alto’l
Palo, zona de piedra mutsar; fuente abundante en pleno verano. A Fonte las
Muyeres: lugar húmedo sobre El Rebotso (Allande también). La
Riega la Muyer Muerta: arroyo bajo El Mirador del Fitu, hacia Ribadesella.
El Fusu la
Muyer: en Ponga, junto a Nariz del Mal Home. El Monte las Muyeres: jayéu
mayor sobre La Canal de Culiembro y El Cares, por el valle a Ostón
(Macizo Occidental de Picos de Europa). Y tantos otros como La Molleda, La
Mollera, Molleo, Molexón (Vegadéu)...
La filiación etimológica, en consecuencia, nada ha de tener
que ver con muyeres en este caso. Lo más probable es que no se trate
de muyer alguna, sino de la voz latina mollis (‘flexible, blando’),
aplicada al tipo de suelos, naturaleza de las piedras. Adjetivo mortas: ‘estancadas, indecisas’, disputadas por las partes en litigio.
En algunos
casos puede haber duda: suelos blandos, húmedos, también. Pero
en otros, la referencia al a piedra es evidente, como en El Penéu Motsar:
peñón con abundante piedra suelta debajo, en los altos de La
Braña Campel y El Rebotso (Allande).
En fin, la riqueza imaginativa de la creatividad popular, la sana curiosidad, en tiempos florecientes de vaqueras y vaqueros: la importancia de la etimología popular, la interpretación a su modo que hacen los lugareños de su propio entorno. La transformación de las piedras blandas (mutsares) en mujeres. El valor permanente de los topónimos, aun reinterpretados de tiempo en tiempo.
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