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Los últimos druidas:
hartura

(IV)
Serie de artículos
que el autor publica todas las semanas
en el diario de LA NUEVA ESPAÑA

por Celso Peyroux

Uno empieza a estar harto de tanta crispación; de tanta intolerancia; de tanta mentira; de tanta acusación; de tanta frivolidad; de aire tan insano y viciado. Nuestros políticos no están a la altura de la sociedad en que vivimos. Lo decía un personaje rural -a la vieja usanza del señor Cayo cuando unos y otros se disputaban su voto allá en tierras castellanas, en una novela de la Asturias profunda "Hasta que en el cielo toquen las aves-: "...es una estirpe a extinguir..."

Pero, ¿y luego? ¿Qué otra forma de convivencia nos queda para no rompernos la nariz a palo limpio (siglo de querellas, inquinas y maldades aquel del XX; el presente no será distinto) y quebrarnos el alma?¿Cual sería la nueva fórmula de gestión? Porque ya se sabe: unos y otros, éstos y aquéllos  buscan  el  poder   que   es    labor    de todo político -europeo, nacional, regional, local o mancomunado- y luego a mantenerse a toda costa: imagen, foto, buenas palabras y las inauguraciones en los meses que preceden al día "H" señalado para las elecciones.

Mientras tanto, acoso y derribo por parte de la oposición en un intento de poner a quienes gobiernan bajo las patas de los caballos a cualquier precio. Y es que al amparo de una democracia y una Carta Magna- en política no vale o no debería valer todo con tal de pisar al contrario; de derribarle de su montura. Los verdaderos caballeros sobre corceles luchaban con nobleza.

Acudimos en estos tiempos al mayor y más bochornoso espectáculo del mundo, un día si y otro también, con las perlas mejor cultivadas por nuestros políticos recogidas en nuestras hemerotecas. Frases donde la palabra mancillada alcanza el valor más ruin. ¿Dónde la palabra de nuestros abuelos como escritura ante un notario? ¿Qué fue de la palabra limpia, firme, prudente, tolerante, llana, veraz...? "...

Y por el poder de una palabra -escribe el poeta- mi vida empieza de nuevo..." Ahora, "...ladran luego cabalgamos..." Ahora palabras necias llenas de acusaciones e improperios. Ahora a palabras necias oídos sordos o por pasiva ante oídos necios palabras sórdidas. "Manca finezza e vergogna". En román paladino: falta finura y vergüenza (y respeto). "Vulnerant omnes, ultima necat". (Todas -las palabras- hieren, la última mata).

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