Costumbres, tradición, gastronomía, trabajos rurales, vida vaqueira, saber popular

tetrasquel:

Los últimos druidas
(12)
Serie de artículos
que el autor publica en el diario de
LA NUEVA ESPAÑA

VALLES DEL
OSO

Celso Peyroux

Se empeñaron en llamarles a nuestro Valles del Trubia, los “Valles del oso”, como destino turístico. Lo consiguieron y ahora para nada. Ya lo saben, una mancomunidad –la primera puesta en marcha por el Principado de Asturias, que gobernaba Pedro de Silva- se va al garete si en estos días no se ponen de acuerdo los concejos que la integran. Santo Adriano, Proaza y Teverga, porque Quirós –los nobles, buenos y aguerridos hijos de los Bernardo- ya se habían retirado.

Habia sido un bello colectivo lleno de ilusiones para agilizar los servicios primarios y aunar culturas de los hermosos solares que van, desde Peña Escalera hasta los confines de La Ferreirua y Los Huertos del Diablo. Seguro que fue algún demonio quien lo echó todo a perder.

¡Mira que con lo que la gente sabe ahora de economía, máquinas que calculan y hacen proyectos, jóvenes preparados en todas las disciplinas y perder este singular y antiguo tren que desde Trubia subía hasta Entrago y Santa Marina, es como para poner a algunos políticos a machacar terrones con una fesoria o a desbrozar la “Senda del oso” que buena falta le hace!

La Señora de Campiello

Celso Peyroux

No hay tiempos de crisis para el vecindario de Campiello, bello núcleo rural enclavado en el histórico, legendario y laborioso valle de Santo Joanis, Santianes, San Juan, en las tierras teverganas donde me nacieron. Aquí -entre el olor de sus pastizales y el recuerdo en negro de sus minas- hay un pueblo solidario y emprendedor que rescata su pasado, vive alegre su presente y busca lo mejor para el devenir de la gente menuda.

Desde la noche de los tiempos -“dende magar m’alcuerdu”- siempre fue venerada la Santa Señora. Durante un incendio, hace muchos años, alguien vio volar el fuego de un lado a otro al implorar a la Virgen para que sus posesiones no fueran pasto de un fuego voraz. Este cronista así lo escribió y doy fe de ello. “Quod scripsit scripsit”. Nunca fallaron sus fiestas por estos días con lluvia o calor. Nunca. Son las mejores. Los Chema Iglesias, Juanjo Zapico, los Varisto y sus hermanos, los Calzón y familia, los Zarracina, Teresa –que lleva consigo las Bellas Artes-… y tantos otros y otras hacen de este vetusto solar todo un modelo de paz y concocordia. ¡Felices fiestas!  

***
Sobia y el Aramo

Celso Peyroux

Fueron creciendo como hermanas desde la noche de los tiempos. Dos bellas moles calizas que solo el viento, la lluvia y la nieve supieron moldear sus cumbres y sus laderas. A sus pies tres hermosos valles donde se fueron asentando los vecinos de Morcín, Riosa, las tierras de los Bernardo de Quirós y Teutbriga, es decir Teverga. Pueblos y aldeas llenos de tristezas y alegrías como la vida misma.

¡Cuántos secretos no guardarán sus breñas y cuántos eventos no habrán visto sus piedras para llevarlos consigo hasta que el mundo deje de alumbrarlo el sol y de todo se ampare un día el yunque del silencio y las tinieblas!

Pero, mientras esto ocurre, hombres y mujeres seguirán celebrando que la luz se hace cada mañana y que tenemos que vivir unos y otros en Paz y convivencia. Así, el próximo domingo las buenas gentes de Morcín y Teverga se hermanarán teniendo a la Virgen de la Probe por testigo. Será una bella fiesta y en las cimas de Sobia y del Aramo bailará el ganado y las últimas flores del verano exhalarán sus más odorantes perfumes. Se van las golondrinas. El invierno se acerca. Carpe diem.

***

Gente de casa

Celso Peyroux

Me preocupan, desde hace tiempo, las relaciones humanas. Son cada vez más frías. Lejanas. Mezquinas. Asoma muy pronto en un encuentro casual la inquina con miradas aviesas,  córneas torturadas, mentiras y la manera de disfrutar de algunos viendo el mal de los otros. En estos tiempos se frotan las manos los cretinos y pobres de alma haciendo alarde de sus mediocridades y criticando de manera visceral las pequeñas grandes cosas de quienes se ocupan por los demás.

En estos días han sido galardonados gente de casa por sus diferentes compromisos, pero sobre todo por su generosidad: El Padre Ángel -Haití, mon amour-, Tomás Casado -compromiso empresarial-,  Emilio Serrano -Asturias en el corazón-… En Valdescorriel de Zamora lo fueron también Alfredo Canteli -estirpe tevergana- y el gran periodista y amigo Luis José Ávila. Una loa es la motivación y premio a quienes se desviven por nosotros. ¡Qué grata es la palmada cálida y la palabra sencilla y sincera para seguir adelante a pesar de las zarzamoras que invaden el camino! Elogios, no en el horizonte, si no mirando a los ojos.

Ahora sí,
los postreros

Celso Peyroux

Estos tres meses conviviendo con las gentes de la comarca de manera intensa: recogida escasa de la hierba; visita a las brañas con la malditas alambradas de los campos de concentración que separan a Teverga, Somiedo y Babia; ferias menguadas en vendedores y tratantes; fiestas y romerías, óbitos, sepelios, el turno de espera en los dispensarios médicos hablando de las “goteras” y del remedio de “chapa y pintura”; algún nacimiento que otro, los entretenidos filandones vespertinos de los vecinos de San Salvador de Alesga, que nunca faltan a la cita; las burbujas del cava, venidas a menos, con el galardón de “Pueblo ejemplar” que hemos pasado con afecto a la comunidad de Boal; los ciervos que berrean menos porque disminuyen, los lobos que aumentan, un puñado de escolares que vuelven a sus pupitres, las zarzas y arbustos que se amaparan de los pastizales; las manzanas y "ablanas" por el suelo...; todo ello, en un verano extraño, muestran que por estos valles ya sólo quedan los druidas postreros.  ¡Qué será del mundo rural!

Sobre
dos ruedas

Celso Peyroux

Es un bello deporte y de ello doy fe montado sobre una “makario” por carreteras francesas y españolas. Todo se da en él: paisaje, compañeros y el esfuerzo con el corazón y la mente sanos. Todo un privilegio que los titanes de la ruta pasen por estos montes: Cobertoria, San Lorenzo y Farrapona arriba buscando la gloria. Ciclistas de alto nivel y otros más humildes que se reúnen todos los años para recorrer Teverga, Proaza, Santo Adriano, Trubia, Grado y por Tameza subir a Marabio entre las tamizadas luces del otoño, el cromatismo de sus hojas y las merecidas atenciones que todos reciben.

Este año ciento veinte atletas se reunieron en una de esas jornadas que se recordarán siempre: bajada apacible, cadenas tensas, pulsos cardíacos al máximo y esa otra vida que ofrece el ir a caballo de dos ruedas. Feliz Pacho Lagar por el merecido homenaje, luego de treinta años de dar pedales, y felicidades al vecindario y a todos cuantos viajan-viajamos en bicicleta: la serpiente multicolor profesional y a los más modestos que también hacen patria. El nuevo galardón que sea para Enrique García.

Buenas gentes de Grado
Celso Peyroux

Formarían parte de un amplio capítulo las gentes que por su generosidad y entrega habríamos de tener en cuenta en Grado. Hombres y mujeres que, día a día, quieren lo mejor para su tierra natal y para su ciudadanos. Asociaciones de vecinos, culturales, deportivas, literarias, artesanas, escolares, amigos del concejo, colectivos diversos… Ellos y ellas, codo con codo, trabajando por un presente difícil y un futuro incierto.

En Los Dolores ocurren actos muy bellos: aulas de poesía con sabor a metáforas que galardonan a las gentes de las letras; reconocimientos a los ancianos centenarios: María Josefa, José Ramón, Marcelina, Carmen, Jovino, Laudina, Manuel, Luisa y Consuelo entre otros. Victoria G. Arechaga se mereció el reconocimiento después de cuarenta y tres años impartiendo la historia de del mundo. Los “Moscones de Oro”, un año más, a quienes se lo merecen. Gustavo con sus libros, César Santiago con su “Cruz de Grado” y así se va haciendo la Patria moscona. En la memoria y para siempre Lise –el maestro azabachero- y Javier Prada, el alma de la villa. Plaudite cives!

Vaqueros de alzada
Celso Peyroux

Por mayo sería cuando regresaban a sus hogares de Babia después de pasar la invernada en “La marina”. Todo el verano apacentando el ganado, recogiendo hierba, cebada y otros cultivos, reparando viviendas y establos y realizando la comunidad vecinal alguna estaferia. Con las primeras nieves en las cumbres volvían de nuevo a las tierras de la Asturias llana o a las orillas de la mar. La vetusta y sacrificada costumbre se la comió la noche de los tiempos y ya tan sólo Manolo Alvarez, Ismael y otros hombres y mujeres de la época recuerdan la aventura con nostalgia.

Descendientes de aquellas gentes han querido recuperar la raíces y realizar el itinerario desde las Regueras hasta Torrestío por Trubia, Santo Adriano, Proaza y Teverga. El retorno a los pastos del invierno fue por Ventana, Quirós, Proaza y la senda ya conocida. Tres bellas jornadas llenas de alegría y convivencia para aunar vínculos, encuentro de sentimientos y recuperar el tiempo pasado. Grato y merecido homenaje a los más ancianos y a Teresa Rodríguez, coordinadora del evento. “Caminante no hay camino…”

Pepita y Narciso.
Celso Peyroux

Era la taberna de Pepita y de Narciso. Allí estuvieron en cuerpo y alma formando un gran equipo, con sus tres hijos, durante más de cuarenta años. Ella sus fogones –excelente cocinera- y el mostrador; él, en la bodega donde se llenaban todos los meses cientos de botellas de tinto, blanco y rosado que llegaban de Valdevimbre y de otras renombradas cepas castellanas. Los vinos “Castillo de Alesga”, en honor al poblado natal fueron caldos de prestigio. Narciso fue y sigue siendo un enólogo de grandes conocimientos y buen conversador. Días pasados se cerraron sus puertas.

El tiempo pasa y pesa para todos y atrás se quedan momentos muy bellos y alegres de tertulias, reuniones, partidas de cartas, relatos de caza, el mundo de la mina y del campo. La vida del concejo pasaba por allí. Para muchos visitantes la vetusta y cálida taberna era una parada obligada. Los Reyes de España así lo hicieron el pasado año como gente de casa. Sonrisas, buen hacer, calidad, prestigio y un lugar entrañable de sentimientos quedan para el recuerdo.¡Dicha y salud para ambos con el júbilo que comienza! Que no son corruptos, que son verdaderos chorizos sin escrúpulos porque roban el sudor ajeno y aquello que no les pertenece.

De ladrones y furtivos
Por Celso Peyroux

Que no son furtivos, que son también ladrones porque cazan en los bosques y montes cuyos verdaderos dueños somos todos. Los primeros abundan desde la noche de los tiempos; los otros aparecen, de cuando en cuando, pero siempre están al acecho. Desalmados unos y otros de nuestra sociedad. Me gustaría que entre las dos estirpes se declararan la Guerras Púnicas como aquellas que sostuvieron los cartagineses contra los romanos. Unos contra otros de manera incruenta y sin las armas sofisticadas con miras telescópicas y silenciadores.

Los chorizos dañan a una democracia y con sus fechorías hacen que el Pueblo llano pierda la fe en los padres de la Patria. Los emboscados de la floresta acaban con los pocos animales silvestres que nos quedan y más temprano que tarde van cayendo en las cámaras ocultas. ¡Que Dios confunda a ambas estirpes y que el peso de la ley caiga sin piedad sobre lo más granado de esta podredumbre!

Tiempo de silencio
Celso Peyroux

Llega la nieve a las cumbres y entre el blanco manto también lo hace el aunque del silencio y el pentagrama donde la flauta entona la balada del olvido. Verano extraño éste que se fue, seronda y otras luces, a medio recorrido, con el sabor de la nostalgia y tiempo propicio a la meditación: “Has visto caer las hojas muertas en una en una triste tarde de otoño? Así caen todos los días las almas en la eternidad. Un día la hoja sin vida lo serás tú.” (Víctor Hugo).

Por estos valles el silente látigo de la soledad sacude sin piedad y a su paso va dejando pueblos y aldeas sin la voz humana, la sonrisa de un niño, ladridos, relinchos y el mugir del ganado. En diez núcleos rurales no habrá quien medite, caliente sus manos al amor de la lumbre y abra las ventanas a un nuevo día. Sólo el aullido del lobo cantor, el viento enroscando sus melenas sobre las ateridas ramas de las hayas y los postreros hálitos del último druida que se aferra a una esperanza sin convencimiento. “Ya se van los pastores…”

Horizontes nuevos
Celso Peyroux

No es fácil ver por estos valles la luz al final del túnel. El éxodo rural -que comenzara en la década de los sesenta- ha sido imparable hasta nuestros días con gentes que, buscando nuevos aleros y trabajo, se fueron hacia las grandes urbes y a una Europa que necesitaba mano de obra y eran bien recibidos. Seis mil almas, al menos, se perdieron en todo este tiempo y el cierre de las minas de carbón fue la puñalada sangrienta que asestaron políticos, centrales sindicales, algún trabajador y un empresario leonés de cuyo nombre no quiero acordarme por ser declarada por este cronista "persona non grata”.

Ahora, desde los departamentos municipales y regionales se afanan en recuperar el tiempo perdido y trabajan duro –doy fe de su labor-  con nuevas iniciativas: “El mercadón de seronda” en Grado; jornadas gastronómicas por doquier; la “escapada” otoñal a los Valles del Trubia; exposiciones y concursos de ganado caballar; iniciativas solidarias; jóvenes empresarios que vuelven al campo…  Todo y más será poco.

Volver a las costumbres
Celso Peyroux

Va declinando con los años la vida en el mundo rural y con ella sus costumbres, tradiciones, juegos, artesanía y las formas de ser y de sentir. El peor de todos los males es que hasta se pierde la palabra como don más preciado que tiene el ser humano. Filandones, esfoyazas, estaferias, bolos (para el pulgar o la mano), andechas, partidas de cartas (brisca, tute, subastao) y dominó en los chigrestodo fue desapareciendo por la sencilla y lamentable razón de que ya no queda gente.

El tiempo perdido se me antoja que ya es irrecuperable pero con lo poco que queda aun se podrían desarrollar iniciativas como las que se vienen haciendo en los colegios de Grado y otros lugares. Claro que para ello tienen que haber buena disponibilidad del profesorado y conocer, sobre todo, la idiosincrasia del mundo y del espacio campestre. Además de los programas educativos diseñados por el Gobierno –que no son los mejores- los estudios en zonas rurales deberían de tener un complemento para rescatar las enseñanzas de nuestros mayores que llevan al verbo nuestro de cada día

Los otros, los nuestros
Celso Peyroux

Nos dicen que cada cinco segundos se nos muere un niño en el África negra de hambre, sed y todo tipo de enfermedades por falta de asistencia y de cuidados; en la España futbolera -del Messi y del Cristiano- se llenan cada vez más los comedores sociales porque la gente pasa hambre; en Ceuta y Melilla a los jóvenes que buscan trabajo, mitigar la hambruna y acabar con el abrazo paterno de ser hijos de un Dios menor, les cierran las puertas de la vieja Europa con alambradas como si de los campos de concentración nazis se tratara; asesinan y violan a nuestras mujeres que son el alma de la vida; no se atiende a los ancianos –nuestros venerados druidas- como se merecen…

Hay que ser solidarios antes que solitarios y en Teverga y estos valles lo seremos un año más con aquellos que nadan tienen. Este fin de semana lucharemos todos juntos contra el ébola, la malaria y a favor del plato de arroz y del cuenco de agua que no llega a la mesa. Seremos generosos con los otros que son los nuestros. ¡Haití, mon amour!.

Me quedé sin trabajo
Celso Peyroux

Cuando oigo esta frase, salida de los labios temblorosos de alguien que se pone los lunes al sol y lo hace también el resto de la semana, se me hace un nudo en la garganta. Como las anteriores, ésta no fue una Navidad solidaria por mucho y bien que hayan trabajado los bancos de alimentos y las numerosas personas que colaboran en esta noble acción. Quien no tiene trabajo, no tiene dinero; cuando faltan las perras no hay pan para llevarse a la boca.

Un Rey vehemente y sereno lo dijo en su discurso hablando de la lucha contra el paro y de proteger a los más desfavorecidos. No sé cómo se le va a meter el diente a esta lacra que junto a la corrupción son el azote de nuestra sociedad. Dicen que la fábrica de Trubia ha conseguido una carga de trabajo para varios años. Es un gran regalo para estas fiestas y los años que siguen. Pero ¿abrirán las viejas puertas los Magos de oriente a los cincuenta y cinco empleados -yo me uno a ellos- que han perdido sus dignas labores hace ya de esto mucho tiempo? Trabajo, pan y un techo para todos. ¡Feliz año!

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