Costumbres, tradición, gastronomía, trabajos rurales, vida vaqueira, saber popular

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Los últimos druidas:
un mundo en llamas
(11)

Serie de artículos
que el autor publica en el diario de
LA NUEVA ESPAÑA

por Celso Peyroux

Me despierto con la noticia de que un puñado de gente encontró trabajo en el mes de marzo. Lo paso mal con tanto personal sin poder ganarse el pan de cada día (cinco millones); me duelen los despedidos de la Fábrica de Trubia; se me abre el alma al encontrar tanto indigente por las calles y lo llevo peor viendo hermanos -sin techo- durmiendo en las aceras y en los zaguanes de los malditos bancos.

Pero la otra mañana el corazón se me quedó ajado al saber de la muerte de un niño pasto de las llamas en Baselgas de Grado. Un niño muere en el mundo cada cinco segundos por hambre, sed y abandono.

Ahora nos arden entre las manos mientras nos hablan con hipocresía de “brotes verdes”, de “borracheras racistas”, de "la vuelta a la Guerra Civil en labios de un cardenal", de "el culebrón del Calatraba", de "el dictador Obiang como embajador del castellano"…

Mientras esto ocurre, arde la inocencia de Carmelo (tres años) en una humilde casa víctima del deshaucio. Arden los valores más profundos del ser humano:  la convivencia, la paz, el respeto, la tolerancia, la generosidad y la mano amiga tendida palma abajo. En verdad que vivimos en un mundo en llamas.

Los últimos druidas
Mis verdes valles
Celso Peyroux

Tal vez por ser las tierras de la infancia eran las más bellas. Pero doy fe que entre todas las del mundo no las cambiaba por nada. Solo Sobia –por donde se levanta el sol- nos separa del solar de los Bernardo de Quirós  y el desfiladero de Valdecerezales -por donde anida la estrella Polar- es la única puerta, siempre abierta de par en par, que nos da el paso con los amables pueblos de Proaza, Santo Adriano y Trubia.

De toda la vida una hermosa comunión entre todos los vecinos de nuestros valles. Noviazgos, matrimonios, amistades, buenos quereres reinaban desde el Nalón hasta Peñarrueda y La Ferreirúa pasando por Pedroveya, Castañeo del Monte y Bandujo. Siempre armonía y bella vecindad entre unos y otros.

Una mancomunidad se había creado a mediados de los ochenta para mejor servir a nuestros hombres y mujeres. Ahora los políticos la rompen. Cuando más se necesitan los lazos y las ayudas –como en las  “estaferias” para salir del lodo donde nos metieron- se quiebra el horizonte y la esperanza. Un Calvario en este Viernes Santo. ¡Que el Crucificado los confunda! No han sabido llevar las cuentas y algunos/ algunas tendrían que salir por la puerta de atrás. ¡Qué verde era mi valle!

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La niña demis ojos
Celso Peyroux

Una niña tan tierna como el brote de una rosa golpeaba con una piedra el bronce de una campana solitaria poniendo una nota de alegría. Jueves Santo relucía como el sol por la sonrisa infantil, por el viejo aforismo popular vinculado a este día y por la cantidad de gentes que iban y venían hacia los pueblos más importantes de nuestros valles.

Cientos de turistas se acercaron para compartir con nosotros unos días de descanso, de paz y meditación. A pie, a caballo, en bicicleta, en las terrazas de bares y restaurantes, por sendas y caminos que conducen a lugares pintorescos y mágicos, por centros donde se presenta la cultura y la identidad del lugar, la comarca se sacudía el invierno y la soledad. Fueron estos días una verdadera fiesta.

Todo un ejemplo para los políticos locales que dan al traste -luego de casi treinta años de labor- con una mancomunidad de servicios que nos unía a todos. La unión, el diálogo, la cordialidad, el intercambio de culturas y lenguas son elementos a tener en cuenta y a valorar de cara a un futuro incierto. Tiene que seguir tañendo la campana llamando a la convivencia como el don más bello de los humanos para sobrevivir. Como la niña de mis ojos.

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Florecer sin tierra
Celso Peyroux

No vamos a hablar de la florida primavera machadiana con sus lluvias de abril, el sol de mayo y la rama verdecida del olmo a orillas del Duero. Se trata de las raíces de los druidas y todo cuanto nos han legado a través de los tiempos para ir diluyéndose –en los años que corren- como lo hace la nieve en Peñarrueda. Los copos blancos volverán en noviembre pero no así muchos de los que abandonaron el terruño natal y nunca más regresaron.

Estos días atrás, el “rebotso” de Bermiego “dio´l valtu” y se perdió el vivo símbolo de un pueblo. No me gustan las imágenes, emblemas, estandartes, tótems, prosopopeyas y demás elementos que pretenden mostrar con orgullo la identidad y las raíces. Prefiero al hombre y a la mujer que nos enseñaron la lengua vernácula, costumbres, tradiciones, labores, útiles domésticos y sobre todo a saber distinguir el bien del mal.

Tal vez convenga recordar los versos de Alfonso Camín: “Si soy el roble con el viento en guerra/ ¿Cómo viví con la raíz ausente? ¿Cómo se puede florecer sin tierra?” Adrián ha tenido, tiene y tendrá siempre las raíces presentes; además, hace Patria tevergana.

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PRADA Y LA CULTURA

por Celso Peyroux

Lo recordaremos siempre por todo cuanto fue y nos legó y porque su ida hacia el misterio coincide con “…el sol de mayo…” y “…la rama verdecida…” del viejo olmo a orillas del Duero en el setenta y cinco aniversario de la muerte de Antonio Machado. Javier Prada fue y será una hoja perenne del árbol de la educación, la cultura, el deporte,la naturaleza y la amistad. Juntos recorriendo La calzada romana de La Mesa, desde Torrestío de Babia hasta Dolia en Grado jalonando un camino real lleno de historia y de leyendas.

Paso a paso como los bueyes tirando de una carreta. Arrastrando la vida hasta que llega el final inesperado. Grado se llena de cultura en estos días –a modo de un póstumo homenaje anunciado- con arte, literatura, “arborescencias” con tu hoja verde para siempre, lecturas, documentales y versos. Muchos versos como los que se derraman en “El llanto de las amapolas” en los que Antonio Villar, hoy viernes, nos muestra sobre la violencia de género en carne viva con cicatrices en el alma y la muerte de un ángel. En cada hito de la senda quedará, Javier, tu nombre escrito, tu sonrisa placentera y todo cuanto has sido.

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MEMORIA
DE LA SENDA

Celso Peyroux

A punto de llegar las primeras nieves a Torrestío de Babia las vacas mugían de forma diferente; los balidos de las ovejas eran distintos; los caballos relinchaban de manera singular. Era la señal. La “alzada” estaba a punto y las gentes bajarían a las tierras llanas de Asturias a pasar el invierno. Tres y cuatro días de marcha por los montes y valles de Teverga y Quirós y en Las Regueras, Llanera y la Barganiza, entre otros asentamientos, comenzaban las familias una nueva forma de vida.

Con la llegada de las golondrinas vuelta al pueblo de origen con las nieves ya en las cumbres y los verdes y floridos pastizales. Y así, un año y otro y muchos más. Niños que nacían a este lado o al otro de las montañas, cruzando algunos recién nacidos, enrollados en pieles de oveja para superar los fríos de Las Navariegas, Ventana o Trobaniecho.

Estos días atrás, para no perder la memoria de la senda y recuperar las raíces, volvieron por los antiguos caminos de herradura con las mieles del recuerdo en sus retinas. Quienes recuperan el tiempo pasado -su lengua y sus costumbres- para dejarlo en testimonio a las generaciones venideras merecen los más grandes elogios.

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SIGLOS
Celso Peyroux

Era un mundo bello en un planeta azul con horizontes de silencios. El hombre vivía pocos años pero era feliz a su manera. No estaba la gente harta de bancos, recortes, engaños, desahucios, embargos, ladrones, especuladores, impuestos, democracias teñidas de mentiras, cretinos, avaros, violadores, políticos corruptos, pelotaris del negocio fácil, chorizos, yonkis; no había niñas esclavas en el Africa negra, lugar sagrado de donde procede nuestra noble estirpe; tampoco eurodiputados con sueldos para dar pan y sal a diez familias; no se topaban en las cuevas o en los palafitos con “paquirrines”, duquesas de Alba, Pantojas, “julianes”, Bárcenas… u otras especies del ser humano.

No había aterrizado el “cholismo”, Maradona y Messi no eran tan siquiera un proyecto, ni la Roja, ni seleccionadores titulados marqueses; nada se sabía de la salsa rosa ni se premiaba la ignoracia. No estaban tan hartos de injusticias como ahora lo estamos sus descendientes. No nos perdones Señor porque sí sabemos lo que hacemos. Diez mil años después de aquella Arcadia nos nace una cría de bisonte en un intento de recuperar el tiempo perdido. ¡Aleluya!

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Cárcel Y fuego

Celso Peyroux

He visto desde niño numerosos incendios. Cómo las llamas devoraban montes de acebo, bosques de roble y de cataños, bancales de escanda, pinares, brañas de teitus, cuadras y casas. Siempre hubo y hay pirómanos pirados que se frotan las manos viendo las llamaradas incendiando el cielo y estallar de júbilo como Nerón cuando quemó a Roma.

Un Juzgado de lo penal acaba de condenar a JSC, vecino de Yernes y Tameza por hacer saltar la chispa donde no debía. La pena será de ocho meses de cárcel y la obligación de abonar varios miles de euros. He visto también de niño los fríos hierros de un calabozo y las miserias de los allí encerrados. Eran imágenes dolorosas que siempre guardaré en el tálamo donde anidan las tristezas.

Bien se merecía el incendiario pasar unos días en Villabona pero mejor tenerlo en el monte quemado plantando árboles y hacerle leer, entre hoyo y hoyo, la “Canción de cuna para dormir a un preso” de José Hierro hasta que al final de la condena se la supiera de memoria. A buen seguro que no volvería a jugar con fuego y otros proclives a tan innoble acción se lo pensarían dos veces. ¡Cuando incendias un bosque, algo tuyo quemas!

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Gaitas y recuerdos

Celso Peyroux

Se nos moría hace trece años Manolín Quirós –alma y vida de las tierras de los Bernaldo- pero todo cuanto fue permanece en los bellos valles quirosanos. Pronto dos décadas de aquella idea de llevar la música a todas partes del municipio, de Asturias, incluso allende las fronteras. La banda de gaitas “El Teixo” pasa por su mejor momento recibiendo premios y forjando en su escuela de música nuevos valores de la gaita y de otros instrumentos, además del baile.

Alberto Varillas, Gustavo Eguren y Quico Alvarez se encargan de que esta asociación folclórica y cultural continúe la iniciativa de Manolo Quirós, siempre en la memoria. También en Grado se recuerda a Eliseo Nicolás –Lise, para los amigos-, el hombre profundo y manos artesanales para pulir el azabache y ser gente de bien a lo largo de su vida. Allí, donde se encontró un amuleto del preciado mineral negro, entre las piedras de la antigua muralla de la villa, el pasado domingo una plaza lleva su nombre. Sus verdes y queridos prados, con el río Cubia a lo lejos y un memorial pleno de actividades para recordar su nombre. Y otro grato recuerdo: Pasaron por Teverga; ahora pueden ser Reyes.

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OS.O. S. y demonios
Celso Peyroux

Maldita sea la mano que mata a un perro! Dice un cantar profundo de Sierra Morena escuchado de labios de un pastor, sin luces para leer y escribir, pero un sabio bajo las estrellas. Razón no le falta a la copla serrana y la repito y maldigo a quien mata a un oso si no fuere en defensa propia. He oído por los pueblos montaraces de la Asturias profunda, decenas de relatos sobre odiseas de los lugareños con animales silvestres: osos, lobos, tejones, jabalíes… y nunca me narraron la muerte de un humano a garras de un oso.

Nunca. Sin embargo, sí me contaron los numerosos osos que cayeron y caen víctimas de postas, balas, cepos y venenos como el aparecido, días atrás en un monte quirosano.  Es igual que se eduquen a los niños; que se editen libros a colores; que se emitan documentales sobre la belleza de la Mater Natura; que se creen fundaciones y asociaciones para velar y difundir la fauna, la flora y el sortilegio de los bosques. Siempre habrá un desalmado con la escopeta cargada dispuesto a llevarse por delante el vuelo de una mariposa. Que la ley de la naturaleza caiga con todos sus elementos sobre este demonio y los jueces hagan el resto.

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De Tejos y niños

por Celso Peyroux

Es una bella imagen ver a los niños sentados a la sombra de un tejo. La estampa del tiempo. “…Monje de largas barbas/ y de piadosos credos…”, como escribe Alfonso Camín en un poema. Los tejos seculares de La Plaza, Bermiego, Villanueva, Páramo… El árbol sagrado a cuyo lado siempre se levantaba un templo. Tres niños bajo la enramada, testigo de tantos aconteceres, miran la colegiata con sus bicicletas apoyadas en el tronco centenario.

Los hermanos Arias (Enol, Adrián y Jano) están llenos de ilusiones y sueños. Pertenecen al Club de Pentatlón Moderno de Valdeloso de Teverga y aspiran con un viaje a Portugal, en el mes de julio, para participar en un campeonato europeo. Bici, natación, tiro y sus estudios es a lo que se dedican todos los días; incluso uno estudia piano y canta en la Escolanía. Sí. Es una preciosa imagen para tomar de modelo muchos padres. Un corro de niños y niñas hablando en concejo abierto y cantando la danza prima para recuperar las raíces. Con estas y otras nobles premisas harían entre todos un mundo más justo y mejor. “mens sana in corpore sano”.

CIEN SIGLOS
Celso Peyroux

Era un mundo bello, en un planeta azul con horizontes de silencios. El hombre vivía pocos años, pero era feliz a su manera. No estaba la gente harta de bancos, recortes, engaños, desahucios, embargos, ladrones, especuladores, impuestos, democracias teñidas de mentiras, cretinos, avaros, violadores, políticos corruptos, pelotaris del negocio fácil, chorizos, yonkis; no había niñas esclavas en el Africa negra, lugar sagrado de donde procede nuestra noble estirpe; tampoco eurodiputados con sueldos para dar pan y sal a diez familias; no se topaban en las cuevas o en los palafitos con “paquirrines”, duquesas de Alba, Pantojas, “julianes”, Bárcenas… u otras especies del ser humano.

No había aterrizado el “cholismo”, Maradona y Messi no eran tan siquiera un proyecto, ni la Roja, ni seleccionadores titulados marqueses; nada se sabía de la salsa rosa ni se premiaba la ignoracia. No estaban tan hartos de injusticias como ahora lo estamos sus descendientes. No nos perdones Señor porque sí sabemos lo que hacemos. Diez mil años después de aquella Arcadia nos nace una cría de bisonte en un intento de recuperar el tiempo perdido. ¡Aleluya!

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Malas pulgas

por Celso Peyroux

Se dice de alguien que tiene “malas pulgas” de aquel o aquella que es hosco, posee un rostro mal encarado, disfruta de pocos amigos y lo denuncian sus ojos vizcos y córneas torturadas. Cuando uno se lo encuentra de cara mejor es cambiarse a la otra acera para que vaya a vomitar su leche cuajada y mal veneno al primer basurero. Y es que en la sociedad en la que vivimos los hay por todas partes y es como si llevaran el diablo en sus entrañas y fuera dejando tras de sí un  pestilente olor a azufre.

No obstante es necesario, de vez en cuando, hacerle frente para que no se crea la fiera de la jungla en que vivimos y haga lo que le viene en  gana.  Se  hace  necesario -repito, una y mil veces- enseñarle los dientes para mostrarle que uno tiene que defender la pequeña parcela que le ha tocado en suerte para gozar en este pícaro mundo. Pero en la Garba de Grado hay otro tipo de pulgas, ratas y perros enfermos que hacen del bello lugar un foco de enfermedades. Razones no les faltan a los vecinos para llenarse de “malas pulgas” y enseñar los colmillos a las autoridades sanitarias y políticas.

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Todos al pastizal

Celso Peyroux

Pero qué listos eran las gentes de antaño. Todo lo sabían. Conocían a la Mater como a su propio cuerpo y de las alegrías y miserias del alma. Sabían del tiempo y de lo que se avecinaba mucho mejor que la manida “Aemet”, o como se diga, que sirve para poco y lo que único que hacen es curarse en salud. Si se avecina una gran borrasca se permiten la osadía de comunicar, una vez ocurrido el fenómeno natural,  que ya tenían conocimiento y así lo habían hecho saber:  vendaval, lluvias torrenciales o nieve en abundancia.

Siempre fue julio -mes añadido por los romanos- el tiempo de la yerba. No había fiestas, ni bodas, ni banquetes, ni la romería de la aldea a no ser en las noches estrelladas, cuando descansaba el músculo de la jornada, un gaitero amenizaba el espíritu para, con el canto del gallo, volver con la dura melodía de la guadaña cebándose en la hierba fresca. Sólo la maldita fecha impuesta por Franco rompía la febriles, duras y, a veces, gozosas jornadas yerberas. Pues ya llegó el tiempo, más llevadero que antes. Todos a los pastizales. A ser generosos y solidarios unos con los otros.

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