
(foto de D. Vicente, el Médico)
Don
Vicente:
"el médico de Campomanes" (1)
D. Vicente, VICENTE CREGO MARCOS, fue el médico de Campomanes para
varias generaciones: lo conocen los güelos y las güelas mayores,
los bisabuelos; lo conocen los güelos y las güelas de mediana edad;
lo conocen los jóvenes casaderos, los escolares, y lo conocen los bebés,
ya desde antes de echar los dientes, o de pensar en hablar...
Don Vicente fue médico de cabecera (el remedio urgente en cualquier pueblo de montaña); fue ginecólogo, pediatra, traumatólogo, geriatra, sicólogo, siquiatra...; fue amigo de paisanos y paisanas, compañero, contertulio a la buena usanza de los chigres y tabiernas de antes... Una autoridad en las casas, en el bar, en las calles, en las caleyas... de cualquier chugar de Lena.
Y es que hasta el año pasado, D. Vicente era el médico del pueblu: había otros médicos y médicas muy queridos, pero D. Vicente era D. Vicente. Y cuando estaba de vacaciones, hasta alguno/a aplazaba la dolencia y la consulta: “Tenía que dir al médico, pero dicen que D. Vicente ta de vacaciones... Así que casi voy a esperar hasta que güelva”, escuchamos más de una vez en cualquier pueblo. Se recuerda con cariño a D. Vicente en cualquier familia.
Pregunta. Vicente, muchos nos acordamos cuando
llegaste al pueblu: “ye de Castilla –empezaron a decir las
muyeres-; un buen médico, muy seriu, muy preocupáu por la
xente; da gusto hablar con él”. Cuéntanos algo de tu infancia,
juventud, ilusiones y andanzas juveniles....
Respuesta.
Efectivamente, yo nací hace 65 años en Pedrosillo de
los aires (Salamanca): mi padre fue Maestro Nacional. Viví mi infancia
en Endrinal de la Sierra y a los 9 años nos trasladamos a Salamanca
capital. Estudié el bachillerato en los Maristas y la carrera de medicina
en la Universidad de Salamanca. Somos tres hermanos, médicos los tres
uno vive en GRADO (Francisco) y el otro es odontólogo en Múrcia(Ramiro).
Pregunta. ¿Y dónde empezaste
tus peripecias, por aquellos años, tan poco dados a las carreras?
Respuesta.
En 1964 comencé a ejercer la medicina de forma interina en
Figaredo, donde me casé. Aprobé las oposiciones a Médicos
de A.P.D. (asistencia pública domiciliaria) celebradas en Madrid en
1967 con el nº 11. Mi primer destino como médico titular fue en
GARCIEZ (Jaén), donde estuve cuatro años. Mediante un concurso
de traslado fui a ARJONILLA (Jaén), donde estuve otros 4 años.
La verdad es que guardo recuerdos muy entrañable de aquellas tierras,
gente muy alegre y amistosa, muy trabajadora (en contra la opinión
de mucha gente). Sigo teniendo grandes amigos, y no pasa año sin darme
una vuelta por allí; todo el aceite de oliva que se consume en casa
viene de Arjonilla.
Pregunta. ¿Y cómo diste en
estas tierras asturianas tan distintas y distantes?
Respuesta.
En el año 1973 y tras un concurso de traslado llegué
a Campomanes, mejor dicho, al distrito tercero de Pola de Lena, que era precisamente
éste: Campomanes. Mi intención era estar aquí hasta que
se jubilase algún médico de Lena, ya que era obligación
residir en la plaza que ocupabas. No era como ahora, que puedes residir en
Oviedo o en la China con tal de estar de 8 a 4 en tu puesto de trabajo. De
ahí que hayan desaparecido los médicos de cabecera, como desaparecieron
los maestros, curas..., etc. A los cuatro años se jubiló Vaquero,
y pude bajar a trabajar y vivir a La Pola, pero para entonces ya me había
encariñado del pueblo de Campomanes y del valle. Y así va para
31 años.
Pregunta. Y ¿algo de tu vida privada,
familiar..., que nos quieras contar...? Total, todo el mundo te conoce...,
qué más da...
Respuesta.
Bueno, como no tuvimos hijos, tenemos sobrinos. Y mucho los queremos,
son muy majos: tres son odontólogos (dos en Oviedo y otro en Murcia);
otra es controladora de vuelo en el Aeropuerto de Asturias; otra licenciada
en Bellas Artes (Valencia); otra ayudante de clínica (Murcia); dos
licenciados en Historia y Derecho en busca de trabajo. Y otras dos más:
una, periodosta; la otra arquitecto; viven en Venezuela. Como dice el refrán
asturianu, "a quien Dios nun da fíos, da sobrinos".
Pregunta. Y aquí te jubilaste, fundido
y confundido con el pueblo y con los pueblos...
Respuesta.
Sí, aquí me jubilé en el 2003, después
de 30 años de servicio en esta plaza, y tras 45 años de médico
en activo. Cuando comencé tenía de compañeros en Lena
a Cordero, Valdés, Valeriano Franco, Vaquero, José Luis el pediatra,
y Carlos en Fierros. Mi primera visita fue a Vaquero como médico más
antiguo de la zona.
Pregunta. Retomando la película por
el principio, ¿qué es lo que te encontraste al llegar aquí?
Respuesta.
Me encontré con un distrito en donde había pueblos sin
carretera (Cotorraso, Cornellana, Carraluz, La Cortina, Reconcos, Traslacruz,
El Campo, Tuiza de Arriba, Eros, Bendueños, Fresnedo, Linares…).
Y en otros la carretera era tan mala que era mejor ir andando (Piñeras,
Carraluz..); desde Sotiello a Tuiza la carretera era de tierra y con muchas
piedras sueltas.
Pregunta. ¿Y cómo era la vida
de un médico jovencín en aquellos pueblinos de entonces?
Respuesta.
Los inviernos, sobre todo, eran muy crudos, con nieve durante meses
en los pueblos altos del valle; fueron bastantes las veces que tuve que subir
a caballo por ese motivo a Tuiza, Riospasos o a El Campo; y andando entre
la nieve a Traslacruz, Piñeras, Jomezanas, Carraluz…etc. De ahí que las visitas a domicilio durasen varias horas.
Pregunta. ¿Pero seguro que las paisanas
te teclaban bien cuando llegabas, no?
Respuesta.
Sí, mucho me acuerdo de tantas atenciones en los pueblos. Si
era al mediodía las paisanas (benditas paisanas) me invitaban a comer.
Peor eran las visitas nocturnas, había que dejar el coche en la carretera
o a la entrada de los pueblos, y con el maletín en una mano y en la
otra una linterna, caminar, en el silencio de la noche violado muchas veces
sólo por el aullar de los perros.
Pregunta.
¿Pero seguro que bien merecido te tenías aquellas
atenciones: más de una moyaúra habrías cogido antes de
llegar al pueblu, no?
Respuesta.
Muchas. Por tantos senderos tortuosos y oscuros, hundiendo las botas
en el agua o fango, de cuando en cuando me paraba a descansar. O pensaba en
los problemas de la vida. O, simplemente, caminaba hablando solo con Dios,
mientras me iba acercando a la vivienda. En una habitación con luz
trémula, me estaba esperando la persona que confiaba en mí para
alcanzar el remedio a su mal. Nunca me faltaba el vaso de leche caliente,
o café con algún suspiro o casadiella encima de la mesa. ¡Cómo
lo agradecía!
Pregunta. Pero tendrías que hacer
de todo: en un caso así, sin teléfono, sin coches, sin... ¿el
médico en un pueblu era la salvación de todo, la esperanza...?
Respuesta.
Tenía que hacer de todo. El regreso solía ser más
agradable, pues me acompañaba algún familiar o vecino para demandar
la asistencia del ATS, o de la farmacia, si antes con mi pequeño botiquín
no hubiera resuelto el problema. Alguna vez, por desgracia, si ellos querían,
había que recurrir al auxilio de Dios en la persona del cura.
Pregunta. Oye, Vicente, decían en
los pueblos, que “Don Vicente, cuando dejaba un enfermo en su casa de
noche, "quedaba muy sentíu", que nun dormía, que volvía
de madrugada..., que Don Vicente yera un médico muy preocupáu?
Respuesta.
Ciertamente, yo me preocupé por la gente de los pueblos: soy
así. Cuando regresaba a casa, en el calor de la cama mi pensamiento
seguía en aquella habitación de un pueblo de nuestro valle,
donde un rato antes había visitado a un enfermo. Así transcurrían
muchas de las noches y madrugadas de los médicos rurales o de cabecera,
sobre todo en zonas de montaña como la nuestra.
Pregunta. Porque, además, a ti te
caían muchos pueblos, el conceyu ye muy grande, y tú cargabas
con lo que fuera...
Respuesta.
Durante 2 ó 3 años, sin médico alguno en Fierros,
tuve que hacerme cargo de los dos valles: Huerna y Pajares. Y en aquellos
años la atención era de jornada continua, las 24 horas del día
durante todo el año. No había guardias, ni descansos, salvo
el mes de vacaciones, siempre que encontrara sustituto: y si no lo encontrabas,
no había vacaciones. Generalmente me relevaba un compañero de
Lena, casi siempre Valdés persona que nunca negaba un favor.
Pregunta. ¿Y ayudas?, pues entonces
érais muy pocos para muchos pueblos y caseríos...
Respuesta.
Durante todos estos años difíciles, conté con
la ayuda de Luis -ATS- que ejerció su profesión en todo el valle
durante cerca de 25 años. Y de María la enfermera- que me ayudó
en la consulta durante muchos años. Hacíamos un buen equipo.
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