Costumbres, tradición, gastronomía, trabajos rurales, vida vaqueira, saber popular
por Xulio Concepción Suárez
 

"Nuestras horas son minutos
cuando esperamos saber,
y siglos cuando sabemos
lo que se puede aprender".

(Antonio Machado)

 

Argimiro:
un ejemplo de autodidacta
en Xomezana,
ahora en Espineo

 

Arximiro (I)

En el recuerdo de Arximiro:
como fue su deseo,
nos quedan sus palabras,
las que nos fue trasmitiendo hasta sus 98 años;
en los artículos que siguen,
resumen de unas cuantas libretas a mano,
le fui recogiendo lo que él iba juntando
y hasta editando a su modo en fotocopias.
Un ejemplo de autodidacta inteligente,
y entusiasta del trabayu
en los pueblos asturianos de montaña.
Con una cultura libresca ejemplar también:
estaba al día de todo, leyendo cualquier cosa
que caía en sus manos.
Bien merecida se tiene la paz:
vivió feliz a su modo.

Vamos a recoger (copia literal) algunos fragmentos del libro manuscrito, escrito a puñu y letra por Argimiro (87 años); parece a pluma estilográfica, como amanuense medieval a la antigua usanza: un hombre de Xomezana que se hizo a sí mismo en los caminos de la cultura (a penas fue unos meses a escuela, como él mismo dice más adelante), pero llegó a redactar con el estilo que recogemos.

Todo un ejemplo de amor a la palabra escrita, a la cultura popular, al deseo de aprender y de saber contar lo vivido. Tal vez en aquella idea del Lazarillo de Tormes para contar las experiencias propias: "pues podría ser que alguno que las lea halle algo que le agrade y a los que no ahondaren tanto los deleyte".

 

El libro de Jomezana

(Como son 150 páginas,
iremos extrayendo fragmentos
poco a poco).

(Manuscrito de
Argimiro Octavio Álvarez López)

 
Nacer en Las Monas.

"Voy a contar en esta libreta -comienza su andadura literaria Argimiro-, y va salir como un magazine de notas, anécdotas, quizá leyenda. Algo ya lo tengo, y lo que se me vaya ocurriendo, todo ello quería que saliera de forma libre, sin ganas de que se parezca a "obra". Y que no hay detrás más que un testigo de una época donde la historia dejó más huella que nunca. Don Julián Marías, maestro de filósofos, dice que la propia vida de uno, de contar algo, debe de comprender en anécdotas que quieran criar alas.

Yo nací en un sotón que hay a escasos doscientos metros de Las Monas. Pero constituyen una barrera. Esto queda a la izquierda del río Huerna. La casa era una barraca para ganado, y la habilitó mi padre para un llar y un par de camastros. La finca medía, entre el sucu y el río, doscientos metros cuadrados en franja. La noche que yo nací había una notable riada, y mis padres se encontraban solos, sin luz, con bastante pobreza. Conque mi padre tenía que atender que yo emergiera, y poner sacos terreros a la entrada para defensa del agua.

Si no fuera por D. Julio Concepción, no sabríamos qué era la ciencia toponímica, y sobre todo local. Entonces, voy a poner aquí, que Las Monas, no está aclarado de dónde viene el origen. Pero que este caserío está encuadrado en la comarca de Jomezana. Y sigo. Porque además había nevada, y por entonces era primordial bautizar a las criaturas en el seno de la iglesia, y por mor de la nieve, en vez de subir a la iglesia, me llevaron a Sotiello. El cura párroco de Sotiello certificó a Jomezana que Argimiro Octavio Alvarez López, fecha de 28 -XII- 1917, etc,etc".

En 150 páginas continúan las anécdotas de Argimiro que no tienen desperdicio: todo un conjunto de experiencias vividas desde su infancia que va contando de Las Monas, de Xomezana, de otros pueblos de Lena, y de sus peripecias y viajes por otras regiones peninsulares. Baste echar una ojeada al mismo índice de materias que coloca manualmente al principio de su peculiar autobiografía:

  • Nacer en Las Monas (p. 9)

  • Tanislao y la fragua (p. 10)

  • Mis primeras luces, escuela en Santiago, la vida misma... (p. 10)

  • La Pena la Portiecha, tercera escala (p. 12).

  • Comentarios: lo que sabemos e ignoramos del pasado (p. 15)

  • Cuando nació la nena en una corra de arizos (p. 15)

  • Las campanas (p. 65)

  • El camposanto (p. 66)

  • Esta otra parte (p. 72)

  • Mi amiga Matilde (p. 83)

  • Octavio: pastor y poeta (p. 83)

  • Tenemos una cita (p. 90)

  • Emigrante a convenir (p. 93)

  • La Portiecha, punto y a parte (p. 99)

  • El automóvil de color marrón (p. 107)

  • Bendueños, Pascua y poesía (p. 110)

  • El piropo a Xomezana (p. 115)

  • Valentina, la universitaria que quiso ser granjera (p. 125)

  • Epílogo (p. 148)

  • El T.B.O. (p. 152)

(Continúan las anécdotas de Argimiro...)

Cuando nació aquella nena en una corra de arizos

"Este diario tampoco va a ser necesariamente científico... Vamos a refrescar que ... el camín francés venía por Telledo, Reconcos, Villarín, Chugar de Baxo, Las Monas... La francesada suena ayer..., pero el nombre de este camino tiene que ser viejo, porque por el mil ochocientos los franceses de Napoleón estuvieron retenidos en Poladura (León), esperando que se dirimiera una refriega local, que precisamente comprometía a este valle.

Dice una anécdota que las tropas napoleónicas visitaron Jomezana por sorpresa, y al atardecer, los vecinos salieron temerosos, y lleváronse a una señora en trance de parir. Y con la premura del parto, tuvieron que habilitar una corra de piedra de las de echar arizos, que todavía estará cerca de donde parten los caminos de Vicharín y de Espinedo. Allí, en la corra de arizos, nació la nena. Van 70 años aún sonaban familiares los nombres de aquellas personas".

.. -Chevailo, fiyinas, chevailo otra vez, que tá tengo...

"Si queremos, tendremos que discernir si entre esta población hubo familias con etiqueta de 1ª: y pienso que habría que amoldarse a ciertas culturas. La gente puede ser rica de varias formas: hasta con su temperamento. Aquí [en Jomezana] no se dependía de un terrateniente como los segadores de Castilla, o los olivareros de Jaén, poniendo por caso. Todas las familias tenían dónde se cobijar, algún animal, como cabras o gallinas; y alguna tierra en La Noval o en Arvicente; o Borronás en Las Cinchas. Pero el año era muy largo y sólo el invierno gastaba mucha leña, que había que tenerlo, acarrearlo... (esto lo he vivido).

Aquí había hermandad, caridad, bastante sumisión y mucha clase tercera que dolía por lo de estrato social. Hay que poner que no había nada: ni subsidios, ni pensiones... Sin embargo, aquí a los pobres no se les dejaba ir por ahí a mendigar: se les aveceraba para andar comiendo por las casas, o se les llevaba a la suya. Estas personas las aprovechaban para hacer trabajos aliviados como deshacer maíz, esfoyar... Y hubo un tal Francisco Camín (que conocí) que arreglaba el calzado, sabía zurcir o arreglar las madreñas...

Había una vieyina que le llevaban a casa cosas de comer, y un poco a piquilla: le llevaban bastante y ella oponíase:
-Chevailo fiyinas, chevailo otra vez, que tá tengo, que tá tengo...

Algunas familias militaban en tercera...

En las faenas del campo había mucho empleo, lo que no corría era el dinero. Tener un toro semental era una bicoca: cada vaca que cubría era un jornal de siega a guadaña. Otras faenas como coger espigas, sallar la tierra, eso no se pagaba, o era trabajo prestado, o más adelante te daban semilla o cucho, o te dejaban la pareja o la caballería.

Las familias que militaban en tercera tenían que endilgarse y comerciaban con las Babias, llevando cosas confeccionadas en torno a la madera, como eran las herramientas (bueno, preseos), cabezas de arados, palas, que lo mismo valían para el horno del pan o para el purín de la cuadra; madreñas, cestos bien tejidos de cuestos, testeras de camas...

El cambio también era en especies. Lo que era como divisa era la carne salada, como cecina. Luego venían las legumbres, que era una gama. Y, por fin, algo de aguardiente o vino. Pero eso era una cosa: otra era bajar a la arena, o en este caso, subir al monte, al fayotal, y trabajar todo ese complejo de utensilios".

 

Ver Argimiro: (II): la Faragua de Tanislao

Ver Argimiro (III): de filanguiru

Ver Argimiro (IV): El Arca de Espineo

Ver Argimiro (V): la quemá de La Pena

Ver Arximiro (VI): Museo - Escuela d'Espineo

Ver Argimiro (VII): Las muyeres de la Fábrica del Quempu

Ver Arximiro (VIII): Cuando aprendí a escribir en fueyas de panoyas aplastás

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