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Toponimia minera.
El Pozu Polio.
La tranformación de un paisaje mineru:
del molino y los trabancos, al pozu carbón
(Mieres).

Artículo publicado en
Revista Orfeón de Mieres.
VIII Encuentro Coral de los Pueblos Mineros.
La Mina Canta Unida.
Revista Informativa y Cultural,
nº 6, junio 2009.
Xulio Concepción Suárez

Desde el nombre cualquiera de una mina

La toponimia minera resulta hoy un aspecto más del paisaje asturiano en estas montañas de las Cuencas. Pero no resulta fácil separar las palabras surgidas con una bocamina, de las otras que ya preexistían entre los nativos de la zona. En todo caso, los topónimos suponen un paso más en el lenguaje toponímico del suelo, con sus primeros vocablos pronunciados por los prerromanos muchos milenios atrás. Por observar un paraje cualquiera, sirva el entramado toponímico en torno a lo que fue El Pozu Polio, muy sonado en estos valles hasta hace poco.

En realidad, Polio es hoy el pequeño poblado de Santa Rosa (Mieres), pero que extiende el nombre a al valle, al regueru y hasta el Picu de la cumbre. No es fácil saber de dónde se extendió el nombre original: si del caserío al monte, o del monte al caserío, y luego al pozu . En todo caso, el nombre minero vino después, según los lugareños. La interpretación etimológica no está del todo clara: no hay aquí una última palabra dicha y convincente.

A juzgar por el lugar cimero del Picu, muy arraigado entre los ganaderos, habría que pensar en una zona del monte o la ladera que tuviera esa planta que parece latir en el origen del topónimo: el poleo de monte, la mejorana silvestre ( Teucrium capitatum, gracillimum ), muy empleada antes en la farmacia casera. El nombre se iría extendiendo luego a toda la ladera, al picu , al arroyo y al pequeño poblado que se levantó con el tiempo. Hay otras interpretaciones también: monte pulido (raído, escaso en vegetación); o el nombre de un supuesto posesor... Tendrían que aparecer topónimos parecidos en otros parajes para confirmar la base del nombre Polio.

Nombres que se fueron tallando al ritmo del hachu y del martillu

En su conjunto, el lenguaje toponímico minero se va añadiendo como tantos otros en el lenguaje de los tiempos: es decir, los nombres de las minas van completando el mosaico de palabras que recubren palmo a palmo un paisaje milenario, desde los indoeuropeos y megalitos a nuestros días. Los mineros fueron añadiendo topónimos a este gran diccionario del suelo, pero respetando siempre los nombres precedentes a la bocamina. Cuando empezaban las calicatas pa emboquinar con mampostas una mina , surgían nuevos nombres que añadir a ese gran diccionario que siempre supone la lectura multidisciplinar de cualquier valle asturiano.

Así, resuenan hoy en las Cuencas nombres como El Pozu Santiago, El Pozu Sanantonio, Las Minas de Figareo, Las Minas de Carraluz, La Catalana, Jovesa, La Señora, La Rebaldana, La Dominica, Coto Beyo, La Gotera, El Plano, El Cable, Los Barracones, El Cargaderu, El Lavaderu, Primeros, El Sétimu, El Novenu, El Cielu Abiertu... , y tantos otros.

Son los nombres específicos añadidos por la explotación minera (obreros o empresarios) a cada paraje, ya tupido con anterioridad de topónimos entre los vaqueros del monte o los vecinos de los pueblos durante siglos. Con ellos el lenguaje toponímico escribe también en el suelo unos nombres con los que investigaciones posteriores podrán seguir reconstruyendo la historia productiva de cada paraje en el tiempo.

Todo un mosaico de palabras entre un pozu y un picu

El Pozu Polio en Mieres es, por tanto, un ejemplo de esa superposición de nombres que van enriqueciendo la toponimia de un valle. Y ello gracias a los vecinos del pueblu, pues siempre corre el peligro de que la generalización de un nombre con una mina en pleno auge vaya anulando algunos otros precedentes hasta hacerlos desaparecer.

En la mayoría de nuestros casos, los mismos mineros o los vecinos de los pueblos próximos siguen recordando aquellos topónimos autóctonos. No estaría de más ponerlos por escrito, pues los mineros se van de las minas, y muchos mayores se van de los pueblos también por razones diversas. El resultado sería el empobrecimiento de ese impresionante patrimonio lingüístico asturiano. Todo un diccionario toponímico minero enriquecería, ciertamente, el paisaje de estas cuencas del Caudal.

La prueba es evidente: en torno al Pozu Polio siguen recordando los mineros y los lugareños todo un palabreru que define las funciones de aquellos praos y castañeros desde tiempo inmemorial, mucho antes del complejo de estructuras para el tratamiento del carbón. Nunca se perdió, por ejemplo, el nombre de Sietefuentes , a pesar de que los manantiales fueron secando o escosando entre la maleza, a veces absorbidos por los pozos subterráneos.

Pero los ganaderos siguen hablando con aprecio de aquellos altos bajo El Picu , donde el ganado disfrutaba, y en parte sigue disfrutando, de aquellas sabrosas aguas que nunca desaparecían ni en las mayores sequías agostiegas. Más abajo está Enterríos : la confluencia del río Casar con el río Polio, bajo El Pozu. O La Fuente'l Falguerón : manantial sobre el paraje, antes sin duda entre los felechos espesos y abundantes que describe el nombre: antes, hasta se segaban los felechos para el cucho y el abono de los sembrados.

Muchos productos autóctonos antes que el carbón

Por seguir con el lenguaje del agua (abundante en la zona por lo visto), abajo, en la misma vaguada del Pozu, quedan Los Trabancos y El Prau Trabancu : antigua presa que conducía el agua a varios molinos: El Molín de Eloy, El Molín de Telva , hoy esfumados entre las escombreras y las zarzas de aquella ribera del río Polio ( La Prazuela , la pequeña plaza, que lleva el nombre). El Prau Molín , junto al mismo pozu , es otro documento evidente de aquella pequeña industria rural molinera antes de la mina, que también alimentaba a su modo el poblado con escanda, sobre todo.

Se completa la toponimia de los molinos con El Solmolín : finca sobre El Molín y El Pozu actual. O Les Moxeques : mata de castaño en la margen izquierda del río, que recuerda las moxecas , aquellos dispositivos de madera a modo de arcas grandes y enterizas (de una sola pieza labrada), que servían para contener el grano de los sacos, luego dosificado con precisión por la tracalexa sobre la piedra de la muela con destino a la farina . Las moxecas se hacían de gruesos y sanos troncos de madera: de ahí la importancia de lugares que produjeran con mejor calidad aquellas gruesas castañares insertás con previsión en torno a cada pueblo. Por ello el topónimo Les Moseques .

Y otros muchos productos de temporada escritos nel paisaxe

El mosaico toponímico del valle del Pozu Polio describe otras cualidades del suelo muy valoradas tiempo atrás. Por ejemplo, Los Prunales : la zona más propicia a los prunos (los nisos monteses), de los que alguna prunal quedará a sus anchas entre aquellos matorrales bajo La Prazuela. La misma braña somedana de La Pornacal tiene esta raíz: los prunacos , que dicen allí los vaqueiros (lo que son las coincidencias entre las aparentes divergencias). Como recuerdan los nombres de La Cerezal , La Cerezalina : la zona más propicia a las rebuscadas y mimadas cerezales en cualquier pueblo hasta la llegada de la carretera y el fruteru con megafonía y todo hasta la puerta casa.

O El Castañéu : la plantación de aquellos castaños que alimentaban a personas y animales una buena parte del año, entre el otoño y el verano otra vez (las famosas castañas mayucas ). Los nombres se multiplican en cualquier palmo de terreno. La Llosa (latín, clausa , cerrada): la zona del monte cercada para los cereales, sobre todo (escanda, centeno...), luego, patatas, maíz, arveyos ... El Carbayón : la zona de los robles (el carbayu ), imprescindibles por las bellotas para personas y animales. Dice Estrabón, que a la llegada de los romanos, las tribus del norte comían pan de bellota ... O El Rebullu: el rebutsu, los rebotsos, los robles, igualmente, con funciones alimentarias parecidas.

Hasta los parajes más montaraces llevaban nombre justificado y entrañable

En otras ocasiones, el lenguaje toponímico describe aquellos parajes que recuerdan la situación familiar más precaria de las familias más numerosas, especialmente. Es el caso de La Borroná (voz prerromana, * borr-, montón): la pequeña tierra roturada en los montes comunales mediante el sistema primitivo de rozar, amontonar y quemar, para esparcer las cenizas luego, y sembrar durante unos años, hasta dejar el suelo esquilmado otra vez; eran los únicos recursos de familias que no disponían de fincas propias, por lo que tenían que roturar a mano el monte (con las llamadas fesorias de aparar ), agotarlo y dejar crecer la maleza otra vez, para comenzar el proceso de nuevo años después.

Algo parecido recuerda L'Ascaldá : zona quemada, escaldada, esquilmada..., propia sólo para la escanda, cereal tan agradecido, que se da en cualquier canturrial por pedregoso y escaso que sea.

Otros nombres atestiguan la preocupación obligada de los nativos por los productos posibles en aquellos suelos en torno al Pozu Polio actual. Es el caso de La Masera : tal vez, el lugar de los cereales, las tierras más propicias para ellos junto a Santa Rosa, con los que amasar por lo menos una vez a la semana (no todas las familias podían hacerlo).

Y hasta se aprovechaban otros muchos productos que daba libremente el monte, especialmente agradecidos por las familias cuanto más numerosas, menos pudientes. Es el caso de L'Argumina: la zona más montaraz sobre el pueblo, que se rozaba para las érgumas , destinadas a los fornos de amasar, y a los caleros (los hornos del cal para compensar las tierras, pintar, desinfestar...).

Y otras palabras bien descriptivas del paisaje

Como La Llavaera : el llavaeru del poblado, cuando las muyeres bajaban a lavar al río, con la tabla baxo'l el brazu , y el balde en la cabeza con la ropa de una colección de mozacos , muchas veces seguíos como los deos de la mano "con cuentan expresivamente algunas güelas todavía hoy. O La Teyera : antigua tejera que se recuerda en la margen derecha del río Polio. O La Cantera : la zona junto al pueblo, donde se extraía la piedra para las construcciones, tantos años antes del ladrillo al alcance de todos (sin fiebres nin burbuxas entonces, claro).

Cada lugareño extraía la piedra para sus casas, sus cuadras., y para las construcciones de los más pudientes, por supuesto, con prioridad a las suyas, pues les mitigaban en parte sus carencias familiares. Las canteras, las teyeras, eran imprescindibles en los pueblos como recuerdan las huellas y las palabras del paisaje.

Otros topónimos siguen describiendo hoy cualquier palmo de aquellos valles, siempre aprovechados por los lugareños hasta hace unos años. Por ejemplo, Les Llaunaces : en realidad, las pequeñas llagunas (llagunazas, tsagunazas) , sin duda remansos de agua para el ganado en ciertas épocas del año; o para otras funciones, en unos tiempos tan lejos de las traídas más cómodas por tuberías posteriores. Se aprovechaba sabiamente (ecología pura) el agua de la abundancia para las épocas de escasez.

Lo mismo que Les Duernes : zonas empozadas, donde en ocasiones también afontana el agua que se aprovecha luego para los usos rurales. Todo tenía su función y su provecho, por eso lleva el nombre correspondiente. Finalmente, sobre Polio está El Plantíu : toda la zona hoy reforestada, nombre que pudiera haber surgido después de cerrar el pozu, con las repoblaciones forestales compensatorias de aquellos suelos, antes escombreras.

El lenguaje minero, ya desde mucho antes de los romanos

En fin, la toponimia minera es otro aspecto del patrimonio medioambiental de las Cuencas. Las minas de Mieres, Turón, Aller, Lena, Riosa, Morcín., fueron dejando un arraigado vocabulario geográfico que se suma a la toponimia usada hasta la abertura de las bocas- minas , los pozos, las escombreras, los cables, los lavaderos. Y no sólo por la toponimia más reciente del carbón. Sabido es que la voz Aramo , escenario de varias minas prerromanas, ya se supone indoeuropea: * ar-n- (valle); o *aramo (bifurcación de caminos).

Las minas de Texeo (la zona de los texos), de cobre, se suponen de hace más de tres mil años, lo mismo que La Cocina , en Riospaso (Lena), Los Veneros... Las minas de La Soterraña (subterránea) fueron de mercurio, arsénico. Otras como las del Monsacro son ya romanas: el monte sagrado, más bien porque los minerales de hierro atraían los rayos, como lo siguen haciendo hoy. Pero el monte se creyó que era sagrado.

En resumen, el paisaje de cada valle o ladera de estas Cuencas se fue transformando desde remotas épocas primitivas con la explotación de sucesivos minerales hasta el carbón más reciente. Así lo atestigua la memoria de nuestros mineros y lugareños para investigaciones y proyectos ulteriores.

El único problema está en que gran parte de este tupido diccionario es sólo oral, y muchas palabras se irán perdiendo a medida que los mayores se vayan temporalmente o para siempre de los pueblos. Por lo menos hay unos cuantos miles recogidos por escrito y para contarlo. Esperemos se vayan recoyendo y atsugando los demás. El único progreso sostenible (la glocalización , que se dice ahora): el respeto (el cultivo, la cultura, el cuidado) de un paisaje, siempre con la mirada tendida a un horizonte azulado, siempre más o menos próximo o lejano.

Xulio Concepción Suárez.

Al minero muerto

"Llora la tarde su pena
con lluvia de rabia y duelo;
no suena el agua del río
que en el mundo repite el eco
de aquella canción bravía,
que era madrigal y reto.
Los hombres miran sin ver
el paisaje oscuro y denso,
que entre escoltas de escombreras
se alarga por el sendero.
Sólo el ruido de los pasos
en el desigual terreno
son las saetas monocordes
que van rompiendo el silencio.
Por las cuestas neblinosas
bajan un minero muerto.
La tarde llora su pena
en lluvia de rabia y duelo"
(Rosa Irene Pereira) .

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