El otoño en el hayedo :
la seruenda nel fayiru

 

Cuando la tarde caía
entre las vetustas hayas
y los pinos centenarios,
un rojo sol se filtraba
Era un paraje de bosque
y peñas aborrascadas...
rocas y rocas, y troncos
y troncos, ramas y ramas”
(
Antonio Machado)


La toñada:
el pasto del otoño

 
Preparando la dixital pa las fotos:
no las habrá todos los días del año,
ni en todas las estaciones,
por eso conviene llegar a tiempo
a cada paraje soñado.
 
El caserío que fue habitado:
Polación, la población primitiva,
tal vez origen de Payares

 

La pista de Valgrande:
el valle amplio y largo,
en los altos del río Lena

 
Los troncos ramificados,
corpulentos,
de un hayedo y robledal
 
Entre las murias
de lo que fue una braña de verano:
cuerrias, mayéu, veyares...,
muchas peripecias
de vaqueros y vaqueras
en la memoria de aquel rellano
 
El mofo de algunos árboles,
a modo de barba protectora
de las cañas
 
Los detalles de las esporas
en el musgo grisáceo
(tipo Usnea barbata):
dicen los expertos que es
prueba inequívoca
de la pureza del aire
 
Las ramas de las hayas
que se vuelven capas horizontales
protectoras de la humedad del suelo,
en días soleados
 
Los tonos más intensos
del otoño en el hayedo
 
Con la dixital a mano,
para el resto del año:
impresiona, ciertamente,
la frondosidad de las hayas,
el azul del cielo
que dejan ver las ramas
desde las entrañas del boscaje.
 
Los detalles en
las fueyas de las fayas:
formas, tonos diversos,
aromas nemorosos combinados,
el tacto suave y
siempre fresco
en las riberas del arroyo.
El sabor del fayucu en el otoño.
 

"El otoño se acerca con muy poco ruido:
apagadas cigarras, unos grillos apenas,
defienden el reducto
de un verano obstinado en perpetuarse,
cuya suntuosa cola aún brilla hacia el oeste.
Se diría que aquí no pasa nada,
pero un silencio súbito ilumina el prodigio:
ha pasado un ángel
que se llamaba luz, o fuego, o vida.
Y lo perdimos para siempre"

(Ángel González)

 

La silueta robusta
del roble en el cantizal

 
O el tronco bien corpulento,
bifurcado y centenario,
musgoso con el paso de los años
y la humedad que siempre trae
la brisa del norte
 

No es el otoño, no, quien a los árboles
arrebata sus hojas, que son ellos,
son los árboles mismos quienes ceden
sus hojas a los vientos...
Los árboles desdeñan
la estéril pompa del follaje muerto,
y, con viril austeridad, aguardan
desnudos los rigores del invierno.
¡Saben que sólo así la primavera
los vestirá de nuevo!
Enrique Ruiz de la Serna

 
El agua otoñal
por los caminos:
el cielo que también quiere
confundirse suelo
en la andadura otoñal.
 
El río Valgrande:
origen del río Lena,
al otro lado del Huerna.
 
Los cuidados
con las torrenteras
en el hayedo
 
Los frutos
de los gabilanceros
(el escaramujo):
comíanse en las cabanas
 
Las sombras del otoño
a mediatarde,
ya de vuelta a casa
 
Los contrastes
con el arbolado circundante:
el mosaico policromado
ya en las horas vespertinas
de la seruenda
 

Y el día tos los santos,
la nieve pe los cantos

-que dice el refrán, y casi siempre acierta


 

“CON EL OTOÑO ”
Miguel Hernández

"Está por desprender la última hoja,
depende su existir de solo un hilo;
teniendo de un puñal el burdo filo
la más pequeña brisa la despoja!

Hay que reconocer que se ha perdido…
que las hojas se caen con el otoño ,
vendrán la primavera y el retoño
pero no volverán las que se han ido!

Así como se duerme la floresta,
despertará la vida de la siesta
cuando el invierno su frialdad recoja..
llegará una vez más la primavera,
se pintará de verde la pradera
y al árbol le saldrán todas sus hojas!"

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Xulio Concepción Suárez

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