"Cuando circuló la noticia de que las Misiones Pedagógicas llegarían al pueblo de Ezequiel, el murmullo se convirtió en algarabía... Mundos desconocidos aparecían ante los ojos de los campesinos. Documentales de otros países, cine de humor, dibujos animados. La música popular conocida y amada y aquella otra que escribieron grandes genios universales, todo era seguido en reverente silencio" (Josefina Aldecoa, Historia de una maestra)

Las Misiones Pedagógicas
en los pueblos de montaña.

Aquella labor didáctica en las zonas rurales,
bastante más de medio siglo atrás.

Pequeña reseña: la memoria de algunos pueblos, maestros y maestras de entonces.

  1. Iniciativa didáctica. Recuerdan algunos mayores de hoy en diversos pueblos de la montaña asturiana que, allá por los años treinta, eran muchos los maestros y maestras que se acercaban a los lugares más apartados para intentar mejorar la cultura de unos lugareños muy poco escolarizados: para recuperar el tiempo perdido por las faenas del campo, mejorar su capacidad comunicativa, aprender a leer y a escribir para poder accder a otros trabajos..

  2. Los profesores eran también voluntarios de todo tipo: maestros y maestras de escuela, profesores y profesoras de instituto, profesores universitarios...

  3. Acogida de las actividades. Los vecinos del lugar recibían con entusiasmo estas aportaciones culturales, y a su modo las pagaban en especie: les daban comida en cada temporada, leche, algo de carne, pensión gratis, patatas, farina, güevos... .

  4. Edades. En estas sesiones culturales por las tardes, después de salir de las faenas del campo, cabían todos los habitantes del lugar: pequeños, pedres, madres, güelos, güelas..., autóctonos o allegados. No había distinciones a la hora de enseñar ni de aprender.

  5. Recursos: solían llevarles libros, una pequeña biblioteca ambulante, cuadros de arte, mapas peninsulares y del mundo... También hacían representaciones teatrales, recitaban poemas, romances...

  6. Recogida de la cultura autóctona: la cultura del país. Una primera medida para motivar a los improvisados escolares consistía en convencerlos para que expusieran antes ellos mismos sus tradiciones populares: canciones, romances, coplas, puyas, bailes regionales, xuegos de siempre, refranes, leyendas, mitos... Con lo que ya sabían partía cada uno a lo que lequedaba por aprender. A veces, mucho

  7. El estímulo de la autosuperación personal. Los maestros y maestras presentaban en parte sus actividades en aquel contexto de la emigración a América, entonces en auge con el éxito de los indianos. Muchos jóvenes y de medias edades vieron en estos aprendizajes la forma de poder emigrar ellos también

  8. El consejo de los mayores. Los güelos y las güelas animaban a los nietos a aprender algo para poder un día salir del pueblu y mejorar su vida. Por ejemplo, si un día emigaraban podrían defenderse bien: escribir a casa, dar cuenta de lo que hacían, contar el dinero, llevar un negocio, mandar dinero al pueblu... Colaboraban los mayores en la motivación de estas misiones.

  9. Las condiciones favorables de la geografía de los pueblos de montaña ayudaron en el éxito de la participación vecinal: aislamiento, incomunicaciones, frío y largas noches de invierno, las nevadas prolongadas, poco dinero para gastar en otras cosas, inteligencia natural desarrollada por las carencias de una vida muy dura, el ejemplo positivo de los emigrantes, el placer de leer noticias en algún periódico ocasional que llegaba al pueblu, el sano deseo de saber.... Todo ello colaboró en favor de los maestros y maestras.

  10. Punto final de las Misiones Pedagógicas: tras la época de la República, esta labor quedó en parte destruída: represión y exilio de aquellos docentes, incendio de muchas bibliotecas públicas....

Algunas frases en torno a las Misiones Pedagógicas.

***

Texto de
Manuel Bartolomé Cossío
sobre las Misiones Pedagógicas

"Somos una escuela ambulante que quiere ir de pueblo en pueblo. Pero una escue­ la donde no hay libros de matrícula, donde no hay que aprender con lágrimas, donde no se pondrá a nadie de rodillas como en otro tiempo, donde no se necesita hacer novillos. Porque el Gobierno de la República que nos envía, nos ha dicho que venga­mos, ante todo, a las aldeas, a las más pobres, a las más escondidas, a las más aband onadas, y que vengamos a enseñaros algo de lo que sabéis por estar siempre tan solos y tan lejos de donde otros lo aprenden, y porque nadie hasta ahora ha venido a enseñároslo; Pero que vengamos también, y lo primero, a divertiros. Y nosotros quisiéra­mos alegraros, divertiros casi tanto como os alegran los cómicos y los titiriteros.

Esta escuela recreativa es para todos, chicos y grandes, para los que se pasan la vida en el trabajo, para los que nunca fueron a la escuela y para los que no han vuel­ to a ella desde niños; lo cual constituye una grave injusticia, ya que los mozos y los viejos de las ciudades, por modestos que sean, tienen ocasiones fáciles de seguir aprendiendo toda la vida y también de divertirse, porque están en medio de otros hombres que saben más que ellos, porque viven en sociedades de enseñanza, porque todo lo tienen a mano, porque la instrucción y las diversiones se les entran sin que­ rerlo por los ojos y oidos.

Porque hasta los escaparates de las tiendas se convierten allí en diversión y enseñanza. Y como de esto se hallan privadas las aldeas, la República quiere hacer ahora una prueba, un ensayo, a ver si es posible empezar, al menos, a deshacer semejante injusticia. Para eso nos envía a hablar con vosotros y a deciros en estas reuniones, siempre con imágenes y visiones que os sean gratas, que os diviertan, aquello que qui-siéramos que vosotros supieseis y que, incorporándose a vuestra inteligencia y a vues­tros corazones, os alegrara la vida".

Tomado del libro:
REGUERO, Víctor del (2008)
Soñadores de libertad.
Escuelas y maestros en Laciana, Babia, Omaña y Somiedo
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Edita Piélago del Moro. León

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Museo Escuela Rural I

Otros trabajos sobre el entorno rural asturiano:
Xulio Concepción Suárez.

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