Costumbres, tradición, gastronomía, trabajos rurales, vida vaqueira, saber popular
por Xulio Concepción Suárez
 

La primavera avanza.
(I)
Antología

Ángel González
Edición de Susana Rivera.
Colección Visor de Poesía.
Visor Libros, 2009.

(sólo un esquema
para que lo completes
con tu lectura de la obra,
con otros poemas,
con otras lecturas,
con otras web... ...)

A. El autor .

1. Personalidad.

  • Ángel González (1925-2008), nació en Oviedo en una familia venida a menos a causa de la guerra civil. Un hermano es fusilado bajo el franquismo, y otros sufren las represiones del poder. Todo ello influyó decisivamente en su actitud poética y en toda su obra en general, publicada en la segunda mitad del s. XX. Por ello se considera un máximo representante de la Generación de los cincuenta.

  • En realidad, como poeta representa el testimonio de toda una época de circunstancias sociales y políticas vividas con intensidad: un ciudadano que sobrevive como puede en un mundo vencido, y lleno de tensiones y silencios. Es la poesía de un poeta y su circunstancia, alguien que deambula en un tiempo a la deriva en un lugar extraño; de ahí su profundo escepticismo ante la vida y el destino. Es la España de la guerra civil y la posguerra: años cuarenta, cincuenta..., con sus secuelas individuales y sociales en los sesenta. La base de creación poética de Ángel González.

  • Su actitud es sobre todo social: comparte las peripecias con los ciudadanos que sufrieron las mismas preocupaciones y angustias en su época, sin posibilidad de conocer el sentido último de la vida, la muerte, lo trascendente, el destino final. El hombre no deja de ser un fracaso ineludible hacia la muerte. Actitud fuertemente existencialista, pero un luchador que ha de seguir viviendo. Muchos poemas con esta interpretación literaria.

  • Función social de la poesía. Se podría resumir que Ángel González está en esa tendencia de un tipo de poesía, no ya como conocimiento o coumnicación, sino más bien como sociopolítica: denuncia de las injusticias de posquerra, con el objetivo de contribuir a su solución; o hay una simple narración cotiiana de lo que ocurre a su alrededor. Enraizar la poesía con los problemas del hombre en su época: fomentar una toma de posición frente a esos problemas.

2. Actitud poética.

  • El individuo y la historia. La poesía de Ángel González podría resumirse como una muestra del camino paralelo entre el individuo y la historia: leyendo al poeta, se podría entender a la sociedad en que vivió, a toda la colectividad de sus contemporáneos. Individuo y sociedad van juntos en la historia que late en los poemas del poeta.

  • Actitudes humanas. Ángel González manifiesta en sus poemas una actitud compasiva ante las personas y ambientes que va conociendo: los marginados, los menos favorecidos por la fortuna, los ambientes socialmente degradados y marginados... Así describe con sentimiento los personajes extraños, curiosos, las situaciones insólitas..

  • La conciencia, la autocrítica... "Un cura dentro..." En ocasiones dijo el propio autor: "Llevo un cura dentro de mí que me echa enormes riñas cada vez que soy feliz o hago pequeños disparates... Es la materialización del humanismo cristiano que mi madre, desde su perspectiva religiosa, metió en los entresijos de mi infancia, y debe también mucho al humanismo de raíz laica de mi padre, que tenía que ver con el Siglo de las Luces, La Institución Libre de Enseñanza, con la fe en que el hombre y el mundo son perfectibles y que las actitudes éticas tienen siempre una compensación. Toda esta ideología se vino al suelo con la guerra civil. Sin embargo, en mí quedaron esos ideales de conducta y de vida que no han conseguido desaparecer pese a todos los trastazos a que fueron sometidos. Ahí está representándolos ese cura antipático, malhumorado y gruñón, siempre echándome en cara mis fallos"

  • La voz interior de autocensura. Fue la causa de sus conflictos internos a lo largo de su vida: de ahí sus indecisiones, cierta confusión interior, pesimismo, angustia que rezuman algunos poemas: "... para ser Pedro Petrificado Piedra Blanca..." Esta voz interior, aún de forma incosciente, lleva al poeta hacia posturas frecuentes más bien éticas y moralizantes: le obliga a una actuación que él no quiere, contra la que intenta rebelerse, pero ante la que sucumbe casi siempre.

  • Un cierto fracaso, una derrota vivida . El poeta se siente a veces fracasado, viendo tantos fracasos, derrotas, tragedias, que lo van marcando en esas circunstancias adversas que fue viviendo desde la infancia y la adolescencia: revoluciones, dictaduras, guerras. Según García Montero, el poeta, a pesar de su fortaleza, siempre estuvo marcado por su vida en el bando de los vencidos. Pero el desaliento no pudo con él, y hasta le produjo el efecto contrario: fue un superviviente, un luchador: "Hay que ser muy valiente para vivir con miedo".

  • Justicia para todos. Siempre luchó por levantarse tras las derrotas, alzar la voz, denunciar las injusticias y crímenes circundantes. Fue un luchador por un futuro deseable, más justo, por una vida mejor. Siempre defendió en su poesía lo que pensaba, a pesar de aquella voz interior angustiosa que lo frenaba y amordazaba en ocasiones a modo de censura y autocrítica. Su actitud es de lucha por un mundo que cambie, que llegue a ser menos hostil, más habitable

  • Un cierto pesimismo en lucha sin tregua. Siempre estuvo marcado en parte por las consecuencias de la guerra civil y la década de la posguerra. En realidad, fue más bien un realista: simplemente vio lo que estaba ocurriendo a su alrededor, y luchó contra ello, comprobando pocos resultados positivos en toda esa época de los años cuarenta, cincuenta..., sobre todo. Su poesía refleja una experiencia vivida en un medio hostil, pero que consiguió compensar con otras vivencias más positivas, sociales, optimistas.

  • Ilusión y desilusión latentes. Él mismo afirma que es un vitalista decepcionado, a la ilusión previa, sucede la decepción. Ambas actitudes conviven en sus poemas, pero nunca sucumbe a la derrota. Más aún, el fracaso y la derrota le estimulan a seguir la lucha por esas causas perdidas: la realidad nunca vence al deseo. Lo resume un título suyo: Sin esperanza, con convencimiento. Mezcla, por tanto de idealismo, fracaso, lucha ilusionada

  • Sobrevivir al pesimismo con una llama diaria de esperanza. Ángel González siempre estuvo lejos del optimismo puro, del conformismo que lleva a la pasividad, a la apatía; rechaza la poesía hueca, retórica, cultista, estéril. Prefiere la poesía que refleja al hombre en su circunstancia vital, fracasado tantas vaces. Pero siempre hay un rescoldo de esperanza: "Donde pongo la vida pongo el fuego..."

  • Inconformismo y compromiso. El poeta fue siempre un hombre comprometido en lo social y en lo político, con una actitud luchadora, empeñado en la concienciación de los demás, ante un mundo lleno de tantos estragos, injusticias, abusos...

  • La dialéctica acritud / belleza. El mundo es áspero, pero contrasta con la dulzura y sensibilidad que en él brotan con frecuencia: la hermosura emerge de tanta aspereza, ignomimia, opresión. A veces hasta da gracias por haber nacido. A pesar de tantas adversidades, el poeta disfrutaba de la vida.

3. Los temas.

  • Experiencias personales, de la vida cotidiana: la ciudad, las amistades, un amor, el recuerdo nostálgico de la infancia, de la familia, el fluir del tiempo.

  • Su protesta, su inconformismo ante un mundo plagado de injusticias, de dolor, de insolidaridad..., en un tono irónico, cargado de escepticismo que les aleja de la poesía social.

  • El recuerdo de la Guerra Civil (que vivieron de niños), la pobreza y el ambiente asfixiante de la posguerra, impregnan también su poesía de protesta que, gracias a la ironía y a los elementos simbólicos, consigue burlar la censura

  • Conciencia de aislamiento, de soledad, desarraigo, inconformismo...

  • El humanismo existencialista: su preocupación por el sufrimiento del pueblo ante la injusticia social, la represión política, la fragilidad del amor...

  • La soledad radical del hombre, siempre enfrentado al poder, al deber, a las normas sociales establecidas por las clases dominantes, los poderes sociales..

  • La temporalidad de lo que existe: todo es efímero, pasajero...

  • La solidaridad humana, como objeto de progreso y de esperanza .

  • Necesidad de expresar verbalmente el amor, las sensaciones diversas....

4. El estilo.

  • Se podría decir que la poesía de Ángel González tiene un lenguaje comprometido, y al tiempo muy pulido y trabajado: palabra sobre palabra, puro lirismo cargado de sensaciones humanas

  • Un estilo sencillo, a veces coloquial, pero fruto de una consciente labor de depuración, de una búsqueda de la exactitud y la precisión de la palabra, y de la belleza del lenguaje. .

  • El poeta escribe cuando está en desajuste con el mundo, como él mismo dice, no cuando está contento, con alegría. A lo largo de su obra, el poeta se deshace de aquella voz interior que, a modo del cura imaginado, le angustiaba en censura y autocrítica. Al final, él mismo reconoce momentos de felicidad, en esa continuada lucha amorosa con el mundo circundante

  • El uso de la palabra (la poesía) como instrumento para transformar el mundo injusto: la denuncia social pacífica, la ironía, la metáfora aguda... .

5. Los recursos expresivos

  • La ironía. Indicación de una idea mediante otra contraria que la resalte: tiene un efecto de reacción inmediata en el lector, cuando la capta. Es una forma de decir, sugerir, criticar..., inteligente, amena, popular...

  • La sátira. Forma de criticar, poner en ridículo a alguien, sin demasiada claridad directa.

  • El sarcasmo. Forma aguda de ironía, burla, crueldad en ocasiones: única manera de hacerse oir en ocasiones, de que algunos se den por aludidos.

  • El humor. Forma graciosa de decir algo, con ironía, pero sin acritud: hace la lectura más amena, y la crítica más llevadera.

  • El patetismo de escenas sugestivas. Forma de representar las cosas con aspecto trágico, pesimista, derrotista....

  • El paralelismo sintáctico: frases que se corresponden en su estructura de manera total o parcial; facilitan la lectura y refuerzan las ideas al repetirse de alguna manera en la expresión oracional.

  • El contraste entre lo real y lo ideal, la antítesis frecuente, la paradoja: la coexistencia de contrarios, de realidades complementarias, de situaciones aparentemente incompatibles, pero con sentido en una situación concreta..

  • La reiteración de ideas, léxico de un mismo campo: los distintos aspectos de cada palabra aclaran y refuerzan la idea general a expresar.

  • La acumulación enumerativa: insistencia en un tema: resumen para el lector los pensamientos expuestos por el autor hasta un punto de lectura.

  • La conclusión englobadora: resumen de ideas precedentes: explican brevemente ideas expuestas antes de manera más amplia y dispersa.

  • La técnica parentética: poner entre paréntesis precisamente lo más importante, a diferencia de sus usos comunes (todo lo contrario).

B. Algunos poemas más representativos

El campo de batalla

Hoy voy a describir el campo
de batalla
tal como yo lo vi, una vez decidida
la suerte de los hombres que lucharon
muchos hasta morir,
otros
hasta seguir viviendo todavía.

No hubo elección:
murió quien pudo,
quien no pudo morir continuó andando
los árbóles nevaban lentos frutos,
era verano, invierno, todo un año
o más quizá: era la vida
entera
aquel enorme día de combate.

Por el oeste el viento traía sangre,
por el este la tierra era ceniza,
el norte entero estaba
bloqueado
por alambradas secas y por gritos,
y únicamente el sur,
tan sólo
el sur,
se ofrecía ancho y libre a nuestros ojos.

Pero el sur no existía:
ni agua, ni luz, ni sombra, ni ceniza
llenaban su oquedad, su hondo vacío:
el sur era un enorme precipicio,
un abismo sin fin de donde,
lentos,
los poderosos buitres ascendían.

Nadie escuchó la voz del capitán
porque tampoco el capitán hablaba.
Nadie enterró a los muertos.
Nadie dijo:
«dale a mi novia esto si la encuentras
un día».

Tan sólo alguien remató a un caballo
que, con el vientre abierto,
agonizante,
llenaba con su espanto el aire en sombra:
el aire que la noche amenazaba.

Quietos, pegados a la dura
tierra,
cogidos entre el pánico y la nada,
los hombres esperaban el momento
último,
sin oponerse ya,
sin rebeldía.

Algunos se murieron,
como dije,
y los demás, tendidos, derribados,
pegados a la tierra en paz al fin,
esperan
ya no sé qué
-quizá que alguien les diga:
«amigos, podéis iros, el combate...»

Entre tanto,
es verano otra vez,
y crece el trigo
en el que fue ancho campo de batalla.

***

Ciudad cero

Una revolución.
Luego una guerra.
En aquellos dos años que eran
la quinta parte de toda mi vida ,
ya había experimentado sensaciones distintas.
Imaginé más tarde
lo que es la lucha en calidad de hombre.
Pero como tal niño,
la guerra, para mí, era tan sólo:
suspensión de las clases escolares,
Isabelita en bragas en el sótano,
cementerios de coches, pisos
abandonados, hambre indefinible,
sangre descubierta
en la tierra o las losas de la calle,
un terror que duraba
lo que el frágil rumor de los cristales
después de la explosión,
y el casi incomprensible
dolor de los adultos,
sus lágrimas, su miedo,
su ira sofocada,
que, por algún resquicio,
entraban en mi alma
para desvanecerse luego, pronto,
ante uno de los muchos
prodigios cotidianos: el hallazgo
de una bala aún caliente,
el incendio
de un edificio próximo,
los restos de un saqueo
papeles y retratos
en medio de la calle...
Todo pasó,
todo es borroso ahora, todo
menos eso que apenas percibía
en aquel tiempo
y que, años más tarde,
resurgió en mi interior, ya para siempre:
este miedo difuso,
esta ira repentina,
estas imprevisibles
y verdaderas ganas de llorar.

***

Me falta una palabra

Me falta una palabra, una palabra
sólo.
Un niño pide pan; yo pido menos.
Una palabra dadme, una sencilla
palabra que haga juego
con...
Qué torpes
mujeres sucias me interrumpen
con su lento
llorar...
Comprended: cualquiera de vosotros,
olvidada en sus bolsos, en su cuerpo,
puede tener esa palabra.
Cruza más gente rota, llegan miles
de muertos.
La necesito: ¿No veis
que sufro?
Casi la tenía ya y vino ese hombre
ceniciento.
Ahora...
¡Una vez más!
Así no puedo.

***

La palabra

Igual que un pájaro
salta desde una rama,
de ese modo
surgió en el aire limpio de aquel día
la palabra:
amor.
Era
suficiente.
Pronunciada primero,
luego escrita,
la palabra pasó de boca en boca,
siguió de mano en mano,
de cera en pergamino,
de papel en papel,
de tinta en tinta,
fue tallada en madera,
cayó sobre las láminas
olorosas y blancas,
y llegó hasta nosotros
impresa y negra, viva
tras un largo pasaje por los siglos
llamados de oro,
por las gloriosas épocas,
a través de los textos conocidos
con el nombre de clásicos más tarde.
Retrotraerse a un sentimiento puro,
imaginar un mundo en sus pre-nombres,
es imposible ahora.

***

Aquí, Madrid, mil novecientos

Aquí, Madrid, mil novecientos
cincuenta y cuatro: un hombre solo.

Un hombre lleno de febrero,
ávido de domingos luminosos,
caminando hacia marzo paso a paso,
hacia el marzo del viento y de los rojos
horizontes -y la reciente primavera
ya en la frontera del abril lluvioso...-

Aquí, Madrid, entre tranvías
y reflejos, un hombre: un hombre solo.

-Más tarde vendrá mayo y luego junio,
y después julio y, al final, agosto-.

Un hombre con un año para nada
delante de su hastío para todo.

***

Introducción a las fábulas
para animales

Durante muchos siglos
la costumbre fue ésta:
aleccionar al hombre con historias
a cargo de animales de voz docta,
de solemne ademán o astutas tretas,
tercos en la maldad y en la codicia
o necios como el ser al que glosaban.
La humanidad les debe
parte de su virtud y su sapiencia
a asnos y leones, ratas, cuervos,
zorros, osos, cigarras y otros bichos
que sirvieron de ejemplo y moraleja,
de estímulo también y de escarmiento
en las ajenas testas animales,
al imaginativo y sutil griego,
al severo romano, al refinado
europeo,
al hombre occidental, sin ir más lejos.
Hoy quiero y perdonad la petulancia
compensar tantos bienes recibidos
del gremio irracional
describiendo algún hecho sintomático,
algún matiz de la conducta humana
que acaso pueda ser educativo
para las aves y para los peces,
para los celentéreos y mamíferos,
dirigido lo mismo a las amebas
más simples
como a cualquier especie vertebrada.
Ya nuestra sociedad está madura,
ya el hombre dejá atrás la adolescencia
y en su vejez occidental bien puede
servir de ejemplo al perro
para que el perro sea
más perro,
y el zorro más traidor,
y el león más feroz y sanguinario,
y el asno como dicen que es el asno,
y el buey más inhibido y menos toro.
A toda bestia que pretenda
perfeccionarse como tal
                                                  ya sea
con fines belicistas o pacíficos,
con miras financieras o teológicas,
o por amor al arte simplemente
no cesaré de darle este consejo:
que observe al homo sapiens, y que aprenda

***

El derrotado

Atrás quedaron los escombros:
humeantes pedazos de tu casa,
veranos incendiados, sangre seca
sobre la que se ceba -último buitre-
el viento.

Tú emprendes viaje hacia adelante, hacia
el tiempo bien llamado porvenir.
Porque ninguna tierra
posees,
porque ninguna patria
es ni será jamás la tuya,
porque en ningún país
puede arraigar tu corazón deshabitado.

Nunca -y es tan sencillo-
podrás abrir una cancela
y decir, nada más: «buen día,
madre».
Aunque efectivamente el día sea bueno,
haya trigo en las eras
y los árboles
extiendan hacia ti sus fatigadas
ramas, ofreciéndote
frutos o sombra para que descanses.

***

Bosque

Cruzas por el crepúsculo.
El aire
tienes que separarlo casi con las manos
de tan denso, de tan impenetrable.
Andas. No dejan huellas
tus pies. Cientos de árboles
contienen el aliento sobre tu
cabeza. Un pájaro no sabe
que estás allí, y lanza su silbido
largo al otro lado del paisaje.
El mundo cambia de color: es como el eco
del mundo. Eco distante
que tú estremeces, traspasando
las últimas fronteras de la tarde.

***

Canción de amiga

Nadie recuerda un invierno tan frío como éste.

Las calles de la ciudad son láminas de hielo.
Las ramas de los árboles están envueltas en fundas de hielo.
Las estrellas tan altas son destellos de hielo.

Helado está también mi corazón,
pero no fue en invierno.
Mi amiga,
mi dulce amiga,
aquella que me amaba,
me dice que ha dejado de quererme.

No recuerdo un invierno tan frío como éste.

***

Empleo de la nostalgia:
Procedimientos narrativos
(1972)

“Amo el campus
universitario,
sin cabras,
con muchachas
que pax
pacem
en latín,
que meriendan
pas pasa pan
con chocolate
en griego,
que saben lenguas vivas
y se dejan besar
en el crepúsculo
(también en las rodillas)
y usan
la cocacola como anticonceptivo.

                Ah las flores marchitas de los libros de texto
finalizando el curso
                            deshojadas
cuando la primavera
se instala
en el culto jardín del rectorado
                            por manos todavía adolescentes
y roza con sus rosas
                            manchadas de bolígrafo y de tiza
el rostro ciego del poeta
                            transustanciándose en un olor agrio
                            a naranjas

Homero
                            o semen

                  Todo eso será un día
                  materia de recuerdo y de nostalgia.
                  Volverá, terca, la memoria
                  una vez y otra vez a estos parajes,
                  lo mismo que una abeja
                  da vueltas al perfume
                  de una flor ya arrancada:

                  inútilmente.

                  Pero esa luz no se extinguirá nunca:
                  llamas que aún no consumen
...ningún presentimiento
puede quebrar ]as risas
                  que iluminan
                  las rosas y ]os cuerpos
y cuando el llanto llegue
                  como un halo
los escombros
la descomposición
                  que los preserva entre las sombras
                  puros
no prevalecerán
serán más ruina
                    absortos en sí mismos
y sólo erguidos quedarán intactos
todavía más brillantes
                    ignorantes de sí
esos gestos de amor...
                    sin ver más nada”.
.

***

¿Cómo seré...

¿Cómo seré o
cuando no sea yo?
Cuando el tiempo
haya modificado mi estructura,
y mi cuerpo sea otro,
otra mi sangre,
otros mis ojos y otros mis cabellos.
Pensaré en ti, tal vez.
Seguramente,
mis sucesivos cuerpos
-prolongándome, vivo, hacia la muerte-
se pasarán de mano en mano
de corazón a corazón,
de carne a carne,
el elemento misterioso
que determina mi tristeza
cuando te vas,
que me impulsa a buscarte ciegamente,
que me lleva a tu lado
sin remedio:
lo que la gente llama amor, en suma.

Y los ojos
-qué importa que no sean estos ojos-
te seguirán a donde vayas, fieles.

 

Ver en algunos versos
los temas más recurrentes en sus libros
(II)

Más información sobre Ángel González
http://www.ucm.es/info/especulo/numero35/agonza.html

 
 

Otros apuntes, esquemas,
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