Costumbres, tradición, gastronomía, trabajos rurales, vida vaqueira, saber popular

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VINOLEUM
El agua, el aceite y el vino
En la Sierra de Alcaraz

Por el poder de una palabra , escribe el poeta. La Palabra. Un día se hizo el verbo y el hombre pudo comunicarse con sus semejantes. La palabra en la hermosa simbiosis del significado y del significante. La palabra humana que se hizo verso, por vez primera, cuando Adán, a la sombra de un olivo, le dijo a nuestra madre: " Tú eres amor mío, carne de mi carne, mientras degustaban un racimo de uvas. Desde entonces, la palabra escrita sobre tablillas de cera, papiros y pergaminos con punzones, cálamos y plumas de ave fue la transmisora de la historia, los acontecimientos y el sonido hecho verso a través de los siglos hasta nuestros días.

Qué deleite para el alma es adentrarse en un bosque. Sentir el pálpito de los árboles y cómo la sangre verde corre en silencio por sus troncos y enramadas. Escuchar el susurro del viento; palpar la seda del musgo que trepa buscando el cielo; oír las raíces que susurran a los pies del caminante gimiendo por un rayo de luz; atisbar la vida del animal silvestre y entre las sombras vislumbrar los ojos de la noche. En verdad que los árboles conocen los misterios de la tierra.

"Levantóse en esto un poco de viento y las grandes aspas comenzaron a moverse, lo cual visto por Don QuiXote, dijo: -Pues aunque mováis más brazos que los del gigante Briareo, me lo habéis de pagar." Y las palas se mueven con cadencia "una y otra vuelta y otra más- transformando el viento en energía, mientras que la vid "ante el milagro de la primavera- desea estar presta para alumbrar los primeros brotes. El vino comienza a recorrer las entrañas de las cepas.

Y al fin se sirvió el vino para ser degustado en fino vidrio de Bohemia tan reluciente y limpio cual rayo de sol desnudo al alba. La cata de un vino es estudiar, definir, juzgar y clasificar "con amor y un cúmulo de sutilezas- su intimidad. Se pretende vislumbrar y describir "como el arcano del sexo de los ángeles- las sensaciones percibidas en su degustación: sabores, texturas, esencias, perfumes, colores y " hasta su cincelado cuerpo de bailarina. Las lágrimas del vino resbalando por el cristal son como los efluvios del rocío perfumado por frutas y flores silvestres.

Y un atardecer "cuando Helios recogía sus postreras hebras para un canasto- oí como el alma del vino cantaba en las botellas. Era una balada llena de luz y de ambrosía que llenaba de amor y regocijo el corazón de hombres y mujeres. ¡Oh efluvio de la uvas, hijo sagrado del sol y de la gleba!

¿Se sentó alguna vez el caminante a la orilla de un arroyo para sentir su rumor y acariciar la piel del agua? No hay nada más bello ni reconfortante para el espíritu. Se cierran los ojos que miran a este mundo y se abren a ese otro mundo que llevamos dentro. Fluye la vida corriente abajo camino de la mar que es el vivir. Arrastran los aluviones y los cantos rodados "cual racimos de uva- páginas de historia y de leyendas. La vida misma.

Y luego de trotar ladera abajo, por hoces o por valles, el agua se serena y recobra su calma. En el espejo de Narciso los árboles se miran. Los chopos y los alisos prestan su verdor; asoman a la luz sus hojas los nenúfares y el viento mece, con su canción de cuna, las espadas de los juncos. Un lugar donde la eternidad susurra un poema al oído del hombre bajo el azul del cielo y el verde de la esperanza.

Lienzos de un éter encendido y las enramadas en plena primavera trasminan los ecos y las sombras y se quedan prendidos sus colores sobre la piel del agua. La paleta de un pintor invisible impregna con sus óleos los rizos y las ondas. Impresiona el artista con sus pinceles fantasía y caprichos. La piedra madre es un silente espectador que siente la caricia de las aguas y el inocente paso de la mariposa de las alas verdes.

¡Cómo cantan nuestras fuentes! No hay voz humana ni trino de ave desconocida que tengan parecido a sus requiebros. Cada una entona una copla diferente. ¡Qué bálsamo de aceite puro y virgen! ¡Qué balada acuática siempre entonando la canción del olvido y aquella que atrae a las ninfas para peinarse, en la noche de San Juan, sus cabellos dorados. Y siempre fue así desde la noche de los tiempos: el agua, el vino y el óleo. Fuentes de la vida.

Puentes tendidos sobre las aguas en el abrazo eterno de las dos orillas. Que la linfa no haga de frontera entre los pueblos. Hoy aquí, mañana al otro lado y eternamente peregrino buscando las fuentes que alimentan la verdad de la vida. Ántropos es un alma que cruza, camina y asciende por la invisible alfaguara del tiempo. Si al alba de una amanecida al hombre le faltara el agua sus días estarían contados. Dejaría de ser.

La harina del cielo cae menuda y pausada cubriendo las manos blancas del invierno laderas y bancales. El manto azul de la niebla envuelve de rasos y algodones valles y montañas. También en el silencio de estos días la trinidad se hace misterio: el agua se hace vidrio y los carámbanos adornan la piedra y los tejados; duerme el vino en las raíces de las cepas y madura la oliva entre las ramas mientras la flor del almendro abre sus alas ante el milagro que se avecina.

No es leche derramada por las ubres de un rebaño de cabras nodrizas dentro de cántaras y lebrillos. Así, de clara y cristalina, es sencillamente el agua. Un bien común sagrado. A orillas de una cascada o torrentera siéntese el caminante para escuchar relatos y leyendas. El alma se mece y termina por dormirse. Entre los versos y los rizos de la linfa tal vez aparezca el recuerdo de aquellos que carecen del líquido elemento y la meditación trascendental acude al tálamo: sed de labios y de tierras.

Y las enaguas y encajes de los témpanos y de la nieve cubren de nuevo los olivos. Vuelve el tiempo del silencio blanco en inviernos solitarios y sin luz con su lenguaje helado y pardo. Viejo invierno de lentitud de bueyes que caminas a nuestro lado inundándonos de sombras y tristeza. Sólo hay vida en la bermeja baya del acebo, en el verde enlutado de la oliva y en la palabra muda del trigo sepultado. Pero mayo está ahí en el mismo rincón donde dormita el arpa.

Y en estas que la oliva está en sazón y es tiempo del "ordeño". Los olivares están colmados y los aceituneros separan con sus varas el fruto de la rama madre. Mucho tiempo han convivido juntos pero hora es de hacerse manjar su efluvio transparente; simbiosis de un rayo de sol y una esmeralda. La balada del óleo recorre el valle. Hombres y mujeres, en grupos divertidos y un babel de voces, desbordan las canastas. Es la vendimia del aceite. Son gentes sencillas que no solicitan grandes complacencias ni favores a la vida. Ellos saben, cual labriego de casta, que no es más feliz el que más tiene, si no el que menos necesita. Así, como el olivo mismo desprovisto del fruto. Ligeros de equipaje.

La luz del cielo es un enigma que ilumina el prodigio. Como la vida misma. Se diría que con la nieve en las cumbres y la silente quietud que trasmina la sierra -entre la savia verde del olivo y el cantil erosionado del roquedo- duda ántropos en percibir la dicotomía luminaria: ¿Se expanden los destellos del astro rey anunciando el día o, por el contrario, atardece el crepúsculo en tarde de otoño invitando a la meditación: ¿Has visto cómo declinan las hebras de la luz hacia la nada? Así se van todos los días las almas a la eternidad. El hombre es tiempo y el tiempo todo lo arruina. Un día, aquel rayo pleno de agua, vino y aceite; es decir tú, también se apagará. Mientras ello ocurre: "carpe diem" Vive y bebe el mosto de la vida, ama, ríe y sé feliz.

Han temblado con los primeros silbos de los vientos y las que más aman el alba y la aventura han vuelto a la tierra. Las olivas más perezosas han de ser vareadas por los hombres; incluso los artefactos mecánicos se encargan de sacudirlas hasta que en el árbol sólo quede el recuerdo. Un tapiz multicolor cubre lonas y gleba. El paso apacible de las mulas y sus herraduras hincándose en el surco es pura melancolía y los bravos animales fueron reemplazados por las máquinas que arrastran el fruto camino de la almazara. Es el final de un adiós. El último beso, el postrer abrazo del olivo y la tierra. Pronto su zumo se convertirá en aceite virgen.

Las entrañas del animal están abiertas y pende al sereno cual péndulo del tiempo. La lumbre sagrada ha sido encendida y sobre ella la olla para hervir el agua que inunda de vapor y de magia la vieja estancia rural. Despiezada con esmero y arte-sano, la carne rosada se irá convirtiendo en embutidos y preciados manjares con la ayuda del viento, la sal, el aceite, el pimentón y otras especias. En cada bocado, el vino pondrá en el paladar la esencia de la tierra. "Y poniendo piernas al Rocinante, y terciando su lanzón, se salió de la venta, sin que nadie le detuviese"

La luz del cielo es un enigma que ilumina el prodigio. Como la vida misma. Diríase que con la nieve en las cumbres y la silente quietud que trasmina la sierra -entre la savia verde del olivo y el cantil erosionado del roquedo- duda ántropos en percibir la dicotomía luminaria: ¿Se expanden los destellos del astro rey anunciando el día o, por el contrario, atardece el crepúsculo en tarde de otoño invitando a la meditación: ¿Has visto cómo declinan las hebras de la luz hacia la nada? Así se van todos los días las almas a la eternidad. El hombre es tiempo y el tiempo todo lo arruina. Un día, aquel rayo pleno de agua, vino y aceite; es decir tú, también se apagará. Mientras ello ocurre: "carpe diem" Vive y bebe el mosto de la vida, ama, ríe y sé feliz.

Han temblado con los primeros silbos de los vientos y las que más aman el alba y la aventura han vuelto a la tierra. Las olivas más perezosas han de ser vareadas por los hombres; incluso los artefactos mecánicos se encargan de sacudirlas hasta que en el árbol sólo quede el recuerdo. Un tapiz multicolor cubre lonas y gleba. El paso apacible de las mulas y sus pezuñas hincándose en el surco es pura melancolía y los bravos animales fueron reemplazados por las máquinas que arrastran el fruto camino de la almazara. Es el final de un adiós. El último beso, el postrer abrazo del olivo y la tierra. Pronto su zumo se convertirá en aceite virgen

Y termina el relato pero sigue la vida y la palabra "oral o escrita- como el don más bello del ser humano. Habrá que caminar por sendas y caminos; cruzar cañadas, cumbres, puentes, vías verdes donde crece el olivo; trochas doradas entre los trigales; veredas de sinfonías granates entre las pámpanas de las viñas; riberas amarillas en los chopos del río y níveas en las crestas de la sierra. Pero la vida, como el agua, ha de tener una salida. Siempre. El agua que no fluye se cubre de espuma y se pudre como la mala hierba. Siempre adelante. Mirando a un horizonte donde se nos haga mies el corazón. Un confín cubierto de esperanza allá en la lejanía, pero volviendo, de cuando en vez, los ojos hacia atrás para recuperar aquellos de los nuestros "la estirpe humana sin distinción de razas ni de credos- que se van quedando atrás. Todos juntos de la mano buscando, por la secreta escala, la verdad de cuanto somos y tenemos de sublime. Vale.

CELSO PEYROUX

Periodista y escritor asturiano. Fue profesor en el distrito universitario de Oviedo, Jefe de ordenación, promoción turística y relaciones externas del Gobierno del Principado durante varios años, colaboró en varios proyectos y programas europeos, fue delegado por España de la Comisión Permanente para los "Itinerarios Culturales de la Asamblea de las Regiones de Europa y formó parte del equipo que redactó el anteproyecto de Ley del Patrimonio cultural de Asturias.

Posee una amplia obra publicada en diferentes disciplinas: novela, poesía, cuentos, ensayos y guías turísticas, siendo cuatro de ellas " Declaradas de Interés Turístico nacional ". Es miembro del Real Instituto de Estudios Asturianos, cronista oficial, posee la insignia de oro de los municipios de Morcín (Asturias), Göis (Portugal) y Confolens (Francia) y el Ayuntamiento de Masegoso (Albacete) lo nombró "Hijo adoptivo" por su labor literaria y social.

Vinculado a la sierra de Alcaraz y Campo de Montiel, desde hace diez años, ha publicado el poemario "Los clamores del viento" y dirigido las guías turísticas: "Masegoso, esta tierra que es vuestra" y"Peñascosa, corona de la sierra". La Biblioteca Pública de Peñascosa, Inaugurada por D. José Bono, Presidente del Congreso de los Diputados, el 20 de noviembre de 2009, lleva el nombre de este último libro.

Libro publicado por el SACAM (Sierra de Alcaraz y Campo de Montiel con la participación de la Diputación Provincial de Abacete.

El libro fue presentado en la primavera de 2011 en Salobre (Albacete)

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