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HERMANDAD Y RAÍCES

A Mercedes Rodríguez, in memoriam

  Oí tocar a los grandes violinistas del mundo,
A los grandes "virtuosos"
Y me quedé maravillado.
¡Si yo tocase así! "Como un virtuoso"
Pero sólo un "virtuoso" puede
Ver un día la cara de Dios
(
Leon Felipe)

  Si soy el roble con el viento en guerra,
¿Cómo viví con la raíz ausente?
¿Cómo se puede florecer sin tierra?

Extracto de la charla
de Celso Peyroux en Valdescorriel
(Trabajo completo en PDF)

"Los versos que acabo de leer nos hablan de: roble, viento, lucha, raíces, ausencia, florecer, tierra y de un viejo violín. Noble instrumento al que León Felipe comparaba con la vida. A lo largo de la existencia se tensan, se aflojan se rompen la cuerdas, incluso la caja de rsonancia o el mástil. Al final de la vida todos hemos sido violinistas. Pero muy pocos los virtuosos por su trayectoria vital.

Suficientes elementos para poder con ellos estar dialogando durante toda la velada. Así es la poesía con la palabra precisa y preciosa; armoniosa y rebelde al mismo tiempo. Y son precisamente varios poemas los mimbres con los que he tejido mis palabras. Ellas nos hablan del apego entrañable del lugar donde nos nacieron. Es decir, no podemos vivir sin nuestras raíces, ni hacer de nuestras vidas una florida primavera si no retornamos al lugar donde vimos la luz por primera vez.

Se nos llena el alma de melancolía y necesitamos los teverganos ver cada mañana la Peña Sobia con sus matices multicolores y los vecinos de Valdescorriel el Pico del Moro, Las Canónigas o acercarse al débil murmullo de las aguas del Cea junto al viejo molino.

Nos resulta grato para el espíritu visitar una ermita donde alzar una plegaria y el encuentro con voz de la palabra muda en los labios de un amigo de la infancia, mientras los clamores del viento traen mensajes de tiempos pasados con imágenes de seres queridos.

El roble como árbol de la vida porque sus raíces son sus ramas en la tierra y su enramada las raíces en el viento. La raigambre es la que sustenta el tronco padre y las ramas abiertas a las generaciones venideras. Los druidas eran los depositarios del saber sagrado de nuestros abuelos celtas que guardaban con rigor y entusiasmo las costumbres y creencias de los suyos para luego transmitirlas a los niños. Pues bien, nosotros, amigos, tendremos que volver -de alguna forma- a recuperar sus enseñanzas para trasmitirlas a los que vienen detrás.

Un pueblo sin raíces es una naturaleza muerta; un campo yermo que no tiene vida. Un pueblo que no sabe o que no le dejan armonizar sus costumbres de antaño y el respeto a lo nuestro con los tiempos que corren: algunos medios comunicativos con sus "prensamientos"de poca ética y escasa credibilidad, consolas, vídeos y El Gran Hermano que acaba con la dignidad del hombre apostado ante un televisor. Un voraz depredador que termina con la lectura, la música, el arte, la literatura y el diálogo entre los miembros de la familia.

Hace miles de años, por la secreta escala del tiempo y del espacio descendió una mañana la vida hasta los últimos confines de la tierra y de los mares, y se hizo hombre. Y es que el hombre es un ser digno que caminando junto a otro hombre por los andamios y las fraguas de la Historia podemos ascender con nuestra herencia a lo más alto. Y así, regresar al punto de partida, para elevar la Humanidad al sitio sagrado que le corresponde por lugares donde la luz transita en busca del horizonte amanecido.

No nos limitemos a contemplar nuestras raíces, nuestra idiosincrasia y la herencia de nuestros mayores en los museos, considerando que estos archivos son el legado de nuestros ancestros y de todo cuanto fueron. No fijemos en un sólo día las fiestas y romerías porque hay más días para hablar y trabajar por el solar amado en beneficio de la comunidad.

No convirtamos este espacio sacro -tan lleno de vida y de historia, tan cargado de valores espirituales- en un pueblo dormitorio o en un barrio de chalets "acosados", donde falta la palabra y se ven ojos bizcos y córneas torturadas en el silencio de un verbo cercenado. Porque si falta la voz del ser humano, si falla aquel hombre -cuya palabra era una escritura ante notario-, si desaparece el sexto sentido femenino de nuestras madres y abuelas, si cada uno de nosotros nos refugiamos en el ostracismo individual, habremos perdido nuestras verdaderas raíces, el valor colectivo de lo humano y así lo habremos perdido todo.

Cuanto hagamos en favor de nuestra idiosincrasia, raíces y señas de identidad –tal y como lo estamos haciendo esta tarde y se hará mañana- será un buen signo. Señal de que habremos comenzado una revolución pendiente, incruenta, contestaria, justa y fraterna".

[fragmento...]

Palabras finales

"Y de estas tierras, granero de España de espigas y de vino, a las tierras de la niebla y de las altas cumbres donde hay lugares por aquellos valles donde se oculta el alma. Sitios sagrados y esotéricos que con el simple hecho de poner el pie descalzo sobre la tierra, apoyar la mano sobre el tronco de un árbol o escuchar el silbo y las vibraciones del viento, nos permiten acceder a la dimensión sacra que todo hombre lleva consigo.

El pálpito del corazón del bosque, el canto del agua, la voz de la palabra muda son vehículos que nos transportan -entre el silencio y la meditación- a centros de energía y mundos mágicos insospechados donde fluyó la vida; donde el espíritu se eleva a lo más alto; donde la esencia del dolor solloza en carne viva.

No todos somos capaces de atisbar ese momento encantado pero sí acercarnos a esos sitios mágicos cerrar los ojos, recogerse en el silente vaho que despide la gleba, los efluvios de la linfa sonora de la cascada al abrir sus entrañas contra la piedra y escuchar el latido de aquel mensaje perdido entre las ondas de la alborada o la noche de los tiempos. Luego, en el más quieto silencio, con voluntad, paciencia y esperanza aguardar que la fantasía haga el resto, al tiempo que nos volvemos protagonistas de aquel suceso nunca narrado: del chasquido en el pedernal del primer fuego; del grito angustioso del ángel degollado; de la balada del gallo silvestre; del canto virginal de la doncella del paso entre las rocas; del aullido del lobo de hielo; de las siete palabras de Cristo o del chakra preferido de Shidarta.

El tiempo se nos duerme entre las manos. Es necesario beber y vivir los días como un chorro dorado y oloroso de sidra cuya alma canta en el corazón del viejo tonel de roble. Porque el tiempo -tan vituperado y acusado de comer la vida- también otro día él se morirá. Pero mientras tanto hermandad y convivencia haciendo juntos este recorrido para que permanezca siempre en el corazón de la memoria.

Está amaneciendo en los puertos de Marabio. Nace un nuevo día. Las sombras de la noche se diluyen en una aurora de luz y de gozo. Se vislumbra una mañana espléndida sobre el pueblo de Prado para vivir la vida. Acaba de salir un manojo de hebras doradas sobre un cielo limpio de nubes y un azul etéreo digno de un pincel afortunado. No obstante, como todos los amaneceres, el triunfo de la luz sobre la niebla no resulta fácil.

Desde la ermita de Santa Ana, donde la madre de la Virgen vela por nosotros, se divisa un mundo de rocío y de fragancias. A nuestros pies emerge otro mundo rebosante de olores y promesas. Y allá en lontananza las piedras y las sombras de la Colegiata de San Pedro con su campanario oradando un cielo cargado de lluvia al lado del tejo milenario.

Todo es grandioso pero ante tanta grandeza, el hombre se encuentra empequeñecido. Una mota de polvo en el espacio. Una gota de lluvia. El rizo de una ola en el proceloso océano. Mejor así; el ego del hombre convertido en soberbia y vanidad se despeña ladera abajo y, desnudo, los restos del naufragio se los lleva una alfaguara en precipitada corriente hacia la mar; que es el morir. Mejor disfrutar de la belleza que se abre ante unos ojos incrédulos. Mejor abrir las entrañas del tálamo a la meditación: ¿Dónde estoy? ¿Quién soy? ¿Qué hago aquí? Tal vez –después de quedarse ebrio de tanta soledad sonora y de escuchar el yunque del silencio- mejor sentirse un ave y volar por los valles en busca de la tercera verdad. Cerrar los ojos y soñar que en el país de la vida nos necesitamos unos a otros sin el dorado metal de la codicia: porque hay quienes la avaricia de sus árboles les impiden ver la humildad que anida en el bosque; porque no es más feliz el que más tiene sino el que menos necesita. Volver la mirada hacia dentro para vislumbrar la antorcha que llevamos encendida. Despertar y ser felices haciendo dichosos a los demás. El sol ya alumbra el mundo. Un nuevo día para amar. Un arco iris tendido entre Prado y Valdescorriel lleno de esperanza y los mejores deseos de paz y de amistad.

También a estas tierra como lo hicieran León Felipe y Claudio, llegaron un día los poetas y entre ellos, Alfonso Camín –otro peregrino de oraciones y de versos como lo fuera el violinista de Tábara. Se sentó un tarde de otoño, como esta, en la fría piedra del crucero de la colegiata para escribir un bello poema. Versos profundos sobre un árbol sagrado que amparaba con su enramada todo cuanto veía y escuchaba. Habla también el poeta de raíces y emigrantes. De aquellos que no volvieron más a la noble cuna que los meció:

(Lectura del poema de Alfonso Camín: El Tejo .

La más antigua ermita
Tiene en Teverga un tejo.
Se sabe el siglo que labró la piedra
Mas no la mano que plantó el renuevo…

Y con estos poemas queda, en nombre de la literatura, ungida la hermandad entre Valdescorriel y Prado. Porque este acto literario no son meras palabras vacías. Los versos –dicho queda- son la esencia de la vida capaces de excitar y de guiar el alma por la senda de la perfección. Ánimo y devoción de entrega para llevar a buen fin la obra hermosa que entre manos tenemos. Es decir la comunión y fraternidad entre dos pueblos que habrán de caminar juntos, de ahora en adelante, en lo bueno y en las adversidades. Si no fuera así, sería este acto un terreno yermo y baldío donde las raíces no se expanderían por falta de amor. Los poetas leídos harán de notarios del reino y levantarán acta en pergamino de piel de cordero.

Voy terminando.Y como los últimos serán siempre los primeros o el buen vino, como en los esponsales de Canáan, se sirve en los postres, unas palabras de afecto y gratitud para Mercedes y Tomás.

Ella porque se fue y deja entre nosotros su bondad y recuerdo. Mujer profunda, tevergana de bien. Ejemplo a seguir. Homenaje merecido a su memoria. Él, Tomás de aquí, sí, por tu generosidad para con el pueblo que te vio nacer y para con aquellos que necesitan la mano tendida y solidaria. Como decía León Felipe, sólo aquellos que saben tocar bien el violín verán el rostro de Dios.

Tomás Casado. Eres un buen violinista y por tus hechos te conocerán. Como dice Herminio Ramos, aquí pongo fin a mi sonata de otoño que se compone sobre el pentagrama de la vida y se ejecuta, casi siempre, con el corazón.

Que la luz del bien brille siempre en vuestros ojos, como la vuestra lo hará en los míos.

Gracias

© Celso Peyroux, Cronista Oficial de Teverga
Miembro del Real Instituto de Estudios Asturianos
Teverga / Valdecorriel, Septiembre de 2009

(siguen 10 páginas del trabajo completo en PDF)

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