Costumbres, tradición, gastronomía, trabajos rurales, vida vaqueira, saber popular

Haití, mon amour,
de Celso Peyroux

presentación por
JOSÉ MARÍA RUILÓPEZ
www.escritoresdeasturias.es
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Gijón, 17–3–2012, 17,30 h.
Centro de Cultura Antiguo Instituto.
CCAI (Sala de conferencias).
c/ Instituto 21. GIJÓN

Celso Peyroux, con una dilatada carrera literaria y periodística, ha tocado casi todos los géneros literarios. En lo geográfico podríamos decir que empezó su periplo creativo durante su estancia en Francia, siendo todavía muy joven, donde hizo estudios lingüísticos en la Universidad de Potiers, y obtuvo la diplomatura por la Escuela Normal Superior de Saint Cloud, en París. Además de acopiar otras experiencias variadas y enriquecedoras. Allí se inicia en la literatura con su libro de ensayo “La canción francesa a través de los años”, publicado en el año 1976. Al que le sigue “Avec un poète a la recherche de la liberté”.

En un tiempo de maduración creativa y de definición de un planteamiento literario, que derivó hacia lo más próximo, es decir, hacia su tierra tevergana, y una vez pasada la experiencia francesa, y buscando esa prolongación creativa en su lugar de nacimiento en el concejo de Teverga, para luego ir abriendo espacios y conociendo otros modos de vida. En esos inicios en los que se movió entre lo literario y lo periodístico, publicó “Teverga, historia y vida de un concejo”, hace algo más de treinta años, donde desgrana de modo pormenorizado una realidad social, laboral, geográfica y popular de ese Concejo, en lo que sería la primera obra de este tipo y sobre este territorio asturiano. Continuando su investigación con “Sombra del camino”, o “Las palabras que quedaron mudas”, ambos libros tratando acerca de otros autores de Teverga.

En su curiosidad periodística investiga el pasado más tormentoso de la Asturias de posguerra, que luego refleja de modo novelado en “La sombra de un dios ausente” y “Hasta que en el cielo toquen las aves”. Todo esto después de haber publicado “Alba poética”, su primera incursión en la poesía, al que seguirían otras publicaciones en esta disciplina. Pero luego da un salto geográfico en sus aspiraciones investigadoras, y después de la experiencia Francesa, y haber mostrado al mundo su tierra tevergana, publica un poemario sobre la Sierra de Alcaraz, en un trabajo de curiosidad periodística y de expresión poética, con un prólogo del entonces Presidente de Castilla La Mancha , José Bono Martínez.

Es este el momento en que se le presenta a Celso Peyroux la oportunidad de saltar el Atlántico para recabar en Haití. Cuando me comentó esta oportunidad, fui de los primeros que lo animé, no sin antes prevenirle de las características especiales del Caribe, no en vano yo he viajado una docena de veces a esa zona geográfica, para que tuviera en cuanta algunos pormenores importantes del lugar, como son el clima con sus altas temperaturas, la gran humedad, el ruido circundante, el polvo de algunas vías, las enfermedades tropicales, el sol plomizo, los aguaceros desbocados, los vientos ciclónicos, la pobreza que embarga a muchas de esas regiones, la diferencia racial, la ralentización del ritmo de vida a que te obliga una climatología inhabitual, el impacto emocional que provoca el choque por el conocimiento de sociedades diferentes, al hacer ese ejercicio de comparación de la vida española con la de estos países, que está tan depauperada, y todo esto acrecentado por una situación peculiar de Haití, que, como sabemos, ya era antes del terremoto, el país más pobre de la región, y tras él, todavía languidece intentando sobreponerse.

Cuando ocurrió aquella catástrofe natural, al ver a las potencias mundiales económicas cómo se volcaron con este pequeño país, pensamos que era el momento en que Haití podía abandonar definitivamente una precariedad social absoluta, para empezar un camino de recuperación. Nuestro optimismo estaba basado en las grandes sumas de dinero que se ofrecieron, y la cuantiosa ayuda que se envió en las primeras semanas del seísmo. Nunca se nos ocurrió pensar que esa reacción tan positiva de los grandes países del llamado primer mundo, fuera solo una plataforma para dar, únicamente, una imagen falsa de su gran humanidad, de su gran sentido de la justicia social y de su empeño en acabar con las miserias de este pequeño país caribeño.

Todo esto lo fuimos descubriendo tiempo después, cuando las ayudas prometidas no acababan de llegar y las promesas iniciales se convirtieron en silencios posteriores. Para colmo, el pasado 24 de febrero se produjo la dimisión del Primer Ministro Garry Conille, en lo que es una prolongación de anormalidades políticas y administrativas internas, con todo lo que esto significa de retraso y colapso social.

Llegado a este punto, aparece “Haití mon amour”, el libro que ahora nos ocupa, y que llega con una clara intención de denuncia. Y Celso Peyroux, no solo denuncia, sino que da pautas de comportamiento para encauzar el progreso en educación, mercado interior, estructura del Estado, igualdad de oportunidades, reestructuración de la enseñanza universitaria, formación profesional, la sanidad, agricultura, medio ambiente, vivienda, y muchos otros aspectos proclives a la mejora para que un país pueda desarrollarse.

A lo largo del libro destaca ese compromiso humano y estético de su encuentro con los niños, que son siempre como la portada festiva de un libro escrito con el rigor de la miseria en su interior. Porque son ellos los que ponen ese toque de alegría, de indiferencia ante un entorno rebelde, y viven la ingenuidad de sus pocos años unida a una cierta aceptación de un destino maligno. Celso Peyroux refleja con puntuales relatos estos encuentros, unas veces festivos, otras que embargan al autor de tristeza ante tanta dificultad circundante y con tan pocas posibilidades de solución al alcance de la mano, para poder ofrecerlas y paliar en lo posible las necesidades, siquiera mínimas, de esa nueva generación de haitianos de futuro incierto.

En el capítulo “Mujer negra con fresas en la boca”, el autor manifiesta su admiración por la mujer haitiana. Empieza con una cita de Espronceda: “Tú eres mujer un fanal/ transparente de hermosura”. Y la describe de modo poético: “pelo negro que surge por toda la cabellera con orden de cañas de azúcar paralelas o al libre albedrío que terminan casi siempre en lazos blancos o multicolores que forman, de manera caprichosa, un arco iris que besan tupidos vergeles en la sombra. Ojos alegres amparados por largas pestañas y amplias cejas que da gusto mirar y produce ambrosía”. Un capítulo que al final se convierte en una loa a la mujer en general.

Pero este recorrido haitiano para el autor no son solo visiones idílicas depositadas en bellos cuerpos femeninos, porque de pronto se topa con otra realidad, donde la cordura está ausente y donde el abandono absoluto reina por doquier. Es una especie de centro psiquiátrico, donde se alojan enfermos mentales cuyas condiciones de vida son desastrosas y hacen que al autor le lleguen recuerdos de infancia cuando los que él llama visionarios, deambulaban por los Concejos asturianos.

Es conocida la afición y la capacidad para la práctica del deportiva de Celso Peyroux. Cuando adolescentes en más de una ocasión disputamos un esprint en bicicleta o subimos al puerto de Ventana o al alto del Naranco. Donde no he podido asistirle es en el fútbol, disciplina que conoce bien y que le sirve para organizar competiciones futbolísticas en esa tierra que visita, y a pesar de la precariedad de los medios, consigue dar una cierta normalidad al momento histórico de este país maltratado.

En el capítulo “la odisea por carretera jamás contada” Celso Peyroux narra la peripecia viajera por rutas de tierra, atestadas de vehículos de todas las categorías, con gente que transita usando los más diversos medios de transporte, que acarrean enseres, mujeres que llevan niños a la espalda, y hombres que empujan pesados artilugios. Cuenta el autor la costumbre que tiene la gente de recostar la cabeza sobre el hombro del vecino de asiento en un autobús público, o sentarse sobre las rodillas de otro viajero para mitigar la fatiga. Todo lo que indica, no solo el cansancio del momento de unos seres que buscan la supervivencia de las mil formas posibles, sino que muestran el agotamiento de una situación de años enquistada de miseria y abandono, que a fuerza de soportar las mismas limitaciones cada día, acaban pensando que ese tipo de vida forma parte del destino, que es una maldición o que son víctimas de algún maleficio religioso.

Celso Peyroux hace hincapié en la labor que llevan a cabo las Hermanas Vedrunas y Mensajeros de la Paz. Instituciones religiosas que se esfuerzan por repartir pan, fe y conocimientos a estas poblaciones marginadas. Como si estuviéramos todavía en la época de la conquista. Como si no hubieran pasado más de 400 años del encuentro de los españoles con aquellas regiones.

A lo largo del libro el autor deja patente su acusación. Los protagonistas de las fotos que lo ilustra y el texto que lo explica abundan en muestras de una realidad fracasada de un país que sigue donde estaba antes del terremoto a pesar de las buenas intenciones, de los esfuerzo de los cooperantes y de los libros que lo denuncian como el que nos ocupa en esta presentación.

Hay que afrontar el libro “Haití mon amour” desde el conocimiento del autor y su capacidad periodística para presentar una realidad social más allá del atlántico como un rescoldo de esperanza que no se debe dejar que se apague. Un libro que pretende mantener la llama encendida del compromiso con un país arrasado por muy diversas circunstancias, que mantuvo en vilo a todo el mundo en el momento culminante del terremoto pero que su actualidad se ha ido desvaneciendo lentamente. “Haití mon amour” llega con una pretensión clara de actualizar el recuerdo.

Muchas personas vivimos vidas con poca proyección exterior. Una vida circunscrita a la convivencia conyugal, recuerdo de los padres, la tutela de los hijos, la charla con algunos amigos, el laboreo junto a los colegas y poco más. Los libros dan la opción de salir de forma mental de esta cierta monotonía de diario, de vivir otros mundos, de entrar en diferentes culturas, de toparse con distintas realidades, de sorprenderse con novedosas conductas. Es una forma de superar la rutina de lo de siempre. Poca gente es capaz de conocer en su propia realidad geográfica otros mundos, cruzar fronteras lejanas, y enfrentarse a convivencias llamativas y nuevas.

Por eso en los libros se puede encontrar todo esto. Y en este libro que hoy nos ocupa se puede encontrar todo lo que ya he dicho anteriormente. Y nos ayudará a introducirnos en un ámbito social y geográfico desconocido para nosotros, y nos ayudará a reflexionar sobre la vida ajena en otras latitudes tan dispares, pero, a su vez, tan próximas. “Haití mon amour” nos abre la puerta a una comunidad social para la reflexión y el afecto, aunque sea desde la distancia, aunque sea sin paladear sus sabores, ni oler sus perfumes y sus miserias, pero con la suerte de contar con el texto de Celso Peyroux que nos aproximará mucho a todo esto, y además, sin movernos de casa. Muchas gracias.

Presentación
en el Club de Prensa de la Nueva España

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