Costumbres, tradición, gastronomía, trabajos rurales, vida vaqueira, saber popular

"Apacentando amores y corderas,
¡qué vida más pacífica la mía,
si no hubiera jamás esa sequía
que impide hierbear las primaveras"

(Miguel Hernández)

Gustavo, pastor de Ariu

Motivación toponímica:
algunos animales domésticos
entre los nombres de lugar.
Zootoponimia.
Las cabras en el paisaje

Extracto del trabajo publicado en
Rev. BIDEA, nº 139 (pp. 45-68). Oviedo, 1992.
Julio Concepción Suárez.

Artículo especialmente dedicado
a Gustavo:
inolvidable pastor de Ariu,
gran conocedor de aquellos encrespados
riscos sobre El Cares,
con quien uno puede caminar más que tranquilo,
aún entre la nublina más ciega,
colgada de aquellos precipicios.

Todo un impagable privilegio
caminar con pastores como Gustavo,
Toño, Pedrín, Berto...,
por Los Picos:
Vega de Ario, Moandi, Vegamaor, Aliseda, Las Juentes,
Estremeru, El Rejayón de la Jayada,
El Jou la Cistra, La Cabeza la Forma,
El Jou l'Agua, El Jultayu ...

¡Que nunca nos falten los pastores en las montañas...!
Ellos y ellas son todo un patrimonio regional,
hoy muy injustamente castigados,
por intereses más que politizados,
al servicio de unos pocos,
como siempre.

Son los verdaderos guías entre las nieblas más ciegas.
Un completo diccionario oral de topónimos y palabras rurales.
El saber inmemorial de las montañas
.


(siempre con la vista tendida al horizonte,
tras el ganado )

Cabras pe las penas, en el lenguaje de los pastores

Varios son también los nombres que documentan, de alguna forma, el ganado cabrío encaramado hasta los mismo riscos de las penas más escarpadas. Los topónimos comienzan ya en las afueras de los poblados y terminan más arriba de las últimas cabanas. Y muchas costumbres y estrategias sobre las cabras escuchadas a Gustavo entre los riscos y las sendas de Vega de Ario, Muxa, Moandi, Estremeru, El Jitu, la Cabeza la Forma, Jou la Cistra, Jou l'Agua, Vegamaor, El Jultayu...

En zona lenense, hay: La Cabra (Xomezana): varias fincas de pradera; Cuetu la Cabra (Tuíza Riba): lugar escarpado del pueblo; Los Joyos de la Cabra (Tuíza Riba): zona de covayos, donde se albergan las cabras al sesteo (aseladeros, miriaeros), o se resguardan del temporal; Los Rejoyos de la Cabra (Tuíza Riba): el mismo lugar anterior, según designación de otros vecinos. Muchos topónimos asturianos en este campo.

Y tantos otros de parajes lenenses más o menos escarpados. El Vache la Cabra (La Malvea): pastizal del poblado; La Cuá las Cabras (Vache-Zurea): pastos comunales sobre el pueblo; Pieza las Cabras (Tuíza Baxo): trozo de terreno; Pena Cabrera (Val Grande): peñas altas sobre el valle; El Cabril (Val Grande): escarpada masa rocosa bajo El Negrón; El Cabril (Teyeo): finca de pradera en el monte; Los Cabríos (Tablao): lugar en alto sobre el pueblo; El Monte los Cabríos (Tablao): monte de madera.

Vivir de una cabra, en sus tiempos: no era poco...

Muchas anécdotas en cualquier pueblo colgado de unas peñas -y no hace tantas décadas...- podrían documentar la importancia de las cabras en aquellas tan precarias economías más que familiares, locales, de tan corto alcance fuera del radio de la aldea. Eran animales imprescindibles al alcance de cualquiera. Hasta pa los probes de solenidá -que bien recuerda la expresión asturiana.

Sirva el ejemplo de aquella viuda con dos hijas que sostenía la alimentación diaria más urgente, sobre todo con la leche de una cabra; bueno, en realidad, dos cabras, pues las alternaba: procuraba que no coincidieran al parir, de forma que, mientras una daba leche y alimentaba un cabritín unos cuantos días, la otra, ya escosa, quedara preñada para que pariera cuando su compañera dejara de dar ya más leche.

Y con esta previsora planificación familiar, aquella viuda tenía la leche asegurada para las tres (madre y fias) cada mañana: litro y pico, un par de litros al día, una vez vendido ya el cabritín destetado..., suponían, por lo menos un poco de leche diaria para acompañar con pan.

Luego se irían añadiendo, ciertamente, algunos productos que la pobre madre sacaba de sus trabajos por las fincas del vecindario: unas patatas, un poco de escanda, unas morcillas o sabadiego en días de samartinos... O los precarios complementos que daba el güerto: unas berzas, patatas, arveyos... Todo iba sumando, por supuesto...

La cabra, la mula, el macho, el burro...: los paladares menos exigentes..

Pero para aquella viuda de más de medio siglo atrás -hecho real, recordado por algunos mayores todavía hoy-, la cabra era la fuente más segura de alimentación diaria; pues era el animal más barato de mantener: la cabra se alimenta de las yerbas más duras y arbustos al alcance de los caminos: artos, todo tipo de ramas, tallos, raíces, rastrojos, frutos secos, cascarillas, retamas de cualquier retoño en cualquier estación del año....

Pues la cabra es el animal, junto con los burros, las mulas y los machos, menos exigente y de caprichitos al paladar. Por ello, cualquiera podía mantener una cabra, sólo con arreatarla con una cuerda de pocos metros, y moverla cada día por un trozo de camino, por las cunetas de las carreteras o por un recorte en la carba comunal.

En fin, cualquiera, casi con la cabra, un poco de ingenio, ganas de trabayar para un vecindario solidario y poco más, podía, tenía que sobrevivir con las imprescidibles cabras en la obligada precariedad de las montañas.

Todo un homenaje en la piedra más preciada se merecían tantas muyeres, sobre todo -pa los homes había más trabayos...-, en tiempos tan precarios para algunas. Pero sin olvidar nunca la importancia de los imprescinibles animales. Y a falta de homenajes, ahí están los topónimos bien plantados para recordarlo.

Una misma historia cabreriza y pastoril, que ha de ser poco menos que universal

Pues, en realidad, la precariedad de la vida en las montañas era para todos, para ellas y para ellos también. Nunca olvidaré de mi retina la imagen de aquel pastor cántabro, ya octogenario, con las caderas sólo a merced de sus muletas y un asiento de madera en el mirador del pueblo; toda una vida colgado aquel pastor de las cabras y las ovejas a la falda del Macizo Oriental de Picos, por la vertiente lebaniega. Me decía muy pausado, con la mirada tallada por tantas penurias a la merced de las peñas.

Recuerdo aquellas sentidas palabras, más o menos así:

"Siendo yo zagal de seis o siete años, mi pobre madre me ponía en el morral un pedazo de pan cada mañana al alba, antes de amanecer del todo; yo lo guardaba con ansiedad y me apresuraba a llegar corriendo al rebaño en la corrada, antes de que los cabritos y los corderos estrujaran a sus madres y me dejaran sin pizca de leche para acompañar aquel pedazo de pan, amasado por mi pobre madre para tantos hermanos seguidos como los mismos dedos de la mano..."

Sobra ya el comentario de textos, por supuesto..,; ni hacen falta más adjetivos...; para qué... Bastan aquellas palabras tan sentidas en boca y alma de aquel pastor cántabro, en el Macizo Oriental de Picos -unos 80 y pocos años entonces -creo que me dijo-; unas palabras escuchadas sin parpadeo allá por el comienzo de los noventa. No hace tanto....

O atisbar el movimiento de las cabras, mucho antes de que los rayos castiguen las calizas sobre las cabañas de los puertos

Muchas anécdotas confirmarían la familiaridad diaria sostenida por los nativos con la observación de estos animales, siempre fundidos con su medio natural por montaraz y escarpado que resultara en algunos casos.

Sirva un detalle: el anuncio que hace el ganado cabrío unas horas antes de que se aproxime una tormenta a la mayada en los puertos de verano. Es decir, cuando el pastor o pastora escucha desde la cabaña el sonido de las cabras, que bajan apresuradas y un poco revueltas a media tarde, de sus pastos acostumbrados entre las peñas, una cosa tiene cierta: que habrá tormenta de rayos asegurada.

Y la prueba de esta astucia de las cabras es evidente: en conversación con los pastores, en seguida te dicen que casi es imposible encontrar una cabra muerta por un rayo en las cumbres pedregosas; en cambio, sí quedan muertas vacas, yeguas, caballos, oveyas..., que no detectan a tiempo el peligro y no descienden a tiempo de esas alturas más expuestas a las corrientes y a los rayos.

Pero a las cabras nunca las sorprenden los rayos: dicen los pastores que detectan la corriente o los relámpagos a varios km todavía, mediante las puntas de los cuernos... Y tal vez así sea, o por antenas o sencores parecidos... El caso es que las cabras ya previenen a los pastores de las tormentas, horas antes de que descarguen...

Por algo tan abundante la toponimia cabrera, por los diversos conceyos asturianos

En la zona allerana, Las Cabriteras, Cabra Moza, Val Cabrón, El Cabril, El Cueyu la Canga'l Cabritu. En Turón, La Cabritera. En Siero, Cabriles. Más al oriente, en torno al Cornión, Cabra Blanca. En Los Beyos, Colláu les Cabres, Los Cabríos, La Cabritera, Peña les Cabriteres. En Gozón, Cabrera.

En la toponimia gallega, Cabreira, Cabreiros, Cabrois. En zona portuguesa, Cabra Figa según Diogo Correia, equivale a `cabra ruin, despreciable'. En La Rioja, Val de Cabra, La Cabradiza, Cabras Sarnosas, Val de Cabrejas, Val de Cabrejillas, Majada las Cabras, Cabría, La Cabrilla, Valle de los Cabríos. Y otros lugares semejantes, que más abajo se añadirán.

"En las cabañas con los pastores se aprenden lecciones profundas. Como la gran lección de la humildad, y la del amor a un prójimo que tiene un quimérico, un inclemente vivir sobre la Peña, muy desigual en demasía con el regalado vivir que se lleva en el valle, y que se lleva en la ciudad"
(José Ramón Lueje)


.... y cuando nun se sabe,
se pregunta (en asturiano, o en sueco...,
eso ya ye otra cosa...):
como Paco entre esta parexa belga...

Las palabras imprescindibles de los pastores para leer el paisaje en sus funciones remotas

El lenguaje toponímico se apoya en el uso léxico regional. Así, algunas voces recuerdan un relativo arraigo del animal en el entorno pasado: abundan voces y frases en este campo. En zona lenense, cabritos, a parte de `crías de las cabras', designan en el lenguaje figurado esas `pequeñas masas de niebla, que de forma aislada y caprichosa parecen colgarse de las peñas o sobre los regueros entre las montañas, cuando hay mucha humedad y, de nuevo, va a llover' (cabritos de niebla, entre los lenenses).

Por los años cincuenta, recogía Neira cabriru como `encargado del pastoreo de la vecera de cabras y oveyas' ; cabrizo, `propio de las cabras' ; y las frases del lenguaje popular: "fíu de cabra, cabra o cabritu", una forma más del conocido "de tal palo, tal astilla"; o "Xuan por cabras, Martín por oveyas", para expresar que, por confusión, una persona contesta a otra con algo que no viene a cuento .

En asturiano, otros muchos términos aluden a la antigua abundancia de las cabras. En Cabrales, topónimo aquí afechiscu, una cabrá es un `conjunto de cabras'; cabraría, el "rebaño de cabras de un pueblo o de un solo propietario"; cabreru, `pastor de cabras'; cabrica, `cabrilla', y cabritín, `cría de la cabra', y `cría del rebeco' también , lo que podría hacer pensar en la generalización de la voz para el animal casero y el salveje, más arriba observado en el caso de los cerdos y xabalinos.

En Cabranes, cabritu, lo mismo que en asturiano general, designa de modo figurado `persona caprichosa, traviesa' . En Colunga, recoge Vigón la expresión también común "sangrar como un cabritu", es decir, `abundantemente, sin manera de hacerlo parar' .

"Dicen que los pastores
huelen a sebo:
pastorcillo es el mío,
y huele a romero.

Dicen que las pastoras
huelen a lana,
pastorcita es la mía
y huele a retama "
(copla popular lenense)


Toño, con las buenas vacas casinas

El léxico caprino por estas y otras montañas, siempere más o menos escarpadas

En asturiano más occidental, cabreiriza es `el sitio en que hay o se guardan cabras' , cabrera, `pastora de cabras', y cabreirizo, `el que guarda cabras' . En Somiedo, cabra es, como tantos pueblos, `persona poco formal'; cabras, `manchas que salen en las piernas por calentarse al tsare', y cabrún, "cabruno, referido, sobre todo, al olor propio de las cabras" .

Existe, además, el juego de las cabruxas, `juego de niñas en el que unas pequeñas piedras (las cabruxas) se tiran al alto para que cada jugadora las recoja en el aire, con arte suficiente para que ninguna caiga en el suelo' .

En el léxico occidental, por lo menos, cabras es también `jugada de bolos'; cabriega es `la oveja que produce lana áspera y lacia' , y cabritas, `armazón delantero del carro' . En el Cuarto de los Valles, y en el lenguaje metafórico, una cabra es `una pequeña mata de hierba que dejan, a veces, en pie los malos segadores debajo del ×iño", y una cabra es también `el horcón, accesorio del carro' .

Ya en zona santanderina, una cabra puede ser, asimismo, `la cresta de las olas blanquecinas' , aludiendo a esa afición que tienen las cabras de andar siempre por los lugares más altos y peligrosos. Finalmente, en el dialecto vulgar salmantino, cabril es `camino de cabras' y `majada de cabras' .

Este conjunto léxico, relativamente abundante y extendido, da cuenta suficiente del arraigo de estos animales no sólo en la economía familiar, sino en el propio entorno cotidiano de los pueblos donde abundan las voces de este campo. De ahí, ese lenguaje figurado para designar situaciones y objetos en algo semejantes al animal, con palabras que tienen siempre como referencia la cabra.

"El dulce lamentar de dos pastores,
Salicio juntamente y Nemoroso,
he de cantar, sus quejas imitando;
cuyas ovejas al cantar sabroso
estaban muy atentas, los amores,
de pacer olvidadas, escuchando"
(Garcilaso de la Vega)

Animales domésticos y montaraces, unidos por los montes, una vez más

No obstante, como más arriba queda apuntado, la voz toponímica pudiera contener la referencia al animal doméstico y al montés. Como en el caso de puercos y xabalinos, los topónimos señalados, además de las cabras domésticas, pueden proceder en algún caso de los del monte: corzos, robezos.... Y hay un dato evidente en el lenguaje de los cazadores (entre los furtivos, sobre todo), quienes a las crías de corzos y robizos llaman cabritos.

Como más arriba se apuntó también en el caso de otros animales, estos datos parecen recoger una identificación y una continuidad popular, por lo menos léxica, entre estos animales caseros y los salvajes. En todo caso, la motivación toponímica se apoya en la incidencia que el ganado cabrío tuvo en la antigua y, en algunos casos, aún reciente o actual vida rural asturiana.

Eran los animales que mejor aprovechaban los pasto, pues se encaraman entre los riscos peores sobre los precipicios, de donde el dicho ganadero: "Las yerbas de la cabra, los vaqueros pagan caras", pues en muchos casos, por coger esas yerbas más frescas, se despeñaba el ganado.

"Debajo de estas peñas, 7.000 años de cultura, de civilización, de relación entre campesinos y naturaleza nos contemplan"
(Jaime Izquierdo Vallina)


(camín del puertu)

Pastores y ganados, en fin, siempre colgados de las peñas

La vida de los pastores en torno a Picos, por ejemplo, se podría resumir con esa frase tan sentida que nos citan los cabraliegos cuando les preguntamos por sus trabajos y sus riesgos tras las cabras, al contemplar aquellas laderas más que empinadas sobre el ríu Cares:

"Los cainejos no mueren:
se depeñan"

Todo un documento -etnográfico, humano, económico...- contenido en una frase... Miles y miles de años tras los ganados, en buena parte vigentes, que resumen toda esta cultura rural que sigue bastante arraigada entre los cabraliegos del oriente asturiano, sobre todo. En los distintos pueblos de Cabrales (Camarmeña, Sotres, Tielve, Carreña...) hay, en ocasiones, una cierta dependencia económica en torno a estos animales.

Los pastores y pastoras empiezan a subir a los puertos más altos en el mes de mayo (según los pastos y el tiempo de primavera) y allí hacen vida durante el verano y el otoño bien arriba. En este tiempo, elaboran el conocido queso. Con una trabajada técnica, y sirviéndose de los arnios o moldes, van eliminando la virria (`suero que va soltando la leche'), para bajar luego los quesos a la cueva comunal del poblado.

Con el lenguaje metafórico, metonímico..., detrás de algunos topónimos cabrizos también

De modo que, si bien la base léxica está más clara, las referencias pueden variar desde el lenguaje más inmediato y denotativo al figurado. Moreu Rey, interpretando topónimos catalanes, observa que algunos pueden proceder de la cabra salvaje, o, incluso, de ciertas formas de las rocas, que a distancia dan la impresión de cabras reales ; cualquiera de esos referentes laten en los topónimos que estudia, por lo que no se pueden generalizar: Coll de Cabres, Cabrirols, Cabrenç, Cabrenys .

Ameós Roca, en cambio, interpreta el lugar, también catalán, de Cabrera d'Igualada `por la abundancia de este ganado en aquellos pastos'. Incluso, la homonimia toponímica tendrá que ser en algún caso bien delimitada: Meyer Lübke cita, así, un Cabrils catalán sin referencias al ganado cabrío


(con otros vaqueros de las mayadas)

La toponimia caprina en otras regiones y lenguas

En la toponimia francesa, se repiten costumbres y nombres. Albert Dauzat documenta los actuales Cabrerets, Cabrières, Chevrières, en las formas medievales del tipo Cabrerias (978), Cabrieras (1180), y las interpreta a partir del latín capra, `cabra', con el sentido toponímico de `lugares donde suben las cabras' ; formas que, en ocasiones, dan lugar a nombres más largos: Chevrainvilliers , Valcabrère, `valle adecuado para el ganado cabrío' .

Paul Viteau añade, entre los nombres del Ariège que pertenecen a este campo, otros como Crabibos, Crabo, Cabirol, Crabero, Montcabirol, que, igualmente, interpreta en el lenguaje de la zoonimia a partir del francés chèvre, `cabra'.

Finalmente, Charles Rostaing define otros lugares como Pic Crabere, Mont Crabé, o los gascones Chevrière, Chabrière, con el mismo sentido de `lugares, montes de cabras', a veces en designación metafórica, caso de Crabit, por él citado .

El lenguaje folclórico y mitológico, que se tradujo en nombres del terreno

tampoco está ausente de algunos nombres del suelo. Así, Grace Alvarez, estudiando la toponimia en la onomástica hispánica, señala que "era creencia popular que las cabras estaban poseídas del demonio, creencia causada por el carácter caprichoso de la cabra" .

Tal pudiera ser la motivación supuesta para lugares del tipo El Seltu'l Diablo (Tuíza), pronunciado acantilado en precipicio sobre Riospaso, y justo frente a La Pena Val de Dios: la antonimia toponímica pudiera haber enfrentado nombres y lugares, a ambos lados del río.

La interpretación folclórica vendría después: ... que en una noche de luna llena, por una apuesta con un borracho, el diablo convertido en cabrón dio un gran salto entre las peñas.... Como se puede observar, ya en el lenguaje de la imaginación popular.

Un lenguaje toponímico, en ocasiones contaminado también

En cuanto a la fonética toponímica de los nombres descritos, necesitan poca aclaración. Sólo alguno puede ofrecer dificultad mayor en el contexto lingüístico del asturiano: Los Joyos y Rejoyos de la Cabra, sobre Tuíza Riba. Efectivamente, no es claro ese paso de Fueyos y Refueyos (tan frecuente en la onomástica regional) a Joyos y Rejoyos. Se desonoce del todo entre los nativos lenenses.

En estos casos, simple contaminación lingüística en boca, boli, mapas..., de montañeros que desconocen el asturiano en sus distintas zonas: generalizan fonemas que escucharon en otras zonas, sin consultar previamente a los verdaderos agentes de los nombres: los lugareños. Y, así, desprecian el saber local, tan necesario para los Atlas lingüísticos, toponímicos...

La contaminación, más allá de plásticos y cristales rotos por las praderas, o disimulados en las grietas de unas calizas más impecables...

En fin, en todo caso, la referencia toponímica está de acuerdo con la interpretación fonética: una serie de hoyos, concavidades en la pendiente y cuevas entre las rocas (fueyos), que sirven de refugio al ganado cabrío a modo de aseladero para el sesteo (miriaeros), ante la tormenta o las envesnás. La Cuá las Cabras de otras zonas (`la cueva de las cabras') refuerza la interpretación fonética y toponímica a un tiempo.

"A estos ojos inmóviles y alertas
la soledad les dio su señorío
y este ceño pacífico y umbrío
es de mirar las nubes y las huertas"
(Miguel Hernández)


.... con la seguridad que dan
también quienes mucho anduvieron
por otras mayadas y brañas.
Ramón el de Parana y Paco
.

Una cultura milenaria en el presente

En resumen, toda una vida milenaria que llegó a nuestros días en la cultura imprescindible de los cabraliegos, a la hora de entender un poco mejor la importancia de las cabras en la alimentación humana, y en concreto, en la zona de Los Picos.

"Pastor que estás en el monte
y duermes entre la rama,
si te casaras conmigo,
durmieras en buena cama"

(copla popular)

Toda una cultura del paisaje humano en las montañas, que Casiano de Prado (1860, Revista Minera) resumió a su modo con palabras precisas, contemplando la perspectiva de los nativos sobre su propia vida entre los rigores de tantas peñas y breñas, allá por mediados del s. XIX:

"Los habitantes de Caín, en medio de su pobreza y las que pudieran llamar desdichas los de las campiñas ó las ciudades, no maldicen su suerte, antes viven con ellas contentos".

También lo dice la palabra, de raíz ya indoeuropea, o, tal vez pre-indoeuropea

La misma palabra cabra, cabrío..., se suele relacionar con el indoeuropeo, *kapr-o- (macho cabrío). Pero pudiera tratarse, a su vez, de una interpretación de otra raíz más antigua y generalizada -paneuropea-, *kar- (duro, fuerte), con tantos derivados léxicos comunes, o cultos, toponímicos, terminológicos, técnicos, científicos..., tipo cárstico (piedra, roca caliza) y semejantes.

La asociación entre ambas raíces sería fácil, dada la afición de la fauna cabría a las rocas, a las peñas, a las calizas... En asturiano quedan palabras como carba: lugares poco productivos de yerbas, más bien de plantas y artustos duros (carrascos, carrascas, carquexas, érgumas, gorbizos...); y desde carba a cabra sólo habría una simple metátesis del grupo -rb- > -br-, tan frecuente en el léxico toponimia romances.

De modo que voces como Cabrales suponen una referencia directa a las cabras en un momento de las lenguas, pero, tal vez porque otros pobladores vieron antes que las cabras eran el producto más adecuado para la querencia de estos animales entre las rocas y las carbas: calidad de yerbas, defensa de los depredadores, vigilancia, pastos seguros todo el año, refugio en los días invernales... Una misma raíz, tal vez, con tantos milenios sobre el paisaje humano y animal de las montañas.