Costumbres, tradición, gastronomía, trabajos rurales, vida vaqueira, saber popular

 

El Robledal de Todos recogía este poema (¿trova?) del primer número de La Cantárida: Periódico dominguero y parletán dedicado a la villa de Cabezón de la Sal y su distrito, firmado por Sinapismo en el año 1887:

El escomienzu

Alcarde de la mi vida,
tiniente del corazón,
portero del auntamientu,
venturao del regidor,
síndicu del alma mía,
secretario de mistó:
ante vosotros llegamos
con respeutu el más atroz 
los probes escribidores
de La Cantárida y yo;
y con la gorra quitá
vos saludamos a tós.

Esti papelucu vien
a vivir a Cabezón
pa no metese con naide
ni arregolver lo que no
ha de estar arregolizu
y solo en la paz de Dios;
y pa dar palos mu gordos
con güena risolución
al que lo merezca ¡porra!
que húsare o cazador
denguno se ha de escapar
del porru que traigo yo.

Desde Casar al Escudu
desde Triceño hasta Cos
yo aplicaré cataplasmas
y melecinas y tó
lo que crea se necesita
pa quedamos al relor (?)
vamos al decir, tranquilos
como una fuente de arroz
y al que débile le alcuentre
la concencia, ¡santo Dios!
le voy a poner el cuerpo con más joraos que amor
diz que pone a las muchachas
cuando juzga corazón.

Sin requilorios ni ambajes
todo va a salir al sol
yo quitaré las carátulas
que den aspectu feroz,
las que le den mu regustu
o de enfremizu la dió
y ¡reconcho! al que le vea
que es antruidu el bribón
por secula seculorum
y que mos engaña a tós
le pongo un parche en un ojo
si en mi cabeza se pon,
le enfundo las sus narices
o le rajo y le hago dos,
le meto en un miriñaque
con más güelu que un azor
le archivo en el soveráu (sic)
entre arañas y sin sol
zampando ca ocho días
de pan medio cuarterón;
le aplico hasta vente palos
de los güenos que yo doy
le junto tres longanizas
le hablo después de jamar
doile aluego un gomitivo
de los de Tonín Feijoo;
y sin daile más le dejo
que tengo güen corazón”.

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