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Vers sur verres

El primer encuentro con el poeta ya fue un poema nocturno. Teverga, su lugar de nacimiento es ya de por sí un poema sobre un lienzo. Ama a Francia y todo lo francés desde la adolescencia. Vive y estudia en varias ciudades francesas: Bordeaux, Paris, Tours, Poitiers, Nice, marseille, Toulouse...

Nada le es ajeno de la cultura francesa: Bellas Artes, música, literatura, civilización. Escritor consagrado en lengua castellana, con cuentos, novelas, ensayos y poemas, se asomó timidamente a la lengua francesa escrita con dos ensayos sobre Paul Eluard y la Canción francesa para caer en el olvido hasta que los lazos y vínculos con el programa Recite y la villa de Confolens y El Poitou-Charente, de cuya región está enamorado, los dioses le dan -dice- el primer verso, a orillas de La Vienne y esta tierra se convierte en musa para lograr en los últimos tres años el presente poemario y su primer inicio editorial en la poesía escrita en francés.

-Título sugerente con una aliteración y unos versos que fluyen a orillas de La Vienne y de otros lugares de Francia ya visitados.

Todo tiene cabida en los poemas de Celso Díaz-Peyroux: el amor, el pensamiento profundo, la infancia, la nostalgia, la mujer, la amistad, la injusticia, el amor a los niños, el amor a la naturaleza, los ríos, cuyo retrato es el de la propia vida, como ul album de fotos acuático para el recuerdo..

Sus preguntas metafísicas sobre el más allá. Sus versos son como imágenes palpitantes llevadas al lienzo, con citas sobre Goya -uno de sus pintores predilectos- y los dos cuadros que pinta sobre el Desastre de la Vida y el de la mujer amada que se acerca a aquel poema que dibujó J. Prevert para pintar un pájaro.

Y para ello se hace acompañar de sus poetas preferidos, tanto en español como en francés: A. Machado (poeta enterrado en Francia), León Felipe, Lorca, Miguel Hernandez, Angel Gonzalez, José Hierro, Neruda. Victor Botas... Victor Hugo, Lamartine, Beaudelaire, Paul Eluard, Jacques Prévert, Ivon Le Men....de cuyas lecturas tanto aprendió hasta que logra separarse para tomar su propia personalidad de poeta profundo.

Para un análisis literario, el poeta ya nos lo da casi todo hecho, pues divide su trabajo en cinco ejes que son los que mueven cualquier tipo de obra literaria: Cosmos o el espacio, Chronos o el tiempo, Anthropos hombres y mujeres, Logos la palabra y Eros o la sensualidad del amor en su quintaesencia. Al final nos muestra un himno para el proyecto Flumen Atlántica, cuyo título le da un día en una mesa de trabajo en Portugal.

Se le ha visto recorrer el Poitou-Charente, sobre todo -dado su interés por el arte- los monumentos "nacionales" -classés" de toda la región: la bella figura románica de la iglesia de Lesthiers, la casa de reposo de María Casarès en La Vergne, el castillo en ruinas de Saint Germain, en cuyos sótanos y en una velada, con motivo de la firma del protocolo entre Confolens, Teverga, Carnota y Góis, recitó y cantó con la ayuda de una joven al arpa.

Enamorado de los cursos de agua, se le veía -con las primeras horas del día o al cerrar la noche, en tiempo de silencio deambular por las orillas de los dos ríos que confluyen en Confolens: La Vienne y El Goire. Apreciar sus aguas dormidas, sus puentes de piedra sus molinos hidráulicos, el reflejo nocturno de los faroles en el agua, meditaciones que como al poeta español Jorge Manrique le hacen meditar sobre la vida:

...Nuestras vidas son los ríos
que van a dar a la mar...

o también el gran poeta portugués Fernando Pessoa:

O rio que passa dura
nas ondas que há em passar...

La poesía de Diaz-Peyroux es -al igual que toda su obra- un trabajo serio, bien estructurado, con imágenes variadas, estampas musicales donde la palabra al desnudo es precisa y preciosa y, donde no hay lugar para los preciosismos ni para la retórica.

Aunque el seudónimo que introdujo, al lado de uno de sus apellidos -en España está el del padre y también el de la madre- "Peyroux" tenga como topónimo la acepción de "terreno escabroso", lugar cercano a Burdeos y que el tómó en recuerdo a una querida familia, los versos de este poeta no tienen nada de escabrosos y más que la imagen de un terreno pedregoso y angosto, sus poemas son llanos como la palma de la mano, como las tierras del Confolentais: serenos y apacibles como las aguas de La Vienne que invitan a la tranquilidad y a la meditación a orillas del silencio, de la vida, del río.

Leidos varios de sus poemas publicados en español, me atrevería a decir que nuestro poeta da comienzo con sus Vers sur Verres, a un nuevo estilo de su poesía una evolución literaria no solo de su pensamiento (hace doce años que no publica poesía) sino en su forma.

El poeta asturiano, como todo el que se precie de ser un verdadero poeta es un hombre díscolo y un escritor rebelde e indisciplinado que ha luchado toda su vida contra las injusticias, que se encuentra más cerca de los humildes y de los pobres. Así, le gustaría que las grandes miserias que ahogan al ser humano: soberbia, envidia, indiferencia se convirtieran en hielo "verre glacé sur La vienne" y que un día los rayos del sol lo destruyeran para hacer un mundo mas justo y mejor.

En definitiva. nos encontramos ante un poeta maduro de profundas reflexiones que no quiere florituras en el lenguaje sino la palabra al desnudo llana y sencilla como el propio hombre.

Valérie Joubert
Profesora de la Universidad
de Burdeos (Francia)

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