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SALVAR EL PATRIMONIO HUMANO
Y CULTURAL DE TRUBIA

Si un día nuestros jóvenes pierden el Norte de la vida, tendrán que volver la vista hacia atrás para saber de dónde proceden.

por Celso Peyroux

Hablábamos, el pasado mes de noviembre, en el Casino-teatro de Trubia, sobre “La gran mentira”, la soledad y el cerco que vienen sufriendo cincuenta y cinco trabajadores despedidos por la General Dynamics. Hoy, como un complemento cultural nos toca defender y difundir el Patrimonio Histórico e Industrial de una villa que se me antoja acorralada y en el mayor de los olvidos.

No estamos ante una propuesta tal y como nos muestra el título del trabajo de Manuel Antonio Huerta sobre la recuperación del patrimonio Histórico-cultural de Trubia y su Fábrica de armas. Nos encontramos ante una verdadera “Tesis Doctoral” en toda regla que alcanza por su presentación, enjundia y contenido un “Sobresaliente Cum Laude”. Se alude a un patrimonio, esto es: un conjunto de bienes o suma de valores de un colectivo, en este caso: Trubia, su vecindario, sus trabajadores y también sus defensores, entre los que me encuentro.

Desde hace algún tiempo, a estos bienes, he dado en llamarles “matrimonio” por la fuerza y energía que desprende una madre y porque es una unión entre el arte, la herencia industrial, la historia y el ser humano. Y es que estos bienes y valores forman parte de unas raíces que tenemos que preservar en el presente y legarlas a las generaciones venideras.

Han sido, son y serán estos legados fruto de la evolución y de la revolución con sus diferentes movimientos artísticos y arquitectónicos desde los jardines colgados de Babilonia hasta el Elogio del Horizonte mirando al mar, que es el vivir.

Después de tantas subidas y bajadas, idas y venidas por la carretera que conduce a Puerto Ventana, me sonrojo de no conocer el patrimonio industrial, histórico y cultural de Trubia y ha de ser el preciso y preciado trabajo del geógrafo Huerta quien me cierre las puertas de la ignoracia y me abra de par en par las de la estética, la ética y el compromiso social.

El compendio que nos muestra es fruto de una labor ardua y plena de los mejores epítetos académicos. El “doctorando” ha elaborado con eficaz metodología una propuesta con rigor en la que no falta el detalle y el sentimiento. Desde la introducción hasta las conclusiones y anexos nos ha inmerso Huerta en la verdad de un “matrimonio” con todas las premisas reales y necesarias para valorar la importancia de todo un pasado esplendoroso.

El joven autor centra su trabajo en la Fábrica nacida a finales del siglo XVIII, su apogeo, venturas y desventuras hasta el día de hoy, pero luego nos acompaña y recrea por todo el suelo urbano de la villa. Desde el interior de la biblioteca de la Fábrica de armas, con sus libros durmiendo en los anaqueles del olvido, hasta el Pabellón de Jefes y oficiales pasando por la capilla de 1918, en un paseo turístico y cultural por la Trubia de siempre: Puente de la Fábrica, Escuelas de Bernardino Machín, el Casino, el mercado cubierto, los bloques de viviendas de: El Río, Del Medio, Del Monte, el Parque de Cataluña, el Grupo coronel Baeza, El Canal y puente de Quintana, la Estación y Puente del Vasco y así un bello recorrido que foman parte de la identidad de la villa.

En uno de los artículo de mis “Últimos druidas” escribía sobre  “Memoria y dignidad”: “…La memoria de los hechos no es real si no se hace presente...”. Considero que en estas líneas también podemos hablar de memoria y dignidad al mencionar el “matrimonio” industrial e histórico de Trubia y, al mismo tiempo, de la suerte que están corriendo los cincuenta y cinco trabajadores despedidos y  sus familias.

En este caso para realzar la “memoria presente”, no deseamos un monolito que inmortalice la grandeza del pasado. Lo que se quiere es preservarlo ahora y siempre para seguir disfrutando de sus instalaciones con los cinco sentidos y la razón abierta a todas las luces sin distinción de razas ni condiciones sociales. El monumento que reivindicamos es la vuelta a sus labores cotidianas de los despedidos porque es de justicia y que la propuesta sobre los edificios y puntos históricos de Trubia se hagan eco en la sociedad y superen la hoja de ruta institucional hasta volver a verlos llenos de luz y de vida.

Los últimos druidas y sabios que en el mundo quedan aconsejan indignación y autocrítica al legar a las generaciones que llegan tres de los dones más bellos de la vida: -El don de la palabra (oral o escrita). –La memoria histórica presente y la dignidad del ser humano porque si algún dia perdiéramos uno de estos bienes lo habremos perdido todo.

Si un día de otro día nuestros jóvenes pierden el Norte de la vida sin saber hacia donde van, tendrán que volver la vista hacia atrás para saber de dónde proceden. Será entonces cuando encuentren la senda de la verdad y la luz en el horizonte aunque no sepan lo que son. Tendrán que buscar la llama luminosa que habita en cada uno. Tal vez las raíces de lo que fuimos.

Dentro de nosotros –dice Saramago- hay algo que no tiene nombre. Eso es lo que somos.

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