Costumbres, tradición, gastronomía, trabajos rurales, vida vaqueira, saber popular

VERSOS Y PINCELES PARA MORCIN

EN LA FIESTA DE LA VIRGEN DE LA PROBE

Quiero escribir hoy
los versos más bellos
en esta mañana de gozo
y de concordia,
de gaita y de alegría.

Escribir por ejemplo:
en estos verdes valles
de menta y manzanilla,
de romero y xanzana,
de ríos plateados
y de piedras calizas
estos versos alados:

Hay una moza guapa,
de todas la que quiero
la Virgen de la Probe
más bella que una xana,
que si bajara del cielo
a la cumbre del Monsacro
no hay pintor que la pintara.

Buenos días a todos, romeros y romeras con la licencia de Pablo Neruda y del cancionero popular asturiano con cuyos versos abre el pregonero sus palabras. Sed bienvenidos a esta fiesta multicolor en cuya paleta el artista que hubiera pintado el cuadro habría puesto todas las gamas del arco iris.

Hace unos años a la salida de un importante museo en compañía de mis alumnos alguien del grupo se me acerca y pregunta:

-¿Y qué es para ti la pintura?

Al tratarse de una bella y joven muchacha estuve a punto de responderle -emulando al poeta-: "¿Y tú me lo preguntas? Pintura eres tú". Pero con una respuesta un poco más afortunada y carente de connotaciones eróticas, le contesté: "La pintura es un poema que el artista lleva al lienzo con sus pinceles". Y ella, agradecida, y sin más demandas me dejó como prenda una sonrisa prendida en los labios.

Pintura y poesía. Poesía y pintura de la mano como dos hermanas gemelas; como dos gotas de leche para fabricar el queso. Viene a colación este símil para rendir homenaje y saludar con estas palabras, a modo de introducción, a mi buen amigo y poeta del pincel Manolo Linares con quien tanto quiero y admiro, pregonero que fue del pretérito año. Cuarenta años nos contemplan desde que pintura y poesía, vestidas de soldado, eran nuestras sombras en el Ferral del Bernesga, CIR nº 12, si mal no recuerdo. Paradoja anacrónica por cuanto el poema y la pintura son la quintaesencia de la rebelión y la indisciplina.

Si ponemos atento el oído, aun se pueden escuchar sus voces precisas y preciosas y por ende tengo a bien engarzar las mías con las del preclaro maestro para que una vez más versos y pinceles dibujen y escriban el cosmos en un mundo de letras y colores cuales son estas fiestas de la Virgen de la Probe y la Feria de los quesos artesanos de Asturias, en su décimoséptima edición tan enraizadas como aquel árbol noble de Alfonso Camín:

Si soy el roble con el viento en guerra

¿Cómo viví con la raíz ausente?

¿Cómo se puede florecer sin tierra?

Versos y pinceles. Poemas y pintura para glosar y plasmar el espacio rural de estos valles cincelados por las aguas y los vientos. Lucha de la tierra con los elementos que, después de muchos años -cuando apenas si la luz del mundo era una amanecida- nos dejaron pastizales y bosques, cantiles y roquedos, silencio y vida, fragor y luto en el subsuelo donde el minero sigue haciendo astillas del helecho milenario.

Estas "fasteras" -en lengua vernácula- culminadas por cumbres majestuosas donde resulta más fácil hablar con La Probe y desde cuyas atalayas, y a perdida de vista, se columbra -ay de mí- a un diminuto ser humano tan ignorado en el cosmos, tan insignificante y, sin embargo, tan sublime y trascendental. Porque después de mí el diluvio. Esto es: tras el hombre tal vez la nada, o tal vez el todo.

¿Qué era el tiempo antes de que la luz alumbrara la consciencia del hombre? ¿Dónde estoy? ¿Quién soy? ¿Qué hago yo aquí? mientras que Diógenes, con su lámpara encendida sigue buscando al hombre sin encontrarlo. Al ser humilde; al "probe" en denarios pero rico en valores; al laborioso y altruista como La Hermandad de La Foz, al honesto y legal -impropio en estos días de córneas torturadas y proclives al odio- cuya palabra es una escritura.

Al hombre que vive y convive en una sociedad ávida de mitos y fenómenos sociales mediáticos a los que poder aferrarse porque para él es la soledad sonora. Al hombre y a la mujer generosos y desprendidos con sus semejantes -¡Ay del Africa negra! ¡ay de la Luisiana! ¡ay de las periferias de las grandes ciudades! porque amigas y amigos no es más feliz el que más tiene, sino el que menos necesita.

Y todo ello lo plasma el pincel sobre el lienzo como beldad para endulzarnos la vida y denuncia para preguntarnos ¿Por qué telúricos senderos camina el hombre de Estado que se aparta y silencia el estado del hombre?

El pintor es capaz de plasmar sobre lo blanco las tragedias y miserias mundanales y, al mismo tiempo pintar el retrato de un ave -un malvís, un raitán, un xilgueru-, darle vida y escuchar su canto. Instala el artista su caballete en las frondas del bosque de Otura, verbo y gracia donde dicen que hay un texu centenario. El mismo árbol sagrado alrededor del cual bailaban nuestros ancestros la danza prima en noches de plenilunio. ¡Ay si bailáramos más y hubiera menos querellas! ¡Ay si nos cogiéramos más de las manos y se esgrimieran menos palabras necias y agresivas. Otra ave del paraíso cantaría!

Y escogiendo la rama de un castaño va el artista y pinta una jaula con la puerta abierta. Quizás le haya puesto como reclamo un trozo de queso. Una puerta abierta como deberían de estar todos los umbrales y dinteles abiertos para todos. El pintor, con paciencia, espera que el ave se aproxime. Y un día de una mañana como la de hoy, oye los trinos del ave que se acerca y entrando en su nueva casa el pintor se apresura a cerrar la puerta. Ahora es cuestión de esperar que cante. Pueden pasar muchos días y años antes de que el ave se decida a entonar sus gorgeos.

Mientras tanto el artista pinta el sotobosque, el silbo del viento, el canto del grillo -dirigidas sus partituras por el maestro Juan Rionda-, el amor de dos ardillas, el sonido de las hierbas al crecer. Pero el ave no canta y es un mal signo; señal que ha de comenzar de nuevo el cuadro. Pinta de nuevo otra jaula y esta vez sí. Entra el ave y canta un cántico de amor y de libertad, con una voz tan diáfana cual si fuera el Ochote La Unión.

Entonces, con el mayor de los cuidados borra el pintor uno a uno todos los alambres y el artista se hace amigo del pájaro. Con una pluma que el ave extrae de su cola -empapada en la sabia verde del árbol- ambos firman un canto a la amistad en el ángulo inferior izquierdo con letras apenas perceptibles. La hermandad está presente. La humildad guarda silencio.

Pero el pintor va más allá y un día- pinta arrodillado ante la imagen de La Probe- a Don José Manuel -párroco sabio, prudente y justo, varón venerado- una escena en la que el sacerdote, por el mes de mayo, alaba las excelencias de María y le pide por nosotros pecadores. Y en sus palabras el patriarca de este solar emite aquella misma plegaria que madre me enseñara siendo niño:

Oh Señora mía, oh Madre mía yo me ofrezco

Todo a vos y en prueba de mi filial afecto

Os consagro en este día: mis ojos, mi lengua,

Mi corazón; en una palabra, todo mi ser.

Ya que soy todo vuestro oh Madre de bondad

Guardadme y defendedme como cosa

Y posesión vuestra.

Ave María

Pero el pintor es rebelde y cotidiano y busca con ahínco el pálpito del pueblo y pinta en negro sobre blanco la estampa de Manuel Barrero, minero de La Puente picando carbón entre mampostas y lámparas encendidas con la sombra del grisú agazapado.

Si yo fuera picador

-cantaba un guaje en la mina-

si yo fuera picador

a mi amor le compraría

collar de ricos corales

engarzado en plata fina.

Y otro día, en una huerta de La Foz plasma en blanco y verde a los hermanos Arturo y Amaro apoyados sobre la fesoria y la gadaña en un breve receso de sus vidas campesinas. Son éstas unas estampas póstumas para honrar su memoria como la de otros tantos focetanos y focetanas; morciniegos y morciniegas -de recta interpretación y abiertos a la verdad- que en el mundo han sido.

Cuentan que un día Manuel Barrero había visitado al Papa en Roma. Creyóse Manolo antes del afortunado evento encontrarse con un hombre recio y fornido y cual fue su sorpresa cuando vio que era un cristiano más entre todos los humanos. A la vuelta del viaje alguien le pregunta por el acontecimiento:

-¿Qué tal, fulano? ¿Cómo era el pontífice?

-¡Bah -responde- yera un papuco.

La paleta del pintor toma prestados de la mater natura los ocres y los verdes de los prados donde pastan apaciblemente un grupo de vacas. La leche de sus ubres será el elemento base para transformarla en queso. En ese apetitoso manjar y capricho de los dioses que por su sabor, color y textura habrán de convertirse en "roxu de trapu", "blancu de trapu" y "atroncau". Pero no pierdan cuidado: el artista sabrá incluso plasmar en el lienzo colores, sabores y perfumes.

Desde catado, mucido u ordeñado el animal las manos arte-sanas del quesero habrá empleado los útiles de raíces ancestrales: potas de cuayar, recipientes fabricados de vísceras y pieles de animales, fardelas, queseras, arnios, prensas, vedrios, maseras, concos, duernos, bacicas, fresqueras y cebatos. Sí. Un atardecer me fui en busca del poeta desconocido y me encontré con las manos de un artesano, mientras se escuchaba la voz de la leche cantando en el fondo de un odre de piel de carnero.

Recuerdo con melancolía como mi abuela -en las tierras donde me nacieron, aquí, al otro lado de estas montañas- como "fería" la leche en zurrona de lata pendida de una viga del techo. Eran idas y venidas frenéticas como el péndulo de un reloj. Como el péndulo de Foucolt. Como la vida misma. Más tarde amasaba aquella pasta en una "conca" y luego procedía a la laboriosa y paciente fabricación de una crema a la que denominaban "queisu picón". El queso, el queisu, le fromage, il fromayo. Honor a quienes lo elaboran, salud a quienes lo degustan:

Ofrecístimi un bon queisu

En señal de matrimoniu

El casamientu foy nulu

Vúlvaseme'l queisu a l'horriu.

El queso. Bocatto de cardinali, yantar de reyes. Un viejo aforismo francés pregona: "Que una comida sin queso es como una hermosa mujer a la que le falta un ojo".

Y el artista termina su periplo por Morcín. Se sube al Canto la Sierra -lugar preferido por mi buen amigo Joaquín Uría- y traza, perfila y colorea el desfiladero de Entrefoces para mostrar la belleza del lugar. Pero, al mismo tiempo, pretende plasmar, como en una alegoría, que la vida es apretada y que los hombres y las mujeres triunfan sólo cuando llega al descampado gracias a los valores éticos que llevan consigo.

Pero, y a todas estas. ¿Dónde está la poesía si de la mano iba del pincel? Ella, el misterio y el arcano capaz de derruir las almenas de Jericó a golpe de trompeta o de sublimizar la sonrisa de un niño harapiento y descalzo. Ella o él. Sería como definir el sexo de los ángeles o si la estatua de sal de la mujer de Lot era gema o marina. Que más da: fémina o varón si todos vamos en el mismo barco de la vida y debemos amarnos los unos a los otros; o por poner una nota picante: unos por encima de los otros.

Pero ahí está con su voz precisa y preciada, preciosa y profunda, diáfana y guerrera. El poema que se hace verso para cantar a la mujer focetana y morciniega y, sobre todo, a esas mozas de las Mazas -cinco que son cinco- dispuestas a regenerar la vida social de su querido pueblo:

Tú eres mujer un fanal

Transparente de hermosura

¡ay de ti si por tu mal

rompe el hombre en su locura

tu misterioso cristal!

El poema que tiene fe en la esperanza como el olmo herido por el rayo a orillas del Duero:

...Mi corazón espera

también, hacia la luz y hacia la vida

otro milagro de la primavera.

El verso de la libertad suprema en aquella canción de cuna para dormir a un preso:

...La noche es bella, está desnuda,

no tiene límites ni rejas.

No es verdad que tú hayas sufrido

Son cuentos tristes que te cuentan...

La balada al hombre de la mina, sin luz de luna en los ojos:

De la mina salgo, amigo,

De la mina compañero,

Soy minero barrenero,

Ven conmigo...

El verso siempre al lado de los labriegos y de las gentes del campo:

El huertecillo, el abejar, los trozos

de verde oscuro "donde la vaca pasta"...

El poema de Blas de Otero que pidiendo la paz y la palabra saluda con sus versos a la Virgen de la Probe:

¡Oh perfección radiante de la rosa!

¡Oh blanca plenitud del mediodía!

La campana, a las doce, repetía

La anunciación del alba primorosa.

La voz de la amistad hecho poema. La hermandad entre los hombres para respetarse y juntos de la mano -como cuando bailamos la danza prima o buscamos el galardón preciado para orgullo de un pueblo- buscar horizontes prometedores mirando para atrás porque alguien se puede quedar por el camino descogado:

A las aladas almas de las rosas

Del almendro de nata te requiero

Que tenemos que hablar de muchas cosas,

Compañero del alma compañero.

Sí. Caminar con la frente alta en busca siempre de la amanecida porque tiempo habrá para atardeceres que consumen el día y la vida. Caminar juntos sin dar la espalda a nadie: ...Y cuando el rostro volvió

halló la respuesta viendo

que otro sabio iba cogiendo

las hierbas que él arrojó.

El poema al suelo natal que canta y pregona las excelencias del solar de Morcín. Porque el pregonero, al igual que lo hiciera el pintor, se subió un atardecer a La Gamonal para guardar en la retina aquellos:

Valles. Montañas. Vacas asturianas.

Paisajes que impresionan la memoria.

Restos de milenaria prehistoria.

Robles castaños, pinos y manzanas.

Hay, en fin, una flor silvestre que habita en los jardines del país de siempre y un día. Es un lugar invisible y etéreo donde anidan los estambres del verbo, los pistilos del sortilegio y de la magia, los pétalos de la orquídea perfumada y la música del viento. Tal vez la poesía y la pintura sean las llaves de la puerta de ese espacio venerable y sacrosanto. Monsacro. Monte Sagrado. Aquí en este lugar donde alguien de algún día acertó en llamarle Morcín.

Y pintor y pregonero pliegan su caballete y cartapacio para seguir la senda de la Bellas Artes y de la Literatura allí donde los requiera el pueblo llano. Como el viento, hoy aquí mañana en otro lado porque los versos y pinceles hacen a los hombres y a las mujeres más libres.

El pregonero quiere agradecer el desprendimiento y la generosidad con que fue tratado el pasado año, cuando alguien -de cuyo nombre no quiere acordarse- quiso quebrarle la pluma que es tanto como cercenar el don de la palabra. Fue aquella una jornada hermosa e inolvidable. Por ello, el pregonero aceptó con sumo gusto la invitación para que versos y pinceles se dieran cita hoy aquí para pintar y pregonar para vosotros.

La nómina de agradecimientos es exhaustiva y por ello, ante el temor de dejar algún nombre en el tintero, prefiero guardar silencio y decir con el corazón, abierto de par en par: Gracias. Fernando Delgado -mi afecto entrañable y vetusta amistad con él, desde hace luengos años- se encargará de hacerlas extensivas a todos y a todas.

Una Hermandad es algo más que una asociación vecinal. Es la propuesta, el pensamiento, la armonía, la lágrima, la alegría; un cúmulo de hombres y mujeres laborando por un proyecto común.

Cuando un pueblo resulta ejemplar y es elegido entre otros muchos pueblos, no sólo es por los méritos propios del lugar, sino porque detrás hay un colectivo generoso que busca lo mejor para los suyos. ¡Ánimo! Con gentes así, aun cabe la utopía hecha realidad de que se puede soñar con un mundo más justo y mejor.

Si los hombres y mujeres de Estado de nuestra tierra tienen a bien conceder, el próximo año, una medalla a la Hermandad de La Foz -en su cincuenta aniversario de labor paciente y altruista- será por algo. Otros honores fueron concedidos, en estos días, a quien sobre una cabalgadura -de plásticos y acero y gomas en los cascos- no corta el mar sino vuela a la velocidad del viento.

Congratulaciones y laureles a todos los elegidos este año: hombres, mujeres y pueblos:

Felicidad para Pepe, El Ferreiru, llegado desde Grandas de Salime. Quien recupera, estudia y promociona las raíces de su pueblo merece el mayor de los respetos y de las consideraciones. Camín lo decía: ¿Cómo vivir con a raíz ausente? Un pueblo sin raíces es una tierra yerma. Ser premiado con un Quijote: libro o estatuilla es un honor.

Felicidad para los queridos vecinos del pueblo de Villar de Vildas y de todo el concejo somedano con quien tanto quiero. ¡Ay lago de la Calabazosa, espejo de mis días infantiles! Cuando dos pueblos fraternizan la impronta se hace perenne a través de los siglos.

Felicidad a Los Humanitarios de Moreda a cuyo lado he pasado hermosos momentos en sus fiestas. Gentes de bien cuyo emblema altruista llevan en el corazón.

Felicidad a los queseros porque de ellos es el reino de a sabiduría y verdaderos protagonistas de la jornada.

Hubiera querido escribir los versos más bellos esta mañana. Escribir por ejemplo...

Muchas gracias

Celso Peyroux

www.xuliocs.com/CPeyroux

LA PROBE DE MORCÍN: VERSOS Y PINCELES

Al pintor Manolo Linares

Pintura y poesía. Poesía y pintura de la mano como dos hermanas gemelas; como dos gotas de leche para fabricar el queso. Viene a colación este símil para rendir homenaje y saludar con estas palabras, a modo de introducción, a mi buen amigo, poeta del pincel Manolo Linares -con quien tanto quiero y admiro- y pregonero que fue el año pasado. Versos y pinceles que dibujen y escriban el cosmos en un mundo de letras y colores cuales son estas fiestas de la Virgen de la Probe y la Feria de los quesos artesanos de Asturias, en su décimoséptima edición tan enraizadas como aquel árbol noble de Alfonso Camín: Si soy el roble con el viento en guerra ¿Cómo viví con la raíz ausente? ¿Cómo se puede florecer sin tierra?

Versos y pinceles. Poemas y pintura para glosar y plasmar el espacio rural de estos valles cincelados por las aguas y los vientos. Lucha de la tierra con los elementos que, después de muchos años -cuando apenas si la luz del mundo era una amanecida- nos dejaron pastizales y bosques, cantiles y roquedos, silencio y vida, hombres y mujeres, fragor y luto en el subsuelo donde el minero sigue haciendo astillas del helecho milenario.

Estas "fasteras" -en lengua vernácula- culminadas por cumbres majestuosas donde resulta más fácil hablar con La Probe y desde cuyas atalayas, y a perdida de vista, se columbra -ay de mí- a un diminuto ser humano tan ignorado en el cosmos, tan insignificante y, sin embargo, tan sublime y trascendental. Porque después de mí el diluvio. Esto es: tras el hombre tal vez la nada, o tal vez el todo. Tierras propicias a la meditación: ¿Qué era el tiempo antes de que la luz alumbrara la consciencia del hombre? ¿Dónde estoy? ¿Quién soy? ¿Qué hago yo aquí? mientras que Diógenes, con su lámpara encendida sigue buscando al hombre sin encontrarlo.

Al ser humilde; al "probe" en denarios pero rico en valores; al laborioso y altruista como La Hermandad de La Foz; al honesto y legal -impropio en estos días de córneas torturadas y proclives al odio- cuya palabra es una escritura. Al hombre que vive y convive en una sociedad ávida de mitos y fenómenos sociales mediáticos a los que poder aferrarse porque para él es la soledad sonora y su noche oscura sin repuestas. Al hombre y a la mujer generosos y desprendidos con sus semejantes -¡Ay del Africa negra! ¡Ay de la Luisiana! ¡Ay de las periferias de las grandes ciudades! Porque amigas y amigos no es más feliz el que más tiene, sino el que menos necesita.

Y todo ello lo plasma el pincel sobre el lienzo y el cálamo sobre el papiro como beldad para endulzarnos la vida y denuncia para preguntarnos ¿Por: qué telúricos senderos camina el hombre de Estado que se aparta y silencia el estado del hombre?

El pintor y el poeta capaces de plasmar sobre lo blanco las tragedias y miserias mundanales y, al mismo tiempo pintar el retrato de un ave -un malvís, un raitán, un xilgueru-, darle vida y escuchar su canto. Pero, ambos van más allá y un día- el artista pinta arrodillado ante la imagen de La Probe- a Don José Manuel -párroco sabio, prudente y justo, varón venerado- una escena en la que el sacerdote, por el mes de mayo, alaba las excelencias de María y le pide por nosotros pecadores. Y en sus palabras el patriarca de este solar emite aquella misma plegaria que madre me enseñara siendo niño: Oh Señora mía, oh Madre mía yo me ofrezco todo a vos...

Pero versos y pinceles son rebeldes y cotidianos y buscan con ahínco el pálpito del pueblo y pintan y describen la estampa de Manuel Barrero, minero de La Puente picando carbón entre mampostas, lámparas encendidas y la sombra del grisú agazapado con los versos de León Delestal y la voz de El Presi: " Si yo fuera picador-cantaba un guaje en la mina". Y otro día, en una huerta de La Foz plasma el pintor -en amarillo y verde, sus mejores lienzos- a los hermanos Arturo y Amaro apoyados sobre la fesoria y la gadaña en un breve receso de sus vidas campesinas. Son éstas unas estampas póstumas para honrar su memoria como la de otros tantos focetanos y focetanas; morciniegos y morciniegas -de recta interpretación y abiertos a la verdad- que en el mundo han sido.

La paleta del pintor toma prestados de la mater natura los ocres y los verdes de los prados donde pastan apaciblemente un grupo de vacas. La leche de sus ubres será el elemento base para transformarla en queso. En ese apetitoso manjar y capricho de los dioses que por su sabor, color y textura habrán de convertirse en "roxu de trapu", "blancu de trapu" y "atroncau". Pero no pierdan cuidado: el artista sabrá incluso plasmar en el lienzo colores, sabores y perfumes.

Desde catado, mucido u ordeñado el animal las manos arte-sanas del quesero habrá empleado los útiles de raíces ancestrales: potas de cuayar, recipientes fabricados de vísceras y pieles de animales, fardelas, queseras, arnios, prensas, vedrios, maseras, concos, duernos, bacicas, fresqueras y cebatos. Sí. Un atardecer me fuí en busca del poeta desconocido y me encontré con las manos de un artesano, mientras se escuchaba la voz de la leche cantando en el fondo de un odre de piel de carnero.

El queso, el queisu, le fromage, il fromayo. Honor a quienes lo elaboran, salud a quienes lo degustan. El queso. "Bocatto de cardinali". Yantar de reyes. Un viejo aforismo francés pregona que: "Una comida sin queso es como una hermosa mujer a la que le falta un ojo".

Y el pintor y el rapsoda terminan su periplo por Morcín. Se suben al Canto la Sierra y trazan, perfilan, colorean y describen con pinceles y versos el desfiladero de Entrefoces para divulgar la belleza del lugar. Pero, al mismo tiempo, para mostrar -como en otra alegoría- que la vida es apretada y que los hombres y las mujeres triunfan sólo cuando llegan al descampado gracias a los valores éticos que llevan consigo.

Una Hermandad es algo más que una asociación vecinal. Es la propuesta, el pensamiento, la armonía, la lágrima, la alegría; un cúmulo de hombres y mujeres elaborando un proyecto común. Cuando un pueblo resulta ejemplar y es elegido entre otros muchos pueblos, no sólo es por los méritos propios del lugar, sino porque detrás hay un colectivo generoso que busca lo mejor para los suyos.

¡Ánimo! Con gentes así, aun cabe la utopía hecha realidad de que se puede soñar con un mundo más justo y mejor. Si los hombres y mujeres de Estado de nuestra tierra tienen a bien conceder, el próximo año, una medalla a la Hermandad de La Foz -en su cincuenta aniversario de labor paciente y altruista- será por algo. Vale.

Celso Peyroux,

La Foz de Morcín

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