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LITO Y EL ENIGMA DE TURÓN
(Palabras para Lito),
por Celso Peyroux

Siempre comienzo con unos versos mis exposiciones públicas porque considero que la poesía es la verdad práctica de la vida: "Yo soy aquel que ayer no más decía/ yo supe de dolor desde mi infancia; /mi juventud…. ¿fue juventud la mía?/ sus rosas aún me dejan su fragancia,/ una fragancia de melancolía (Rubén Darío/ "Cantos de vida y esperanza).

La poesía es la bella, llegada de un lugar etéreo donde anida la tercera verdad, que sólo concede a los dioses el privilegio de darles el primer verso, para que luego el poeta termine la labor. Todos y todas intentan hacerle la corte -éstos para seducirla y conocer su íntimo secreto, aquéllos con fines aviesos y malévolos para alcanzar el poder- acariciarle el césped de su pubis y llevársela a un lecho de flores pero, queda claro, que Ella solo se acuesta con los elegidos. Dentro de cada uno de nosotros hay algo oculto, misterioso, intangible, intocable, sagrado que no sabemos lo que es. Eso, precisamente, es lo que somos. Eso es, sin ir más lejos, el poema de la vida. Lo trascendental del hombre.

"El enigma de Turón y el misterio de Teverga son para Lito y para este cronista "una fragancia de melancolía" tal y como escribe el poeta nicaragüense. Ambos hemos trabajado duro por nuestros pueblos: mina, tierra, cultura y sus gentes y hoy no nos queda más que el dulce sabor de la melancolía, la conciencia limpia de la labor realizada, la dignidad y la honradez y "la divina reina de la luz, ¡la celeste esperanza!”, en un acertado y profundo verso de Darío.

Si Antonio Machado escribe: "Mi infancia es un patio sevillano" la mía es el silbido, el ruido de las toberas de vapor y el chirriar de las ruedas sobre los carriles hasta que la arena tiraba de las bridas a la loca carrera de las locomotoras. Eran las máquinas que bajaban con grandes trenadas transportando carbón desde Teverga y Quirós a Trubia. "Silbaban a la entrada de los túneles y el humo blanco de sus cilindros hacía tiritar los avellanos. Resoplaban como bueyes en las duras pendientes y, en las mismas bajadas, les tiraban de las bridas para evitar que se desmandaran. Eran caballos de hierro que arrastraban vagones cargados de carbón, hierro y madera recorriendo, arriba y abajo sin descanso, uno de los parajes más bellos de la región: Los Valles del Trubia.” Las locomotoras siempre en mi vida como la sombra de mi mano hasta que un mal dia del año de desgracia de 1964 desaparecieron sus silbidos, los resoplidos del vapor y el traqueteo de sus vagones.

Turón y su enigma forman parte de los hermosos recuerdos de mi infancia cuando visitaba el Valle invitada mi familia tevergana por un familiar de la barriada de San Francisco que era, para gozo mío, conductor de una locomotora. Las fiestas del Cristo con sus carrozas, los entibadores poniendo con esmero y maestría los cuadros de madera, el concurso de caballistas arrastrando vagones con sus mulas desde la tolva a la meta, las carreras de caballos para perforar las cintas, el tiro al plato, las romerías y verbenas, las sesiones vespertinas en los cines Fideflor y Froiladela, el flamante pozo San José orgullo de la minería y, una vez más, las locomotras a las que tenía fácil acceso. En fin, todo en el tálamo del recuerdo y el sabor a miel de la melancolía.

Lito nos deja en este hermoso y trabajado libro una carga de nostalgia pero un álbum de recuerdos para nosotros y para las generaciones venideras. Un pasado próspero y un futuro incierto por el abandono en el que está inmerso todo el valle de Turón y la palabra desgarrada y el grito en la garganta pidiendo justicia para su pueblo. Una labor ardua y de un mérito incalculable a través de los diez capítulos, de decenas de fotografías en blanco y negro y a color y de las casi 500 páginas. Personajes, nombres de hombres y mujeres, gentes entrañables, cifras y datos y sobre todo y ante todo el corazón palpitante de Turón cuya memoria perdurará gracias al Cronista.

Manuel Jesús López González, tu eres Lito, piedra y sobre esta piedra edifico -como esquina angular labrada a cincel- la memoria de Turón, de sus buenas gentes y de nuestra amistad.

Lito-grafía turonense que grabas, reproduces e impresionas la vida y la historia de los tuyos sobre un mármol. Poeta silencioso de auroras y crepúsculos que en tu labor cotidiana vas dejando pluma y alma en las zarzamoras del camino como acontece a los que escribimos.

Suerte en el camino, amigo, porque habrá otras locomotoras y otras gentes que llenen de nuevo otras páginas para nuestro bien y el de la Historia.

Turón ya no tiene un enigma. Las luces de la alborada, la "esperanza azul” y la pluma de Lito lo han desvelado. Fiat Lux.

Celso Peyroux

Teverga, verano de 2011

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