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LEER PARA SER MÁS LIBRES
-Los jóvenes y los libros-

Conferencia dictada
en el Instituto Benedicto Nieto.
Pola de Lena. Día del Libro, 2004
Publicado en La Nueva España
22-04-04
Celso Peyroux.

Y es que los jóvenes de hoy ni piensan ni meditan porque no se lo permite la sociedad en la que “viven”. Todo está expuesto bajo el sol: Los intensos estudios y deberes para poder ser competitivos, los ordenadores, la consola, la maquína digital, el bombardeo intensivo y despiadado de la TV y al final del día nos les queda ni un sólo espacio para leer, para ser ellos mismos. Un tiempo a solas con sus consciencias (¿Dónde estoy? ¿Quién soy? ¿Qué hago aquí? ¿Para qué sirvo?) valorarando la jornada que acaba de pasar para rescatar lo bueno y alejarse de lo malo y no cometer los mismos errores. Y es que a nuestros niños y jóvenes nadie les enseña a meditar.

La meditación ha de tener como complemento la lectura o bien la lectura un tiempo para la meditación. Todos los sabios que en el mundo han sido, han leído cientos de páginas y de libros para aprender de los que fueron por delante desbrozando el terreno y encendiendo luces allí donde había sombras.

Luego de leer y meditar nos dejaron estos y otros profundos pensamientos y consideraciones sobre los que habría que abundar a nuestros jóvenes: “Pienso, luego existo” (René Descartes); “Ser o no ser, he aquí la cuestión”. (W. Shekespeare); “Sólo sé que no sé nada”. (Sócrates); “Conócete a ti mismo y así conocerás a los demás” (Michel de Monteigne); “Habla solamente si consideras que tus palabras son más bellas que el silencio”. Nagore. “La tierra no es una herencia de nuestros antepasados, sino un préstamo de nuestros hijos”. (Un anciano piel roja de la tribu de los sioux); “Soñaba un día, a la sombra de un sándado, que servía a mi prójimo y era feliz. Cuando desperté, ayudé a los demás y fui muy dichoso”. (El príncipe Shidarta, es decir: Buda. 600 años A. de C.)

Leer para aprender; aprender para escribir. Leer las lecturas recomendadas por vuestros profesores, padres y amigos. Aquellas que vosotros mismos hayáis elegido. Leer despacio y subrayar las hermosas palabras que os salen al paso y que enriquecen vuestro vocabulario. Señalar aquellas frases o párrafos que os atraen por su mensaje, por la semántica y la música de los elementos que comportan los sintagmas y las proposiciones. Aquellas frases que se acercan a vuestros pensamientos; que os abren los ojos ante algo que hace tiempo querías expresar pero que no podías por carecer de los elementos indispensables del lenguaje.

Os encontraréis con metáforas, musicalidad, armonía e imágenes en la lectura del verso y personajes en la prosa: narrativa, cuento, y teatro que os seducen por su forma de ser y de actuar que terminan formando parte de vosotros mismos porque en el fondo os volvéis protagonistas de la acción. Tomar buena nota de aquella frase que os cautivó y que si la memorizáis será vuestra, desde ese momento en adelante, porque con la licencia de su autor vais a emplearla en múltiples ocasiones. Un libro no es de quien lo escribe sino de quien lo lee, pero nunca estará de más decir quien fue el autor.

Leer para ser más libres. Leer libros de fantasía porque los sueños y el misterio son los que hace crecer a los niños y a los adolescentes. Leer ficción aunque no resulta fácil porque exige un esfuerzo suplementario porque al no poder el lector adoptar una actitud pasiva, cada personaje resulta un rostro imaginario y cada escena una instantánea diferente que el propio lector va creando a medida que avanza en la lectura. Por lo tanto, el libro de ficción o de fantasía estimula el pensamiento y enseña a pensar.

Libros de aventuras en los que os vais a sentir protagonistas y dar rienda suelta a vuestra imaginación eligiendo espacios y compañeros de odiseas: Julio Verne, Emilio Salgari, Zane Grey. Lecturas profundas y al mismo tiempo fantásticas y divertidas como: “La historia interminable” o “Momo”, incluso al propio y manido “Harry Potters. Leer El Principito, escrito con un gran cúmulo de sutilezas para niños y adultos.

Leer poesía porque en ella está la verdad profunda del mundo; atreverse a “hojear” El Quijote ahora –y siempre- que se celebra el cuarto centenario de su aparición, aunque solo sea en aquellos capítulos pinchando odres, “desfaciendo” entuertos o saliendo por los aires con su montura impulsados por las alas de un molino de viento y la reflexión de una de las obras más profundas de la literatura universal.

Leer porque el joven que no lee está condenado a ocupar los últimos peldaños de esta extraña pirámide que forma la sociedad. Leer para respetar y hacerse repetar. Leer, en fin, porque los hombres y las mujeres cultos son más libres. Leo, luego existo.

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