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GRUCOMI,
TRAS LA HUELLA MINERA

Mientras D. Antonio Machado escribía: " Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla,/ y un huerto claro donde madura el limonero" y el inolvidable Manfer de la Llera, aludiendo en sus siempre hermosos versos sobre "Los neños sin infancia" deja escrito: " La neñez ye per siempre/ nómina señardiega/ un retayu de vida/ que presta recordar"... mi infancia son también recuerdos de los hermosos valles del País de siempre y un día.

Sí. Los recuerdos más gratos son aquellos que nos trae la memoria de la infancia porque con las estampas del pasado el alma se solaza y se embriaga de melancolía. Al igual que las hojas son las raíces del árbol en el viento, las secuencias infantiles son el alimento imperecedero del hombre a lo largo de su existencia. Así, la infancia -ebria de recuerdos- permanecerá, intocable en el individuo, palpitando, hasta el último suspiro, como un latido del corazón; como la diminuta llama de una vela ondulada por el yunque del silencio.

Los recuerdos de infancia son, algunas veces, difusos como la niebla y difíciles de traer a la retina; no obstante, en otras ocasiones, las más, acuden diáfanos como un rayo de sol con música en los oídos y lisura en los dedos. Antaño, las horas no corrían y las hacía añicos entre mis juegos y lecturas; las bebía como el agua cristalina de la fuente La Prida que aun canta gozosa entre dos árboles a pesar del secuestro sufrido. Ahora el tiempo se me van de las manos, las horas pasan y pesan y, aunque las colme de caricias, me dejan abandonado en el primer sendero.

Y a colación viene la infancia por mis añoranzas de Turón en el recuerdo. Hace de esto cincuenta años con días veraniegos pasados con familiares que vivían en los cuarteles de San Francisco. Por aquel entonces fluía la gente como arroyos de seres humanos; las locomotoras de vapor -como la que llevaba Domingo- que pitaban tal lo hacía la Somonte por los desfiladeros de los Valles del Trubia camino de Teverga; el pozo San José, recién estrenado, con sus concursos de entibadores y de caballistas perfilando la madera entre rieles, mientras las ruedas de los vagones -a fuerza y golpe de trabanca- tirados por mulas se quedaban clavadas en el lugar exacto para ganar el premio. ¡Qué mineros aquellos!

Todo ello ocurría por las fiestas del Cristo: romerías, verbenas, tiro al plato, carreras de cintas a caballo, de bicicletas, los cines de Fideflor y Froiladela. Páginas para el recuerdo que nunca me avisaron que un día GRUCOMI (Grupo coleccionista minero investigador) y los escritores de la mina me tributarían un homenaje inolvidable en una tarde machadiana de sol y lluvia en el recóndito y bello pueblo mierense de Urbiés.

Memorias de infancia: " Pero hai infancies mudes/ qu'en cuentes recordales/ val más escaeceles/ que volver memoriar" v uelve Manfer con sus versos porque no siempre la infancia fue un jardín de flores. Los dos recorrimos caleyas y pedreros con la vida recién puesta entre las manos -viento, sol, lluvia y nieve- vendiendo la prensa cotidiana y otros quehaceres duros. Descanse en paz el minero, el escritor, el amigo.

Han concluido los encuentros con el éxito de GRUCOMI, pero también es verdad que durante estos dos años de una nueva ausencia que se acerca, deseo a todos mis entrañables compañeros -que tienen el don de la palabra para escribir sobre la mina y lo minero- lo mejor, notablemente eligiendo aquel camino que conduce a la senda del bien, del respeto y de la solidaridad. Hombres y mujeres caminando junto a otros seres humanos por los andamios y las fraguas de la Historia.

Porque juntos podemos, debemos ascender -con la herencia de nuestros nobles valores a lo más alto. Caminar por las vías en busca del tiempo perdido y de la cuasi perfección y así regresar al punto de partida para elevar la Humanidad a la parcela etérea que le corresponde por lugares donde la luz transita en busca del horizonte amanecido.

Mi agradecimiento perenne a Luis María García alcalde de Mieres -por la gracia del pueblo soberano- por sus palabras preciadas y precisas y la estuilla en bronze donada por su Ayuntamiento. A Paco Trinidad: padre de muchas ideas y proyectos, hijo de la pluma, paloma de la paz. A los ojos azules y serenos de una sirena que alguien con acierto engarzó en el rostro de Maite. Al erudito y mejor amigo Pedro Fandos amante de la piedra y de la piel de la tierra. Gracias pulida piedra palatina de alabastro por tu amistad. A Ismael María González Arias -nobleza y estirpe tevergana obligan- investigador, escritor, musicólogo, desfacedor de entuertos en la "nuesa lliguna vernácula".

Tus palabras de presentación y de aliento han quedado grabadas en el dintel de la puerta de mi casa. Gracias a José Manuel, Rolando, Laude, a toda la Directiva de GRUCOMI y a cuantos y cuantas hicieron posible este hermoso homenaje que me habéis tributado.

Dos años más para volver a vernos: "¡ Dolor, dolor, el tiempo consume la vida!", escribía Charles Baudelaire, pero los nuevos encuentros están ahí a la vuelta de la esquina y una vez más volveremos a vernos para cruzarnos saludos, cambiar opiniones, razonamientos, intercambiar libros, leer nuestros trabajos haciendo del encuentro una kermesse o fiesta literaria.

Escribid, investigad, recuperemos, escribamos. La sociedad quedará agradecida y también las generaciones venideras. No son las palabras iluminadas ni vanidosas las que conforman los libros; son las voces precisas, pertinentes y comprometidas de los verdaderos libros las que hacen llevar al ser humano a la luz del entendimiento, a la paz y a la libertad.

Noble estirpe esta del minero. Unos -muchos de los nuestros- se fueron dejando hulla y huella, salud y vida en las amargas zarzamoras de la mina y otros siguen aun con la luz de la esperanza. ¡Por Dios no los olvidemos! No los dejemos solos.

Teverga . Celso Peyroux.

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