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PALABRAS PARA
EL NIÑO QUE NO IBA A MISA,
de Diego Carcedo

por Celso Peyrouxs 

¡Qué de sombras finge el miedo!

¡Qué de engaños imagina!
Oye, escucha. ¿Dónde fue,
que apenas sus pasos siento?
¡Ah, labrador! Oye, aguarda.
"Aguarda," responde el eco.
¡Muerto yo! Pero es canción
que por algún hombre hicieron
de Olmedo, y los de Medina
en este camino han muerto…

Buenas tardes a todos y muchas gracias por su presencia.

Tengo la artesana costumbre de comenzar siempre mis palabras en público –desde hace muchos años- con unos versos porque en la poesía está la verdad de la vida.

Pero es que, en esta ocasión, Diego Carcedo me lo ha puesto en bandeja de plata porque el libro que hoy presentamos comienza también con una cita de El caballero de Olmedo de cuya obra de teatro es autor el fénix de las letras Fray Félix Lope de Vega y Carpio.

Un breve capítulo de agradecimiento:

-A LIBROVIEDO por su acogida y generosidad. Gracias Luis Martín, Presidente de la Asociación de Libreros de Oviedo.

-Gracias a Diego Carcedo por confiarme la presentación de una novela en cuya carátula dice: EL NIÑO QUE NO IBA A MISA.

Diego Carcedo presentó dos de mis libros en el Centro Asturiano de Madrid, hace unos años y hoy correspondo en la medida de mis posibilidades a su amabilidad.

Presentar un libro –y además por mayo florido, con el milagro de la primavera, como dice D. Antonio Machado- es un deleite y un regocijo para el alma. Pero dar a conocer la primera novela –el primer brote narrativo-ficción de un árbol que tiene muchas ramas escritas y profundas raíces, cual es el “carbayu” (roble en castellano) o el manzano –como él prefiera, ambos patriarcas de la flora profunda asturiana- es un acto cultural balsámico con olor a brezo y manzanilla.

…Si soy el roble con el viento en guerra,
¿Cómo vivir con la raíz ausente?
¿Cómo se puede florecer sin tierra?

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