Costumbres, tradición, gastronomía, trabajos rurales, vida vaqueira, saber popular

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Hasta que en el cielo toquen las aves

Una gran nevada cubre -en los años cuarenta- un valle
de las tierras del Norte del país con sus pueblos y aldeas.
Los lugareños temen que las montañas hayan desaparecido
bajo la nieve y con ella una joven que se aprestan
a buscar por todas partes. El tiempo, desde la
ausencia de Humildad, ha detenido su reloj
de arena y los más ancianos creen
que todo es un arcano, como misteriosa es la silueta
de un espectro viviente surgido del mundo
de los muertos que no padece ni hambre, ni frío,
ni temor alguno. Otros consideran que los
males del pueblo son obra de Caín y de dos
parroquianos faltos de los mínimos valores.
Hasta que en el cielo toquen las aves,
es un bello relato -un filandón a la antigua
usanza y costumbre-, bajo forma de novela coral,
que recoge el pálpito vital, con un profundo
realismo del mundo rural que el autor conoce como
la palma de su mano: sus gentes, sus formas
de ser, sentir y pensar. Todos son protagonistas;
incluso los animales domésticos y silvestres.
El estilo de narración lo hace único en su género,
con un lenguaje tan limpio y sereno, profundo
y poético como la nieve misma:
“...Sigue nevando. La soledad cubre de blanco
los tejados y se palpa el dolor en los árboles
ateridos por el frío. Todo es blanco: el aire, los copos,
la niebla, el río, los álamos, las palabras, el miedo,
las penas, el aliento, la mirada. Incluso
la ausencia silente de Humildad Caizán
es blanca y dolorosa...”

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