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Baladas para una metamorfosis
con solo de avefría

He aquí un libro como excelente muestra de la maduración, ya irreversible, de un poeta. Un madurez que, como de puntillas, ha ido llenando los amplios espacios de una vocación personal mantenida contra viento y marea, contra modas y escuelas, contra éstos y aquéllos.

Porque tras los versos de Celso Peyroux hay seguramente muchas lecturas poéticas, probablemente dispersas, tal vez demasiado alejadas unas de otroas en el tiempo y en el espacio: La forma de leer propia de un notable desgustador de poesía. Y todas estas experiencias de lector, enriquecidas por el profundo conocimiento de los escenarios donde tienen lugar la lucha del hombre con la tierra, han cuajado en una voz propia, personal, cálida y solidaria.

Los que lean este preciso libro -donde se da la simbiosis entre el verso y la Bellas Artes (opina el autor que la pintura y la escultura es la poesía llevada al lienzo, al papel, al bronce, a la piedra, a la madera y a la arcilla)- encontrarán familiares ecos de poesía social, de poesía popular, de poesía concioneril, pero también de poesía más depurada de elementos inmediatos y reconocibles, de poesía más conceptual, mas organizada y ambiciosa, menos concesiva.

Aquí verá el lector convivir formas estróficas tradicionales como el romance o el soneto con otras actuales cuya única constricción formal se subordina a una tensión rítmica que genera el propio lenguaje poético. Aquí encontrará el lector -entre las sombras de la noche y el verde esperanza- temas de amor, de soledad, del paisaje, de la muerte, de la añoranza envueltos en “serondas” (tiempo otoñal en la lengua materna del poeta) e invernadas, habitados por ese avefría, cuya presencia se convierte en un vuelo continuo y vigilante.

Voy a imaginar por un momento que era yo el que tenía un ipílogo y que a ese ipílogo debía ponerle Celso Peyroux sus versos. Aquí está cumplido el encargo con la generosidad, realismo y hondura que personalmente esperaba. Que todos los amigos del poeta, que son muchos, y los lectores del verso profundo esperábamos para deleitarnos con su lectura.

Alvaro Ruiz de la Peña
Profesor de la Universidad
de Oviedo

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