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EL POZU CHAGO
en la leyenda
de la joven de Zurea

Las dos versiones de la leyenda de Chago: una misma convivencia obligada en los altos de las carbas, de las brañas...

Relato recogido de la voz oral
de los güelos y las güelas
de Zurea

A) Anotación previa

Resulta que en el término de Brañavalera y en su parte más elevada, se conforma un crestón de caliza orientado de sur a norte y en sentido ligeramente descendente. Por este lado, la peña da vista a Zureda, lugar desde el que se contempla de forma engañosa como un pico, La Pena Chago,  y que se yergue sobre el mayáu de Sobrecuevas.

Por su vertiente este, las calizas y pastos de la peña descienden hasta las praderías de Espinas, sobre el valle del río Lena, vertiente de Tiós; al oeste, cae sobre el valle más cerrado de la Cuesta Chago; y al sur, al Mayáu Brañavalera.

Todo un conjunto de peñas, pastizales carbizos, pequeñas praderas entre las breñas, riscos, gabias, algunos precipicios y cortes verticales...; los altos de una peña compartida por voluntad o por fuerza, con mejor o peor ceño casi todo el año, y lejos de casa.

En este contexto, los altos de Chago siempre impresionaron a los usuarios de los pueblos circundantes, desde Zurea y Vache, hasta Tiós, Campomanes, La Vegal' Rey, La Vega'l Ciegu...; unos vecinos -ya prerromanos mucho antes- siempre con sus ganados por estos pastos carbizos; y en especial, la vecera diaria: el ganado menor de las cabras y las oveyas que curiaban por turno en cada pueblo (por vez, que dice la palabra).

Por lo que no podían faltar las leyendas, fruto de tantas ocasiones para aquella convivencia obligada

Pues el caso es que, justo en el centro de este crestón calizo, existe una profunda sima que ha dado lugar a diversos cuentos y leyendas, orientadas tal vez a crear una cierta atmósfera de misterio en torno a un lugar tan lúgubre y cavernoso; y hasta de mucho respeto o miedo, dado el riesgo existente para aquellos que, desconocedores de la zona, pudiesen ver peligrar su integridad física impulsados por la curiosidad de asomarse siquiera a la profunda sima.

Lo cierto es que El Pozu de La Pena Chago resulta un lugar propicio para el desarrollo de toda una mitología popular; en ella se mezclan elementos paganos y cristianos, que tal vez respondan a lo que alguna vez, y de alguna manera, haya podido ocurrir en la realidad; o sólo ante el miedo o la previsión de que ocurriese algún día por desgracia.

B) La versión zureana de la leyenda del Pozu

La joven pastora, ente la nublina ciega de la peña y el mayáu

Una de las leyendas nos habla de una joven adolescente de Zureda, adornada   de belleza y de virtudes, a quien el diablo pretendía ganarse para su causa. Y esto lo hacía mediante diferentes formas de tentarla, que la joven  evitaba a través de la ayuda de su fe religiosa.

Pero además de sus rezos,  la joven también debía apoyar las labores de la casa  pastoreando el ganado.

Los supuestos hechos de la leyenda ocurrieron en primavera cuando la joven zureana, después de asistir a la procesión de la fiesta de la Cruz de Mayo, engalanada con sus mejores ropas y aderezos, tuvo la necesidad de subir al mayáu Chago para poblar el ganado de la casa.

Al llegar al lugar, y como es propio en primavera, cerró la niebla en redondo, y no pudo encontrar las reses que necesitaba ordeñar.

Después de mucho llamar y llamar al ganado, pudo oír a lo lejos, y en dirección al crestón calizo de Chago, el mugido del toro que ella creyó de su ganadería y que respondía a su llamada.

Alcanzó el sendero que aún hoy serpentea por la parte más elevada de la sierra, y siguió escuchando de cuando en vez la llamada del semental.

En la boca de la sima y en las garras de aqulla bestia

De senda en senda ente la nublina ciega, el orbayu humedeció sus ropas, por lo que decidió quitar el dengue y depositarlo  en una oquedad de las rocas, al lado del sendero principal. Pero, de pronto, la joven asustada se encontró justo ante la profunda sima,  que presidía un extraño personaje, mitad persona, mitad bestia, que trató de sujetarla por la fuerza.

Entonces ocurrió la tragedia: ella, en su afán de escaparse de aquel demonio, tuvo la mala fortuna de caerse a la sima y hundirse en sus profundidades para siempre.

Con el paso de las horas -continúa la voz oral de los zureanos-, su familia, alarmada, comunicó la ausencia de la joven pastora a los vecinos, que subieron presurosos al lugar donde sabían que ella pastoreaba.

Ya llegada la noche, encontraron el dengue que ella había depositado al lado del sendero. Y, al encontrarse en las cercanías de la sima del Pozo de Chago, no tardaron en sospechar lo que habría podido ocurrir.

Después de llamar a la pastora por todo el entorno de la peña, y al no obtener respuesta alguna, sospecharon que habría caído dentro. Durante cierto tiempo siguieron buscándola e incluso llamándola desde la boca del pozo. Pero sólo  respondía el eco de sus voces retonando en las profundidades de la caliza, y las chovas que remontaban el vuelo sorprendidas por el vocerío.

Hasta que los coralinos de los collares y el vestíu baxaron entre las aguas a La Fuente'l Reúndu

Pasado algún tiempo -continúa el relato-, alguien se detuvo un día de calor para beber en la fuente del Reúndu, cerca de Campomanes. Su sorpresa fue enorme cuando vio en el fondo de la fuente un buen número de coralinos, aquellos que se utilizan para elaborar los collares del vestido de fiesta.

Como en toda la zona se conocía la desaparición de la joven tomaron contacto con su familia por ver si conocían los abalorios, y la respuesta fue afirmativa. Una corriente subterránea los había llevado desde el fondo de la sima hasta la fuente.

Aún hoy -termina la voz oral- los visitantes del lugar gritan a la boca del pozo y esperan una respuesta. Pero sólo les responde el eco de su propia voz.

C) La otra versión del Pozu en los pueblos vecinos: Tiós, Campomanes, La Rasa, Sorribas, La Vega'l Rey, La Vega'l Ciegu...; pastos de Brañavalera, Espinas...

Cuenta la voz oral que cierta pastora apacentaba sosegada sus ganados por aquellos bucólicos altos rocosos de La Pena Chago, cuando súbitamente dos carneros se enzarzaron en encarnizada pelea, hasta el punto romper con sus estruendos el silencio de las calizas.

Asustada la pastora por la griesca, quiso separar a los carneros obstinados en tan cornuda pelea, por lo que descendió de la cima con su cayada para intentar desentsurdiatsos (separarlos) de la engarradietsa (la agarrada), a muletazos si fuera necesario.

Asestaba testarazos a uno y a otro contrincante en la cornamenta, pero seguían ellos cada vez más obstinados en demostrar quién era el más fuerte y, en consecuencia, el que mandaba en el rebaño.

Y llegó el desenlace trágico, en la versión de los lugareños: obcecados como estaban los carneros en derribar ladera abajo al contrincante, y ajena al peligro del pozo, como estaba la pastora ilusionada en separarlos; enganchados por la cornamenta retorcida, rodaron los dos machos sobre la abertura de la grieta -la sima del Pozu Chago-, al tiempo que arrastraron con ellos a la joven ninfa por la peña abajo.

El resultado fue que también ella se precipitó al pozo, mientras un ruido espeso de cuerpos y de piedras retumbando se apagaba poco a poco entre las paredes calizas del abismo.

A los pocos días aparecían los corales y las perlas del collar de la pastora en las aguas cristalinas de La Fuente la Rasa: una fuente bajo el poblado del mismo nombre, justo al paso del camín real del valle por La Vega’l Rey.

D) La leyenda de las siete xanas junto al tesoro

El cuélebre de las siete cabezas de Chago

Existe otro cuento en torno al Puzu Chago, que tal vez se repite para otros lugares mágicos, pero que no deja de sorprender en el contexto literario de las leyendas lenenses. Se vendría a resumir así:

Un cuélebre con siete cabezas en las profundidades del Puzu Chago tiene por trabajo custodiar a siete xanes que se encuentran allí encantadas junto a un tesoro fabuloso.

Sólo hay una forma de desencantarlas: debe hacerlo una pastora que se llame Sol; que sea rubia; que tenga los ojos negros, y que cumpla 22 años el día de San Xuan. Y, además, en un día que coincida con el Corpus y amanezca nevado...

La forma, ciertamente, muy difícil para desencantarlas: por eso las siete xanas deben seguir allí custodiando el tesoro de La Pena Chago. La fantasía del relato podría completar el entramado de las dos leyendas en torno a la joven y a la ninfa que se fundieron con las aguas del pozu.

Esta otra Leyenda de las Siete Xanas podría suponer una versión más para sellar el acuerdo de las aguas y los pastos entre los pueblos que habrían de convivir en las carbas y en los altos: una especie de firma de contrato que nadie se atrevería a romper en adelante. No por casualidad, la voz oral eligió el NÚMERO 7, el número completo que incluye la perfección absoluta: los 4 elementos de la Naturaleza (Tierra, Agua, Luz, Aire); más 3 (la complejidad del Cielo, la Trinidad).

Siete Cabezas custodiando Siete Xanas; imposible de romper el tesoro: tal vez, sólo unos pastos, unas aguas...., pero que suponían pura riqueza en los altos pastoriles para sus tiempos.

Y nadie podría desencantarlas, al no darse todas las circunstancias exigidas -llamarse Sol, ser rubia, de ojos negros, cumplir 22 años: y ocurrir todo junto el día de San Xuan, que fuera día del Corpus, y nevando en pleno mes de junio... El sello asegurado entre los pueblos. Imposibles tantas coincidencias para acceder al tesoro, algunas, incluso, contrarias entre ellas.

E) Las semejanzas y diferencias, de una situación siempre más o menos en el litigio de los pastos por las brañas y las carbas

a) La versión de Zurea:

  • preocupaba, sobre todo, la vida de la pastora en los altos de la braña: una doncella muy joven, devota, cristiana, que va a misa...; indefensa...; frente a las tentaciones, los acosos del diablo, tal vez la representación del peligro en los altos más bucólicos de la braña; no preocupaban tanto los pastos, pues ya se sabe que una mayoría vierten pa Vache, Zurea, Los Asprones, Tardabeyas...

  • se enfrenta una joven a un macho en situación de mucha desigualdad: a un personaje maligno, mitad persona, mitad bestia, un demonio...; un ser disfrazado, violento, acosador...

  • no discute el derecho a las aguas vertientes ni a los pastos limítrofes: los corales y las joyas reaparecen ladera abajo en La Fuente del Reúndu; parecida a La Fuente La Rasa, en la versión rival

  • la víctima es la joven doncella de Zurea, cristiana, menor de edad, sin defensa posible allí; una heroína, pues se resiste hasta que, en el forcejeo, cae al pozo; el vencedor es el monstruo de los pueblos rivales, el acosador, el violento, en la soledad de la peña y al cobijo de las nieblas;

  • el resultado: el desprestigio de los abusos que cometían los rivales disfrazados de los altos, hasta con las doncellas más indefensas, sin posibilidad de defensa alguna; tendrían derechos, pero no de abusos;

  • el objetivo de la leyenda estaba cumplido para los de Zurea: transmitir a las jóvenes la precaución extrema con pastores en la misma mayada, incluso disfrazados con técnicas y palabras engañosas; las jóvenes -que no se mandaban siempre a la escuela- eran las pastoras más frecuentes en vecera diaria entonces; pero habría que advertirles de los peligros de la mayada, que desconfiaran...

b) La versión de los pueblos vecinos: Tiós, Campomanes..

  • preocupan, en cambio, las aguas vertientes y los pastos limítrofes, en consecuencia; los que caen sobre los altos de sus pueblos;

  • se enfrentan, ahora, dos iguales, dos carneros, obstinados cada uno en demostrar quién era el dueño de la mayada, de la vecera...; aparece una ninfa para separarlos, pero acaba siendo arrastrada a la boca de la sima y despeñada;

  • supremacía de alguien en el litigio; tal vez, la propiedad de los pastos para el rebaño propio: o para los de Zurea (más al sur), o para los de Tiós y pueblos vecinos (más al este y al norte);

  • la víctima es ahora la ninfa inocente (no es cristiana, ni de un pueblo concreto), por mediar en la contienda de los dos carneros rivales; un ser mitológico, del que no se sabe el origen, no es de ningún pueblo; sería la justicia misma, la figura más objetiva, la que daría el veredicto de los pastos; el beneficiado es el conjunto de pueblos vecinos; y de los pastos de Brañavalera, Espinas...

  • el resultado: la prueba de las aguas -y los pastos consecuentes- estaba en que vertían para los vecinos de Tiós, hacia Campomanes y La Rasa; los pastos quedaban así asegurados; era lo que interesaba; La Fuente La Rasa, para unos; La Fuente'l Reúndu, para los de Zurea, suponía la prueba irrefutable en adelante; las dos partes aceptan las aguas vertientes; ahí ya no habría litigio;

  • el objetivo de la leyenda estaba cumplido para los vecinos más fonderos: el derecho de los ganados a las carbas altas, a la peña.

En resumen, de las dos leyendas se podría deducir que los pastos estaban dirimidos en acuerdo obligado por las aguas vertientes; los pastos ya eran indiscutibles. El problema estaba en la convivencia por las zonas comunes, las indivisas, las de aguas indecisas, las de esas zonas a medias que habían de compartir; o por las mismas cabanas que ocuparían espacios próximos, comunales; como las fuentes, los caminos, los miriaeros...

Custodiadas las Xanas por el monstruo de las siete cabezas hasta que fueran desencantadas, equivaldría a decir que los pastos, en adelante, iban a quedar como decía la leyenda. Por ello, las jóvenes tendrían que aprender a no caer nunca en las artes, los engaños, en las garras de los otros monstruos de la peña. En todo caso, monstruos los unos y los otros en torno a la Pena y al Pozu Chago.

El valor literario, etnográfico, etnopaisajístico, de una sencilla voz oral tan milenaria

En fin, dos leyendas de un mismo escenario compartido, pero con dos perspectivas según la mirada de quien contempla y narra desde su fastera. Sirva el detalle de las dos fuentes destino de los corales: La Fuente'l Reúndu, para los de Zurea y parte de los vecinos (Tiós, Campomanes...); La Fuente La Rasa, para los de La Vega'l Rey, La Vega'l Ciegu...

Las dos fuentes, conservadas hoy con agua, en parte -a pesar de tantos desguaces y obras sin adecuados proyectos previos- simbolizan todo un paisaje literario en la vivencia de sus lugareños correspondientes por las distintas las laderas de una misma peña: todo un entramado de relatos sin más diferencias que el color del cristal lugareño -etnográfico, que dicen los más técnicos- con el que mira cada retina.

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