Costumbres, tradición, gastronomía, trabajos rurales, vida vaqueira, saber popular
por Xulio Concepción Suárez

Lengua e incesto
por Juan José Millás
(en www.elpais.com)

“Según algunas estadísticas, el 60% de los idiomas del mundo está en trance de desaparecer. Últimamente todo está en trance de extinción. Cada 20 minutos, por ejemplo, desaparece una especie animal y empeora la calidad del esperma de las que van quedando. Del 40% de los idiomas que no corren ningún peligro, el principal en nuestro ámbito es el inglés, que la mayoría de las personas habla de un modo aproximado, y no para preguntarse precisamente quiénes son, adónde van o de dónde vienen, que es para lo que lo utilizaba Shakespeare, sino para averiguar dónde está el cuarto de baño.

 Hay gente que se las arregla con un vocabulario de 70 u 80 palabras, lo que para el pensamiento es tan peligroso como para la biología que nos manejáramos con un esperma que no contuviera más de 70 u 80 espermatozoides...

La vigencia del inglés, que va más allá de lo que antes se entendía por una lengua franca, ¿significa una vuelta atrás? Quizá sí. Este panorama remite a los procesos de implosión, de encogimiento, de regreso a los orígenes, a la muerte. ¿Acaso no vivimos en sociedades muy incestuosas en el sentido de que son muy tolerantes con lo que no deberían serlo y muy prohibitivas en asuntos banales? ¿No queda esto perfectamente metaforizado en el regreso a un idioma global que apenas sirve para averiguar la hora?

La naturaleza tiende al policultivo porque gracias a él, cuando se produce una epidemia, sólo muere la especie afectada. En el monocultivo, un invento específicamente humano, cuando hay una epidemia todo el terreno queda baldío. El monocultivo en el mundo vegetal ha sido bueno para la alimentación. Pero el monocultivo, en lo que a las lenguas se refiere, podría ser un desastre. Da lugar a ese fenómeno que llamamos pensamiento único.

La globalización, entendida como homogeneización, es la muerte. Los bancos de esperma, cada vez más solicitados, reciben sobre todo peticiones de material genético cuyos donantes tengan los ojos azules, 1,80 de altura y pelo rubio. La globalización, también en lo que a la genética se refiere, se está traduciendo en una forma de estandarización escalofriante. En unos años, si esta demanda se consolida, la humanidad podrá disfrutar no sólo de un pensamiento único, sino de una uniformidad física total...

Me gusta decir que la lengua es un órgano de la visión porque cuando voy al campo yo solo, y dada mi ignorancia en asuntos relacionados con la naturaleza, apenas veo árboles, pero cuando voy con un amigo experto, además de árboles, veo acacias y chopos y pinos y fresnos y álamos y castañales y robles. La reducción del lenguaje estrecha el campo de la visión y reduce el del pensamiento. Una sociedad que habla mal o que escribe mal no puede pensar bien, aunque tenga los ojos azules y mida 1,80.

Digo esto porque, además del triunfo inesperado del esperanto y de la pérdida diaria de alguna lengua, uno tiene la impresión de que del mismo modo que cada vez hay menos clases de escarabajos, cada vez se utilizan menos palabras en los idiomas que sobreviven a esta extinción desoladora. Cada palabra que se cae del vocabulario, como cada lengua que se pierde, equivale a la pérdida de una pieza dental. Con esas piezas dentales que llamamos palabras masticamos la realidad para digerirla y comprenderla. Los tractores que esquilmaron impunemente la Amazonía no sólo acabaron con un ecosistema, sino con multitud de lenguas a través de cuya óptica se comprendía la necesidad de mantener intacta esa reserva.

Quizá deberíamos comenzar a mostrar en relación a las palabras y a los idiomas la misma preocupación que mostramos por las especies animales o vegetales. Hace falta la aparición de un activismo en relación a la lengua y a las lenguas, especialmente en un momento en el que la globalización se está mostrando incompatible con el mantenimiento de la identidad lingüística, de las identidades lingüísticas. Si las lenguas sólo sirvieran para averiguar dónde está el baño, nos daría lo mismo. Pero preferiríamos que las generaciones del futuro las utilizaran para algo más”.

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