Costumbres, tradición, gastronomía, trabajos rurales, vida vaqueira, saber popular

 

"... eso de 'camino' es un concepto vulgar tomado de la vida cotidiana. Ahora bien, alguien habrá de ocuparse de lo cotidiano que es la base de todo lo demás, incluido el hecho de hacer ciencia" (Carlos Baliña)

Entre la Meseta y el mar,
siempre por los caminos de Lena

Extracto de la charla
pronunciada en la Casa de Cultura
de La Pola (Lena),
organizada por la Asociación Vindonnus,
Xulio Concepción Suárez.
19 de Ochobre
, 2017
(publicación del texto completo
en la Revista Vindonnus)
.

Palabras previas

Desde remotos tiempos preindoeuropeos, sucesivos pobladores hubieron de cruzar estas montañas, como trazado más directo entre las llanuras de la Meseta y los acantilados del mar; o entre los rellanos más apacibles de las costas cántabras y la rasa costera más extensa, camino de las tierras galaicas paralelas al mar; siempre buscando destinos sin explotar; nuevos productos, minerales, espacios más adecuados para cazar, pescar, recolectar o cultivar.

En todo caso, aquellos pasos lejanos por la geografía regional se hubieron de transformar, con el trasiego milenario, en sendas más o menos difusas, hasta llegar a caminos más frecuentados por personas y ganados, hoy traducidos a pistas todoterreno o a carreteras asfaltadas sobre unas mismas sendas milenarias.

En consecuencia, el lenguaje toponímico documenta sobre el terreno todo aquel flujo de culturas remotas por estas montañas a medias entre las cuencas del río Aller, Lena, Güerna,  Naredo y río Muñón, no por casualidad, todos ellos con nombres prerromanos.

El uso léxico ganadero lo sigue confirmando hoy mismo en los pueblos con vaqueros de media edad, portadores de toda una memoria trashumante, que, en parte, se va también de estas montañas de forma irremediable. No obstante, con las nuevas tecnologías, estudiantes, montañeros respetuosos con las palabras y con el medio, siempre estaremos un poco a tiempo.

Nunca podremos olvidar al pastor leonés, Amador (el fíu de Zequiel), más conocido por el restaurante donde trabajó, y tanto animó con su presencia tan simbólica, hasta fechas bien recientes. Con Amador se fue para siempre aquella fluida y preclara memoria, que a él bien prestaba asoleyar cuando le traías a la mente sus años de zagal, tras los pasos trashumantes de su padre Zequiel por cañadas y cordeles entre Villamanín y los pastos extremeños del invierno, a poco de entrar el otoño en estas montañas.

Entre los vecinos y vecinas muchos otros caminos fuimos recorriendo y anotando con sus nombres respectivos: cada uno con su función y cuidados de antaño; hoy, entre las malezas algunos.

Larga lista con nombres evidentes: La Senda las Merinas (entre El Meicín y Torrebarrio); El Camín de la Prestación (por el Cordal de Muñón – Riosa, entre Uxo y La Cobertoria); El Camín de los Panaeros; El Camín de la Maera. Valgrande a Viadangos. El Camín Sacramental. El Camín de los Curas. El Camín de la Señorita. La Senda los Segaores. El Camín de l’Estraperlo. El Camín Francés (tramo de castañeru entre La Cruz y Reconcos); El Camín a Quirós por La Caleya; El Camín a Riosa por Muñón... Veamos algunos ejemplos.

Desde el puerto de los altos a la puerta de los valles: entre portum y ustium

En todo caso, con el trazado de los caminos se deduce una primera anotación paisajística: desde la Meseta Castellana, los caminos se adentraban por los pasos más estrechos de las cumbres, de donde la voz ya indoeuropea, *per- (‘conducir, llevar’); *por- (‘viaje, pasaje’); traducido al lat. portum (‘abertura, paso, puerto’). Y, ya desde los altos, iban descendiendo a los valles, cuando las laderas lo permitían; sobre todo, cuando había que cruzar los ríos mayores (Lena y Aller, en este caso).

Así se fue abriendo más espacioso el paso por Uxo (Ujo), en realidad, indoeuropeo, *os- (‘boca’); latín, ostium, ustium (puerta, entrada’); puerta (en femenino), frente a puerto, pues en Uxo coincidían todos los caminos que descendían de los altos, no sólo lenenses, sino también alleranos: caminos por El Alto Riosa, Alto de Vegará, Alto de Sanisidro...

En Santa Cruz de Ujo se juntaban todas las direcciones precedentes, para continuar más uniformes, valle del río abajo, hasta Mieres del Camino (nombre evidente): el camino ya mayor, más organizado y espacioso, en dirección al mar por Olloniego, El Portalgo (el puerto de control) y San Esteban de las Cruces (otra encrucijada que bien lleva el nombre a las puertas del mismo Uviéu).

“... se procure estén siempre
bien reparados los caminos
que salen para Castilla,
por ser los más necesarios
para el comercio universal
de este Principado”.

(Ordenanzas Municipales
de 1494 y 1659)

(sigue el desarrollo completo
de la charla -unas 20 páginas-,
que publicará la Revista Vindonnus
).

Reflexión final

Un AVE, botón de muestra

Que los caminos son proyectos siempre en marcha hacia el futuro es hecho consumado, lo mismo entre los ganados que entre los mismos humanos tras sus estrategias y pasos de unos territorios a otros. Otra cosa es la gestión que de ellos se haga: los animales los trazaban por los parajes más rentables, por los más cortos, pero por los más seguros. Y si había que dar algunos rodeos para salvar el pellejo, merodeaban.

Incluso, los mismos humanos se oponen en ocasiones a estos proyectos. Resulta relevante el caso de los vecinos de Oviedo que en 1881 promueven una gran manifestación contra la inminente apertura del ferrocarril entre Fierros y Busdongo por el túnel de La Perruca: así, desde la plaza La Escandalera se dirigen al Ayuntamiento con gran alboroto, para manifestarlo al Alcalde

Todo ello dio lugar a que algunos interpretaran el escándalo como origen del topónimo, aunque la etimología sea más bien otra: la escandula, la escanda, que se vendía fuera del recinto de la ciudad amurallada; la plaza paralela de los campesinos que querían evitar los impuestos. El nombre tiene que ser muy anterior a sucesos tan recientes: simple reinterpretación popular.

Pero, si los animales trazan sus caminos sin intereses partidistas por el medio, los humanos, en cambio, pueden hacerlos hoy por otros exclusivamente económicos, familiares, de gremio...

El trazado del AVE –ya denunciado el Defensor del Pueblo hace una década- es el botón de muestra, con todos sus destrozos innecesarios: manantiales desaparecidos, contaminación de ríos, escombreras esparramadas por las mejores irías y cortinales del conceyu (todo evitable, si se hubiera hecho un proyecto sin manipular y con la normativa medioambiental vigente).

Un túnel hacía falta, era indudable para estos tiempos hipercomunicados: ya resultaba imprescindible con más de siglo y pico de aquellos otros (unos 80) tan impecablemente construidos, pero con demasiadas vueltas y revueltas hacia Busdongo. Ahora bien, los destrozos interesados (prevaricados) del Güerna se hubieran evitado por el Payares: bajo las pizarras del Ceyón y Tresconceyos no hay acuíferos, como bajo Sobrolagua y Las Ubiñas.

No se escuchó ni a los mismos ferroviarios que ya lo habían planteados allá por los años cincuenta del siglo pasado (aún viven varios). Ni se escuchó a los vecinos de los pueblos, a los ganaderos, a los técnicos más objetivos y desinteresados, fuera del amagüestu.

Un progreso, siempre controlado a la medida de unos pocos

Pero el dato, más allá de la pura etimología, es relevante: los caminos nuevos son considerados por los estamentos privilegiados como un peligro de progreso en mengua de sus intereses individuales establecidos. En este caso, quienes protestaban eran, según parece, los comerciantes, los arrieros, los venteros, los mesoneros, los carreteros, los teleros, los peleteros, los molineros...

Y toda una serie de gremios organizados, mucho más allá, y al margen de los campesinos productores, porque veían un peligro grande en los raíles infinitos de un tren: que empezaran a llegar los productos de fuera, las comunicaciones más rápidas..., al tiempo que iban arrinconando los productos locales que ellos manejaban a capricho; y toda una organización de transporte con caballerías, mulas, bueyes, carros, carretas, xarrés..., que en breve plazo iría quedando amarrada a sus cuadras y en desuso. El proyecto de unos raíles infinitos terminaba con toda aquella red de privilegios organizados.

Los caminos de las montañas, bastante más allá de fronteras, intereses localistas, barreras

Y así ocurrió, ciertamente: por las vías del Payares (ingente obra artesanal con las precarias tecnologías entonces) se fueron introduciendo productos de todo tipo que fueron sustituyendo, mejorando, o conviviendo con los que producía la región. El lenguaje toponímico asturiano nos dejó el documento de aquel mosaico de productos hoy reducido a nombres de lugar: Las Viñas, Viñamayor, La Viñuelas, La Parra, Linares, Tsinares, Las Tsinariegas, Triguera, El Centenal, El Lentiyal, El Garbanzal...

Y tantos otros en la memoria de los mayores que nos aseguran la producción autóctona en los pueblos: uvas, vino, lino, trigo, lentejas, garbanzos... Por precaria que fuera, no había otra.

Es evidente que, de momento, aquellos gremios interesados en controlar también ellos las barreras de las montañas y los filatos no tenían prevista la otra cara de la moneda: la exportación de sus productos, la mejora de sus instrumentos de trabajo, la nueva industria del transporte...

O la simple salida y entrada libre de sus propios habitantes. Por ejemplo, el progreso de la emigración: la reducida y escarpada geografía regional no soportaba el exceso de población.

Aprender a leyer y a escribir, también sobre caminos nuevos

Con un último detalle: la importancia de los caminos como símbolo de los cambios en cualquier tiempo. Por ejemplo, todo un libro se podría escribir sobre el desarrollo de la lectura y la escritura con motivo de la emigración.

La voz oral recuerda aquella recomendación de las güelas y los güelos a los nietos: “tenéis que aprender a leyer y a escribir paque, cuando tengáis que marchar pa fuera, podiáis mandamos una carta de vez en cuando”. Muchas versiones del detalle, algunas registradas por escrito incluso. En fin, hasta l’abecedario se fue haciendo universal sobre los aquellos primeros raíles de un tren.

Muchos caminos milenarios se fueron haciendo paso entre las montañas de Lena, para abrir el mar a la Meseta, y traer, al tiempo, la inmensidad de las distancias a estos valles más profundos y demasiado aislados tantas veces.

Así llegó El Camín del Tranvía (uso ganadero): El Camín de Fierro (uso ferroviario), las vías del tren. Hasta el camín del cemento –que podríamos decir-, los sintéticos: el famoso AVE, sin alas a la vista todavía. Esperemos que algún día eche a volar sobre un valle innecesariamente transformado (destruido, en buena parte).

El camino, un túnel más rápido, buena falta que hacía; pero habría que haberlo pensado mejor: sin tantos intereses y prevaricaciones por el medio. Por el Payares, como fue siempre el tren, los daños medioambientales se hubieran reducido. Esperemos los irresponsables hayan aprendido esa triste lección que estamos ya estamos pagando todos: lenenses, leoneses, asturianos...

Todos incluidos con los impuestos. Hasta los vecinos pueblos leoneses, sus ganados..., se quedaron sin agua de forma tan irresponsable como injusta con ellos. Muy deficiente la nota: muchos y muchas necesitan mejorar en aprendizajes medioambientales, entre otros. A la vista y al oído está.

Xulio Concepción Suárez

Páxina web de la Asociación Vindonnus

Ver oficios artesanos (I):
los oficios por los pueblos asturianos

Ver oficios artesanos II:
algunos paisanos y paisanas de Lena

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